Esas pequeñas alegrías

Existen mañanas que contra todo pronóstico, se convierten en gloriosas.
Puede parecer una vulgaridad; pero no lo es. Que ocurra algo como lo de hoy se da pocas veces en la vida.
Cuando se empieza un nuevo rollo de papel higiénico todo el mundo sabe lo angustioso que es el proceso de separar la primera vuelta pegada.
Tirar del filo de la hoja y que se desgarre hasta tres vueltas, obteniendo un irritante papel irregular, estrecho, muy estrecho y corto que en caso de llevarlo al culo, acabarán los dedos haciendo el trabajo del papel sin protección alguna.
Y hasta que se consigue obtener la medida correcta en toda su amplitud, el tiempo pasa y la mierda se seca. Es prácticamente la forma más nefasta y angustiosa de empezar el día.
Sin embargo, como decía no sé quién, porque no soy musicólogo (lo mío es más la física cuántica y esas cosas): “de vez en cuando la vida toma conmigo café”.
Et Voilà! La primera vuelta se desenrolla suave y entera, rápida y sorprendentemente.
Y siendo ateo, me limpio el culo dando gracias a Dios.
Es tanta la sorpresa y la alegría, que pienso que el papel está contaminado de Viagra, porque se me ha puesto dura.
¡Ah, esas pequeñas alegrías!
Esas que hacen de repente, una mañana, la vida maravillosa. Y por ellas vale la pena cagar.
Precioso.

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