La imagen de Dios debería ser la de una vaca con unas gigantescas ubres de las que quieren mamar millones de becerros, salpicados sus pelajes de excrementos. Está bien, a Alá que lo representen con una cabra: idénticas tetas, idéntico número de reses, igual de sucias.
Solo que en vez de mugir, balan. ¿Sí?
Pues pasemos a la canción del cinco que en el culo te la hinco (era necesaria esta ordinariez para que algunos sonrían, los asuntos de dioses suelen crear llagas. Todos sonríen cuando aparece la palabra culo o pedo).
Esto de distinguir a las reses, son pequeños detalles que en un cerebro que funcione medianamente bien, sería innecesario; pero no me fío de la funcionalidad sináptica de los adocenados, crédulos, fanáticos y talibanes.
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La imagen de Dios
Publicado: 7 febrero, 2015 en Humor, Lecturas, ReflexionesEtiquetas:humor, Iconoclasta, Pablo López Albadalejo, Reflexiones de Iconoclasta, Ultrajant
Tiempos mejores
Publicado: 7 febrero, 2015 en Humor, Lecturas, ReflexionesEtiquetas:humor, Iconoclasta, Pablo López Albadalejo, Reflexiones de Iconoclasta, Ultrajant
«Cualquier tiempo pasado fue mejor», debería usarse como sarcasmo o ironía para poner de manifiesto la imbecilidad de asaz gente.
Porque los hay que se lo creen de verdad. La envidia y la decepción de ver lo que son y han hecho tras el paso de los años, les lleva consolarse con semejante vulgaridad.
El egoísmo y la vanidad se hacen más fuertes y virulentos con el paso del tiempo. Y la envidia hacia los más jóvenes llega a convertirse en una ira enfermiza y oculta.
Nada nuevo bajo el sol, porque con esto de los tiempos pasa como con el sexo: se eternizan prejuicios, ignorancias, envidias y vanidades generación tras generación.
Cualquier tiempo pasado fue peor: había más ignorancia, miedo, pobreza y la peña se reproducía demasiado y con poca calidad.
Como ejemplo vosotros y vuestro pasado mejor, miraos bien en el espejo, idiotas.
Genialidad y perfección, en Binibook
Publicado: 7 febrero, 2015 en LecturasEtiquetas:binibook, descargas, escritor, lecturas, literatura, Pablo López Albadalejo, Relatos de Iconoclasta, Ultrajant
Hostilidad
Publicado: 6 febrero, 2015 en Absurdo, Lecturas, ReflexionesEtiquetas:humor, Iconoclasta, Pablo López Albadalejo, Reflexiones de Iconoclasta, Ultrajant
En ocasiones me siento hostil y habrá alguna razón que no puedo concretar. Tal vez una música, un olor, un frío, un no estar…. Pero no es un recuerdo, porque los recuerdos puedo enfocarlos nítidamente, enumerarlos, clasificarlos y arrancarles la cabeza.
Algo hiede a podrido en Dinamarca y solo puedo concluir que el mundo y yo no acabamos de entendernos bien.
Cosa que no consigue aplacar esa hostilidad milenaria que sale de lo más primitivo de mí.
La locura alimenta más locura. Esto acabará algún día, lo sé. Es la impaciencia…
Cumple años Daisy Marie
Publicado: 6 febrero, 2015 en Humor, Lecturas, ReflexionesEtiquetas:humor, Iconoclasta, Pablo López Albadalejo, Reflexiones de Iconoclasta, Ultrajant
Indiferencia o cáncer del alma
Publicado: 6 febrero, 2015 en ReflexionesEtiquetas:aburrimiento, cansancio, hastío, Iconoclasta, indiferencia, Pablo López Albadalejo, prosa dramática, Reflexiones, Ultrajant
Que mueras no tendría demasiada emotividad en mí. Tal vez una escueta sonrisa de satisfacción, no más.
Es que eres tan poco importante, que si vives o mueres, no consigo sentir nada. No causa emoción alguna en mí tu estado.
No servías ni de adorno. Aquel tiempo contigo fue tan insulso y árido, que no dejó lugar para la añoranza. Arrasaste lo que fue y lo que pudo ser y yo aprendí que no importaba. Que solo era cuestión de esperar pacientemente salir de ese pozo de hastío que era la vida contigo.
Me acuerdo de ese sol que mataba el deseo de caminar y las largas horas muertas compartiendo espacio contigo. Esa sensación de vacío y de pérdida de tiempo que solo se aplacaba cuando por fin te ibas a trabajar… Qué descanso…
Me acuerdo de libros y películas que vi solo; pero no tengo un recuerdo definido de haber estado contigo en algún buen momento o lugar. La vanidad no es compañía, es un persistente desagrado.
