Siguen los tiempos oscuros donde cualquier sujeto está autorizado para escribir una noticia o reseña de arte, independientemente de su nivel cultural, intelectual o incluso si es un moralista mojigato.
Lo del cuadro “El origen del mundo”, no es un vientre (aunque lo haya) es un primer plano de una vagina, un coño peludo.
El “periodista” de La Vanguardia debería ir a un psicólogo por su problema de moralina vieja, a un oftalmólogo por si tuviera un defecto en la vista; y sobre todo aprender un poco de cultura para expresarse con corrección y sin prejuicios moralistas.
Los censores están presentes hasta en los más intrascendentes lugares y momentos de la vida.
Son como las pulgas o las chinches. Algunos no matan; pero me provocan cierto prurito testicular que hace que me mueva incómodo en la silla acariciando distraídamente mis huevos cansados.
Por lo visto, todos los tiempos son una mierda.

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