“Poco después de que mi hijo hubiera dominado la pesca con mosca artificial, me lo llevé en un largo viaje por la cadena montañosa de los Altyn Tagh, donde nace el Hassayampa. Pensé que el viaje le haría mucho bien. Era un poco afeminado… lloraba cuando su madre se negaba a hacerle buñuelos para el desayuno, y era un maestro del lloriqueo reprimido, fiándose de una combinación de sentimientos de encanto y sufrimiento para sonsacar las cosas que quería a sus mayores. Prefiere no luchar, aunque, como dice el proverbio, lo hará en cuanto se vea acorralado.”

“Asegurándose de que el barman no estaba mirando, ella se levantó la blusa y lanzó un golpe con el pecho izquierdo y a continuación otro rápido con el derecho, haciéndolos chocar entre sí. Las agresivas aureolas estaban ribeteadas por unos pocos pelos largos y negros. Sentí cómo se me endurecía el pene. Habíamos estado demasiado tiempo en los bosques.”

(Deporte sangriento, de Robert F. Jones)

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