Archivos de la categoría ‘Amor cabrón’

Sin cerebro

Publicado: 24 noviembre, 2011 en Amor cabrón
Etiquetas:,

Si meto la mano entre sus piernas, consigo sacar la esencia de la vida, que es la de su coño, lo más profundo. Su viscosidad es lo que limpia mis manos de la basura que me infecta. Frotar mi bálano con mis manos empapadas de ella es un masaje cardíaco que me parte el podrido el corazón.

De su coño mana mi paz y mi descanso.

Mis pulmones se abrasan anegados de su cálida agua.

De su vagina mana el jugo que despierta mi hambre y provoca mi salvaje erección. Su vida líquida se desliza entre los pliegues de unos labios gruesos y da brillo al clítoris que es mi órgano de placer. Mi glande está sujeto a su puto centro del inhumano orgasmo.

Salvaje…

Hundo mis dedos en su coño y mi sangre abandona el cerebro. Se va directa a mi polla.

Donde quiero que esté.

Donde la necesito.

No quiero ni necesito sangre en mi cabeza cuando ella está.

Una polla en lugar de cerebro ¿por qué no? Mi puto cerebro no sirve para nada si ella no está, solo es una molestia durante la vigilia, un cine durante el sueño. Una película pornográfica de tres dimensiones donde no puedo respirar porque mi boca y mi nariz están tan metidos en su coño que me crecen agallas.

A veces pienso que eyacula, que de su vagina sale un esperma suave que me ciega los ojos. Bombeo en contra, bombeo dentro de ella para quedarme seco, para dejarle todo mi amor untado en lo más íntimo.

Tampoco necesito corazón, lo que bombea la sangre por mi cuerpo son sus dedos presionando mi pijo. “Hazme daño” le digo. Que maltrate mi puto cerebro, mi infecto pensamiento. Porque no soy nada ni quiero serlo. Soy la lefa que se desliza de su boca, simplemente.

Y clava sus uñas en las venas de mi pensamiento, en mi pene.

Soy una eyaculación que se queda prendida en sus muslos, como un escupitajo a la decencia. Un vómito de amor que se derrama entre su puño cerrado, que salpica su pelo.

Mi cerebro es mi polla, y está en su coño. No puedo saberlo cuando el orgasmo es una lanzadera a la mismísima cara del Sagrado Corazón que se supone está en el cielo.

Mi pensamiento imbécil está en el techo, o bajo tierra; o en un enorme vertedero de basura, no soy romántico. Mi anclaje a la realidad son mis dientes clavados en sus pezones duros y oscuros como la sangre de una menstruación.

No, no quiero cerebro, no quiero pensamiento.

Mi pensamiento gotea de mi pijo amoratado, mi cerebro está licuado en semen y deseo. No hay nada, ni ideas, ni frustraciones, ni ilusiones. No hay inteligencia, ni lógica. La moralidad radica en lo más profundo de su vagina. La ética está metida en su coño, ahí la buscaré. Solo existe en mí la firme voluntad de hundir mi pijo en ella y empalarla. Que pague caro el convertirme en un ser vacío.

Y el vacío duele por la veloz contracción de mis cojones impulsando un esperma hirviendo impactando en su coño.

Su coño derramando semen cuando se levanta da descanso a mi polla.

A mi cerebro.

Es lo mismo.

No necesito cerebro cuando mi polla la tiene ella.

Iconoclasta

Safe Creative #1111240587165

Castigando la lascivia

Publicado: 11 noviembre, 2011 en Amor cabrón
Etiquetas:,

Contiene entre las uñas la lujuria.

Busca un placer que nadie otorga y sus pechos están henchidos de la más dolorosa sed.

Ojalá mi glande fuera herido por sus uñas de negra laca, que mi pene sea aplastado y herniado por esos pechos heridos.

Que mi lengua de paz a sus pezones erizados de púas de lascivia.

Que mi semen sea la lujuria incontenida.

Que sus pechos maltratados formen el canal de la más incontenible lujuria blanca.

Oscuros pezones, blanco semen… Un damero pornográfico.

Iconoclasta

Safe Creative #1111080474120

Tentación

Publicado: 9 noviembre, 2011 en Amor cabrón
Etiquetas:,

 

No hay nada elegido al azar. Cada gen, cada trozo de piel y cada cabello han sido diseñados por algo o alguien no-humano con una concepción desmesurada y alienígena de la provocación.

