La mano se quedó vacía de repente. Se le ha robado lo que amaba, la calidez y el suave pelaje de la tierna vida.
¡Por favor! Ahora no sabe donde posarse.
Y le es imposible encontrar y sacar eso que oprime el corazón, está demasiado profundo.
La mano es solo una pobre mano desoladoramente vacía.
Y el corazón no consigue gestionar toda esa tristeza que le roba un latido, como si sorpresivamente a lo largo de las horas oscuras, la muerte lo pulsara con su negro dedo.

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