Archivos para marzo, 2014

Diálogo con Yomismo

Tarjetita de mi sabiduría. Como una galleta de la suerte, pero con inteligencia e ingenio.

No es agradable, pero el contraste es hipnótico. El dolor y el miedo tienen más fuerza que el placer y la alegría. Son inmisericordes.
(Fotograma de Desde mi cielo)

 

Una pulsera que no está donde debiera. Una sangre que tampoco está donde debería. No es un final feliz. Y tampoco hay ambigüedad alguna. La muerte y el dolor son contundentes y directos.
(Fotograma de Desde mi cielo)

Ayer, mientras con un palillo me limpiaba la porquería de las uñas, pensé en Dios, miré el crucifijo invertido que decora el salón y pensé también en la primera comunión y en el primer coño que sobé.
Y todo estaba bien.
Y me di cuenta de lo poderoso que es mi cerebro, su capacidad para pensar en estereofónico o varios canales.
Luego me dieron ganas de mear.
Soy profundo.

A veces mierda y maldad no se diferencian y ensucian el agua de la misma putrefacta forma. Lo mismo que tienen en el intestino, tienen en la piel y dentro del cráneo. (Fotograma de Desde mi cielo)

Inconsciente

 
 

La sangre y la suciedad siempre hacen una buena combinación cromática. Como si ambas cosas fueran de la mano. La sangre derramada nunca sirve de nada, al menos para quien la derrama.

(Fotograma de la peli: Desde mi cielo)

Las Tarjetitas de la sabiduría de Iconoclasta ya no son virtuales. Ya se pueden tocar, doblar, usar como papel higiénico de emergencia, etc…

Tarjetitas de la sabiduría de Iconoclasta
Tarjetitas de la sabiduría de Iconoclasta
Tarjetitas de la sabiduría de Iconoclasta

—Hola Yomismo. ¿Qué haces ahí fumando en la penumbra?
—Me he dado un baño de vapor, estoy cansado para soportar el peso de la luz. También me he dado un baño de ridículo.
—Nunca aprenderemos; pero es normal, estamos cansados Yomismo.
— ¿Tú también eres Yomismo?
—Nos confundimos como se confunden en las caricaturas Robert de Niro, Al Pacino, Dustin Hoffman y Jack Nicholson.
—No me hagas reír, estoy jodidamente cansado.
—Pues riamos y fumemos en la penumbra, nadie nos verá reír tan ridículamente.
—Me gusta sudar…
—Y no nos gusta el jabón.
—Somos unos cerdos.
—Unos cerdos cansados.
—Sí que lo estoy (cansado).
—Ya se acabó, unos días más y morimos.
—Ojalá no volvamos a hacer el ridículo antes de morir. Tenemos que vigilarnos mutuamente. ¿Quién de nosotros dos habla ahora, Yomismo?
—Da igual… Morir con una paranoia te garantiza una entrada al cielo de los escritores más patéticos. Es bueno, ridículo, pero interesante.
—Estoy realmente cansado, Yomismo.
—Tranquilo Yomismo. Ya no importa lo que pase, importa que acabe.
— ¡Qué acabe, por favor! Cansa vivir tanto. Más de medio siglo hace mierda las cervicales.
— ¡Venga, otro baño de vapor a tope de fuerza! Si tenemos suerte, ese corazón miserable que va a su puta bola y no le importamos, fallará.
—Y acabará, Yomismo, por fin descansaremos.
—No hace falta jabón.
—No me hagas reír, estoy cansado de veras.
—Nos vamos, ponte en pie, esto se acaba por fin.
—Hasta que se caiga la piel.
—Así será, como serpientes…
—A descansar, Yomismo.
—Igualmente, Yomismo.
—Yomismo…
—Dime.
— ¿No podríamos cerrar un poco la salida de vapor? Se nos está pegando la lengua al paladar.
—Muy gracioso…

Iconoclasta