Alguien la programó para que la tela negra que cubre sus pechos, resbalara por su piel y mis humanos ojos asistieran a un eterno discurrir del deseo.

No tengo alma, la he vendido por ella.

Su piel es blanca y repele el negro encaje, provoca la destrucción de la tela por manos y bocas colapsadas y crispadas de una tentación ya delictiva.

No sé distinguir la imperceptible frontera entre la desesperación y la tentación.

Solo sé que soy un bálano herido de lujuria del que cuelga una gota densa sin llegar a desprenderse nunca.

Ella es mi tentación, y mi tortuosa gota que busca su blanca piel para extenderse.

Para evaporarse.

Iconoclasta

Safe Creative #1111080474144

Sin piedad

Publicado: 8 noviembre, 2011 en Amor cabrón
Etiquetas:,

No hay descanso, se acabó la chica buena.

El cabello está alborotado de deseo. Es hembra en celo, no reproductora. Predadora de deseos y voluntades.

Seré su alimento sin poder evitarlo. Sin quererlo…

Bellísima en su agresividad, como mantis religiosa de implacable mirada, es trama y trampa de cuerpo lujurioso. Es pura selección natural en lucha cruenta por un placer.

Vive en la cima de la cadena alimentaria, yo soy su alimento.

Soy víctima de la más terrible hipnosis del mundo animal, alimento entre su piel. Un pene amputado en lo profundo de su sexo ávido.

Ella sin piedad, yo sin opción.

Sin perdón.

Iconoclasta

Safe Creative #1111080474106

Algo de ejercicio

Publicado: 30 septiembre, 2011 en Amor cabrón
Etiquetas:, ,

Abdominales, pesas, bicicleta.

Algo de ejercicio por la mañana, en la soledad de la mañana.

Tengo sed. Me canso.

Los brazos tiemblan, la espalda no se relaja.

Sudo.

Los cuádriceps hacen de mis piernas dos troncos palpitantes.

Y no es suficiente.

Mi rabo no se da por enterado y está duro.

Soy un hombre y la amo, hasta aquí todo parece normal.

La amo con todos mis músculos cansados. Es una luz que no se apaga en mi minúsculo cerebro.

Suelo pensar que soy idiota, porque toda la sangre se la lleva mi polla dejando seco el cerebro.

Pullover: doce kilos que elevo con los brazos por encima del pecho y hago descender por debajo de la cabeza estirado en el banco.

Las costillas están oprimidas, el abdomen tenso.

No me concentro porque mi pene, el que me hace idiota, exige alojarse en su boca, en ese mismo ejercicio. Y exige el roce con su minúscula tanga que se hunde en su sexo, como si lo hiriera.

Escupo saliva ¿por el esfuerzo o por la excitación? No lo sé, mi pene habla.

Si mi reina estuviera aquí, ahora, se sentaría clavada en mí, y no dejaría caer las pesas. Soportaría como un macho la presión salvaje de su coño atenazando mi miembro.

Con los putos pectorales tensos.

Y como un crucificado, me sentiría asfixiar.

No tengo el control. Por mucha disciplina, por mucho ejercicio diario que haga; no puedo erradicar su imagen cuando duerme; cuando abuso de su inconsciencia y meto los dedos en su raja. Cuando exprimo el pezón que asoma por encima de su blusa con los labios.

Apertura de brazos con mancuernas: extiendo los brazos semiflexionados para que mis pectorales de contraídos pezones se tensen, se rasguen; para que reviente el corazón si es necesario. Si puede…

Necesito que se extienda encima de mí, necesito que aplaste sus pechos en el mío y que mi pene recio se aloje y se frote entre sus muslos.

Dejo caer las mancuernas. No tengo el control, ni siquiera voluntad.

Bajo el pantalón y atenazo con fuerza el indómito rabo que supura ya viscosidades ignominiosas.

Lo maltrato hasta que mis cargados testículos duelen.

No hago caso de ese estímulo, el dolor no es suficientemente fuerte para que mi polla se rinda. La boca de mi reina amada enmudece mis gemidos y acompaña mi mano en el furioso vaivén del puño. Mete la lengua entre mis labios cuando mi pene es una fuente caliente que inunda el ombligo y el vientre de semen.

