Los que gritan llorones clamando por sus derechos se equivocan cobardemente.
Los derechos no se piden, se ejercen.
Se menosprecia la violencia, la única virtud sincera y efectiva de los humanos. Por ella muchos aprendieron a leer y a escribir.
Y también dejaron de comer donde cagaban.
La sangre es la mejor y más eficaz manifestación de la libertad. Muchos mueren esperando pacíficamente. Gandhi no se mereció el nobel de la paz, se mereció el nobel al mejor actor por su gran labor para eternizar la miseria.

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