Si como yo, tienes suficiente tiempo que perder en estupideces; al observar la sucia balsa de un campo parece que ves medusas latiendo en una especie de caldo primigenio, esperando absorber tu alma para formar una conciencia genocida.
Incluso pasaría por la placenta de algún parásito extraterrestre.
Estoy seguro de que si meto la mano en ese agua ignominiosa, seré clonado y luego mi alter ego se dedicará a comer vísceras aún calientes de seres humanos desollados.
Todas esas cosas tan coloridas que alertan de la toxicidad no importan; porque llega el labriego o pastor, mete la mano y se refresca la cara sin ningún pudor.
Y además dirá que es de lo más sano con los mocos radiactivos adheridos a sus cejas y colgando de las orejas.
¡Ah, la gente del campo y su ingenuidad!
Seguro que hacen ricos cocidos con ese agua tan proteínica; los tradicionales, los de toda la vida.
A veces es todo tan absurdo, que no sé si soy yo, o soy el personaje de una mala película de ciencia ficción.

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