No está, estoy solo. Quedan unas horas para que vuelva.

Ya no oigo mis jadeos, la casa está silenciosa y fría.

El esperma se ha enfriado en mi piel y lo extiendo pensando en ella. Soy un hombre cansado, satisfecho, un bulto que respira, una conciencia perdida en un limbo… No sé bien que soy ahora.

El pene descansa lacio, aún palpita. Mi reina debe estar sonriendo.

Quedan cuatro series por hacer: bíceps y hombros.

Tengo que darme prisa ahora que la sangre llega a mi cerebro.

Ahora que la bestia está dormida.

Cuento cada repetición con la serenidad de un amor sereno, de un amor armónico; puedo evocar sus palabras y tengo memoria de los momentos vividos.

Ahora que mi polla está agotada y mis músculos obedecen a mi voluntad no soy idiota. No soy irracional.

No es cierto, no se cumple la premisa mens sana in corpore sano. No en mí.

Soy un cuerpo sano con esquizofrenia de amor y deseo.

No tengo el control.

No lo necesito.

Algo de ejercicio no puede hacer daño.

Mañana músculos dorsales y un beso negro…

La bestia despierta.

Es incansable.

Iconoclasta

Safe Creative #1109290166683

Delicadezas eróticas

Publicado: 31 agosto, 2011 en Amor cabrón
Etiquetas:,

Soy un hombre delicado y mi forma de expresarme es con un sutil erotismo.

Y la polla me arde.

Sé que debería escribir que siento una deliciosa comezón en mi miembro viril; pero la puta realidad es que tengo el pijo inundado de una baba espesa.

Es mi néctar delicioso, el fluido del amor.

Y una mierda: es una baba de olor fuerte, casi almizclado que ríete tú de la peste que echan los hurones. Es un fluido que me prepara para la penetración, para follar.

Y hacer el amor entre sábanas de satén es lo más excelso que hay.

Es que me pongo malo de pensarlo; no puedo ser tan sutil cuando pienso que la follo entre las sábanas aún húmedas de semen anterior, de su propio fluido que deja manchas.

Beberé de su cáliz…

Lo tenéis crudo, yo no bebo de ningún cáliz de mierda, no soy católico ni masón. Lo que hago es dar largas lamidas a su vagina, desde donde empieza su deliciosa raja hasta el mismísimo ano.

Y con ello consigo que se abra desesperadamente de piernas y su culo se relaje.

Ella no bebe el jugo de la vida, ella se inunda la boca de semen y cuando su pelo roza mi pecho, siento esa leche fría en mi piel. Mi semen en su cabello.

Accidentes del follar… Cosas que pasan, cosas que me la ponen dura.

Me cogería ahora mismo el pene con el puño y lo apretaría hasta estrangularlo y que mis cojones liberen toda la presión en el papel.

Tinta invisible erótica…

Quiero que pase sus labios por todas y cada una de las venas que dan relieve a la piel que cubre mi bálano que se agita en espasmos.

Cuando hundo los dedos en las entradas de ese paraíso cálido, en las grutas carnosas de un universo resbaladizo…

Coño… No es así, joder.

Sólo un cabestro habla así.

Cuando meto los dedos en su coño y en su culo siento como vibra toda ella.

Y eso me hace macho, me hace importante.

Y empujo para dilatar todo ese placer, para que se sienta zarandeada, posiblemente de puto amor; pero mi último fin es que grite, que se muerda los pezones de placer, que sus ojos se cierren y sentir como su líquido se asemeja a una eyaculación.

Eyacular… ¿O es más correcto liberar la vida en su deliciosa corola?

Otra mierda…

Erotismo… Me pone tan nervioso… Al fin y al cabo soy un animal, la jodo porque la deseo con toda mi alma y la deseo porque la amo, eso sí.

Cuando me corro, cuando suelto mi esperma en su coño es porque su santa vagina (y es santa, es lo más bendito) oprime mi capullo, y de una forma nada sutil me pide leche. Me desangro en esperma con el pijo aprisionado en su coño. Rozando su punto G que es el mío.

Porque cuando la jodo, no sé donde empieza mi pene y dónde su coño.

Está todo tan inundado…

Entiendo que nazcan bebés en el agua.

