Recuerdo que uno de los más graves problemas teológicos y morales que predicaba la sucia y mentirosa educación franquista en aquellas oscuras clases, era el remordimiento de conciencia. O sea, reconocer la culpabilidad de un mal acto y sentirse atormentado por haber faltado a las leyes divinas/civiles o a la moral de moda.
Puedo asegurar con total autoridad y rigor que no existe el remordimiento de conciencia, puesto que soy culpable (a ojos ajenos, claro) de muchas cosas y me siento orgulloso de ello.
Razón por la cual entiendo, que hasta el más hijoputa de los genocidas o asesinos en serie, deban ser decapitados porque cometerán sus faltas o pecados con la misma devoción con la que se masturban con las bragas sucias de su abuela como máscara.
Ese no es mi caso, mis “culpabilidades” (las que otros creen que lo son), me hacen más simpático, independiente, seguro de mí mismo, atractivo y sensual sin caer en el narcisismo.
Por otra parte, mi vasta cultura me convierte en un actor indispensable en esta sucia sociedad ignorante y deficiente intelectualmente.
¡Ah! Quien no haya visto Joker, que no se sienta mal, al final la verá quiera o no, como ocurre con las pelis de Shrek, Gru, Avatar o 2012.

N. del A.: Si vives en Barcelona, la verás con retardo porque la secta de los Ingenuos Independentistas Catalanes con toda probabilidad, ha hecho hogueras con sus propios excrementos ante las entradas de metros, restaurantes y cines. Lo único limpio son algunas tumbas intrascendentes de la mitología política catalana.

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