La fuerza de la belleza

Se abren explotando de color y vida cuando el invierno se muere. Y apenas entra la primavera se marchitan.
Qué valientes las pequeñas flores que no lloran por una corta vida.
Qué fuerte es la belleza que revienta de matices cromáticos y táctiles; y se extingue sin un gemido. Como si morir tras nacer no fuera triste, no doliera.
Y observo mi reflejo en la luna de un coche y concluyo que los seres feos y tullidos vivimos demasiado tiempo con nuestra condena. Con nuestro castigo por nada.
Tal vez existo para que las cosas bellas tengan importancia a través de mi podredumbre.
Bueno, no puedo hacer nada por remediarlo. Es tarde para ello si alguna vez fue posible.
Enciendo un cigarrillo y me despido de ellas: Hermosa vida, pequeñas. Lo hacéis bien.

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