Nada que lamentar

Con todos ustedes: el planeta en toda su dramática belleza.
Las ramas descarnadas del invierno se despiden triste y serenamente del día que agoniza y las nubes, se lucen presurosas y casi rabiosas antes de que ya nadie las pueda ver.
De alguna manera, las cosas y los seres nos fundimos entre luz y oscuridad sin drama alguno. Solo con la vanidad de existir en esta belleza.
Dan ganas de llorar un poco en la penumbra por el día que no existiré, ni la noche; para asistir al hermoso espectáculo planetario.
No es miedo, es una tristeza bella.
Nada que lamentar.

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