Es razonable, que si vives, mueres o te haces millonaria, no me interese.
De hecho, no lo sabré.
El aburrimiento que producías destruyó cualquier interés pasado y futuro, si lo hubo.
Si salió algo interesante de aquellos años, han sido estas palabras trascendentes solo para mí. Y esta indiferencia que me preocupa en cuanto a que pudiera no ser humana, o una lesión, o un tumor cerebral…
Menos mal que retrospectivamente el tiempo pasó volando.
Porque podría ser peor: estar aún cerca de ti.
Iconoclasta
El árbol humano, una novela de Iconoclasta
Publicado: 5 febrero, 2015 en Libros, TerrorEtiquetas:arte, árboles, El árbol humano, fantasía, hombres, Iconoclasta, literatura, novela, Pablo López Albadalejo, soledad, terror, Ultrajant
«La soledad es su naturaleza, o una parte de ella. Porque su otra naturaleza se marchita de pena entre savia y fibras que no acaba de asimilar como suyas.
Las noches son el descanso de los árboles, la fotosíntesis es agotadora.
El vegetal se retira y da paso al hombre.
Al hombre más solo del mundo.» (Iconoclasta)
Para leer en:
http://issuu.com/alfilo15/docs/el___rbol_humano_libro
y
http://binibook.com/details.php?id=1656
Tarjetitas de la sabiduría de Iconoclasta «touch»
Publicado: 5 febrero, 2015 en Humor, Lecturas, Manuscritos, ReflexionesEtiquetas:humor, Iconoclasta, lecturas, manuscritos, obsequio, Pablo López Albadalejo, provocación, Reflexiones, Tarjetitas de la sabiduría de Iconoclasta, Ultrajant
Las Tarjetitas de la sabiduría de Iconoclasta ya no son virtuales. Ya se pueden tocar, doblar, usar como papel higiénico de emergencia, etc…
Genialidad y perfección
Publicado: 5 febrero, 2015 en AbsurdoEtiquetas:absurdo, genio, humor, Iconoclasta, ingenio, literatura, Pablo López Albadalejo, sexo, soledad, Ultrajant, vulgaridad
Hay destellos de genialidad que supuran tinta por cada uno los poros de mi piel. Se me da bien, escribir y amarme a mí mismo como a mí mismo.
Ser vanidoso, vulgar, simple y además tener gracia, requiere años de esfuerzo y tener muy buen riego sanguíneo para que, a pesar de la influencia humana, la erección sea posible.
Eso de amarse los unos a los otros es un producto de la descomposición del cerebro, imagino que primero se pudren los sesos y luego los pies; por eso se dicen tonterías al morir y luego los pies se agitan espasmódicamente en último lugar, como si dijeran: No le hagáis caso, está loco.
Aunque cuando me masturbo, no pienso en mí mismo, hay mujeres realmente deseables que provocan la contracción de mis testículos que se ponen duros como canicas.
No soy tan egoísta con el sexo como lo soy en mi faceta de escritor, tal vez sea porque el pene es mi parte más humana. Decir sensible sería caer en lo obvio.
(Aunque desearla es obvio, y no puedo evitar decirlo.)
Las mujeres suelen arañarme bien en la cabeza si está entre sus piernas, bien en mi poderoso pecho cuando me cabalgan. Soy perezoso.
(Me metería entero dentro de ella, aunque muriera asfixiado.)
Y nadie te araña si no te desea, nadie te clava las uñas si no está muy, muy, muy, muy excitada. La pornografía también tiene sus profundos mensajes.
Es una entelequia eso de estar en pleno coito y soltar algún poema. Bastante trabajo da respirar como para ponerse a declamar alguna poesía que ni caso me va a hacer la mujer cuyos pechos se agitan como flanes con ese «dale que te pego». Cuando estoy en plena sesión de sexo sudoroso, jamás digo un «te amo», y menos si estoy haciendo un cunillingus; para llegar al orgasmo no puedes detenerte para oler flores urticantes por el camino. Eso que lo haga Caperucita Roja.
(Le digo cosas de amor cuando duerme, para que no interrumpa este torrente de ansia que me provoca, para que no sepa que soy esclavo y débil ante ella.)
Hay cosas que no es necesario que me las diga nadie, la certeza de mi perfección me basta. Se requiere mucho desprecio cultivado durante años para llegar a mi nivel de absoluta indolencia ante el dolor de los seres humanos.
De tal grado es mi indolencia, que cuando la peña ve un partido de fútbol, le doy patadas a la antena para joderles la transmisión. El diablo me observa con recelo, porque no entiende como un humano puede ser tan malvado.
(Es una pena que algo tan perfecto, equilibrado y consecuente con sus ideales y acciones sea una mentira más. El diablo debería existir y ser presidente del planeta.)
Padre y madre murieron sabiendo que hicieron una obra maestra conmigo.
Podría vivir solo en cualquier rincón del mundo y no sentir jamás la necesidad de tener a nadie cerca, más que un par de indígenas con los tendones de Aquiles cortados y sus montes de Venus rasurados (me repele ver vello por doquier) para realizar las tareas domésticas y las otras.
Mi poderosa imaginación no me da descanso, puede ser atronadora.
Soy único y trascendente, no existe ley, ni justicia que pueda juzgarme o guiarme.
Lo que pienso lo escribo y mi mano no se queja jamás, es inmune a principio o moralidad alguna.
Una vez me dijeron que lo mío jamás sería escribir. Y pensé que inventaría otras formas, otras ofensas, otros miedos, otros ascos, otras miserias. Y sin estar borracho.
Soy un extraño para los humanos.
Es mi condena, soy un error de la madre mediocridad y mi vida pasa lenta en esta prisión. Me diferencio de los presos en que no llevo la cuenta del tiempo que llevo encerrado, principalmente porque no tengo deseo alguno de salir.
Y si uno de esos presos calientes y ambiguos con complejo de «amaros los unos a los otros» (lo correcto sería las unas a los otros) se me acerca con ganas de sodomizarme, le arranco los pulmones con una cuchara a la que le he sacado filo con una piedra de tungsteno y vanadio que pedí por catálogo desde la biblioteca de la prisión.
Aún así, a pesar del hartazgo y hastío de encontrarme en un mundo tan escaso de inteligencia e interés, no reniego de mi perfección. Parecerá tonto decirlo, pero es que hay humanos que van de humildes y pueden alegar que les gustaría ser «iguales», y bañarse desnudos en una playa llena de medusas en comunión con el resto de seres vivos que evidentemente son inferiores a ellos. Toda esa mierda que se dice para no cargar con la pesada losa de sentirse solos y aislados y poder ser aceptados por las comunidades gays y lesbianas, y así participar en una marcha de las putas con un calzón de piel de leopardo con una graciosa cola cosida en el culo.
Me lleva la chingada (en mexicano en el original).
Cuido y acreciento mi soledad, y si fuera necesario, puedo hacer un agujero en la tierra.
Hay arenales realmente apetecibles.
No necesito más que una mesa, una silla y mi colección de papeles y libretas para viajar a otra galaxia y crear lo que quiero y necesito.
Que se metan el ordenador y el teléfono por el culo, yo no escribo pensamientos virtuales, todo ha de quedar en el papel para que sea tangible y cuantificable. Quiero que mi pensamiento tenga las tres dimensiones, como las tablas de los diez mandamientos que Moisés estuvo cincelando durante cincuenta años para nada, para que al final aquellos idiotas acabaran haciéndole un agujero al vellocino en los cuartos traseros.
Además, el papel es combustible y si hace fresquito siempre puedo encender una hoguera.
Esas pantallas que simulan un leño ardiendo, son aborrecibles y adocenadas para mi alma sensible con ansias de libertad.
No puedes darle a un león un canapé de salmón ahumado con una montañita de caviar encima y que te dé las gracias educado él.
A la mierda, ya he divagado bastante.
Buen sexo.
Dudas y amor
Publicado: 4 febrero, 2015 en Conclusiones, Humor, Lecturas, ReflexionesEtiquetas:humor, Iconoclasta, Pablo López Albadalejo, Reflexiones de Iconoclasta, Ultrajant
En el amor no existen los problemas, solo las dudas. Y una duda es lo que lo mata.
Eliminas el amor, se despeja la duda y la percepción del problema desaparece.
De cualquier forma, ese «amor» estaba condenado. Y si eres ya un poco adulto, una duda tan solo es el consuelo torpe de una certeza.
Tal vez la peña necesita dudas para entretenerse ante la falta del hábito de lectura u otras inquietudes intelectuales y se castiga vacilando mucho tiempo. Es razonable, le da interés a sus vidas, las hace más importantes (a ellos mismos) y crea temas de conversación y con ello, amistades.
Soy demasiado simple, el suspense y el misterio me gusta en las películas y en los libros, justamente lo que me distrae junto con mi libreta y mi pluma realmente cara. También soy materialista, cosa que va bien para eliminar dudas.
Soy más de aquello de: muerto el perro se acabó la rabia.
Y como dice el anuncio de mastercard: para todo lo demás, están las putas.
El mundo se divide entre lo higiénico y lo sucio, sin duda alguna.
Soy fumador y me toca lo sucio. No voy a dejar de fumar por eso.