Escupiendo mi semen embisto hacia arriba sin cuidado. Se tiene que aferrar hasta al aire para poder seguir clavada a mí. Quiero joderle hasta el estómago, inundarla toda de mi semen.

Quiero que sus tetas le duelan de tanto que se agitan por mis convulsiones.

No hay pájaros de mierda a nuestro alrededor, está mi jadeo y el suyo.

Y siento que abraza mi hombría con delicadeza.

Me cago en Dios. No abraza nada, me maltrata el capullo y me obliga a correrme cuando no quiero. Hace mierda mi voluntad y control.

Luego viene una banda sonora o una música celestial.

Mentira, reposo con una respiración agitada, con ganas de escupir por el esfuerzo al que he sometido mis pulmones.

No escucho nada, sólo a ella respirar.

Erotismo… Menuda mierda.

Siempre huelen los sexos a orina y cuanto más te acercas al culo, más huele también.

Y eso es lo que me gusta, eso es lo que me hace babear.

Ya soy demasiado mayor, ya sé demasiadas cosas de la vida como para que nadie me enseñe erotismo.

Coño… El suyo el que lamo…

El que parece a veces eyacular…

A la mierda.

Adoro follarla. Y odio los pájaros.

Iconoclasta

Safe Creative #1108319962657

Lágrimas y posesión

Publicado: 18 agosto, 2011 en Amor cabrón
Etiquetas:,

Se derrama en lágrimas sintiéndose triste y desolada. Se rinde ante el espejismo de una lucha, ante rivales fantasmas que duelen como puñaladas. El pasado suele emborronar el presente. Ocurre como un accidente, como una mala suerte.

Es inevitable.

El pasado es una cinta ectoplasmática que se extiende en el universo haciendo viajar por el infinito todo lo vivido. Los imbéciles y sus actos se hacen eternos y ella vierte sus lágrimas desconsoladas por una aberrante conexión con ese universo pútrido.

Los recuerdos son aves carroñeras que beben las lágrimas como la puta traga el semen del marrano que la paga. Una lágrima llama a otra lágrima y todas las cochinas lágrimas del mundo corren por su rostro sin que ella misma pueda entender bien por qué.

Temo que se deshidrate porque la amo.

Temo su llanto porque bebo sus lágrimas y son amargas como hiel.

Temo parecerme a sus aves carroñeras.También causo lágrimas; pero con la intención que salgan por su coño húmedo, no por sus ojos.

Con la intención de metérselas en lo más profundo empujando, violándola con mis dedos, con mi falo, con mi lengua.

Mea culpa y dios es una batidora barata de almas.

No tendría que llorar; pero los buitres-fantasmas provocan el apocalíptico llanto debilitándola hasta hacerla desfallecer.

Es tan difícil y agotador dar un consuelo que no es posible y espantar mierda y carne podrida…

Cuando llora, el mundo a nuestro alrededor es una nube de moscas de la carne brillantes, metálicas.

Gordas y de tacto irritante como la piel de los que causan sus lágrimas.

Repugnantes…

Me es tan difícil abrazarla con una total misericordia y no metérsela hasta por el culo…

Soy bestia: mas los gusanos de lo putrefacto no me gustan. Quiero su carne fresca. Y ante todo, es mía, no necesito pudrirla como la descomponen padres y hermanos, como la pudren hombres-fantasmas, hombres con el pene escaso y sin leche en los cojones.

Es mía porque así lo exijo, guste o no guste la posesión humana; son cosas que no sopeso. Si atiendo sus lágrimas, atiendo su carne entre las piernas.

Daría dinero por su posesión, la compraría…

Soy el mercader de su libertad. Debería serlo.

Soy un mierda.

Bebo sus lágrimas porque no me queda más remedio; pero no me gustan. Prefiero la sangre que mana de su coño cada mes.

Odio su llanto doloroso porque me duele a mí. Tal vez sea puro egoísmo. No importa, con egoísmo o con lascivia la amo.

Y la jodo.

La poseo.

Ya ha llorado demasiado.

La culpa de mi animalidad es solo de ella. Sus lágrimas son puro elixir afrodisíaco en mi pequeño cerebro. Y debatiéndose en pena y dolor la parto, la penetro, me hundo en ella. La quiero ahogar con mi semen.

Se nubla mi visión cuando trago sus lágrimas.

Cuando libo su coño me exalto ante dios con el pene goteando.

Me excita la convulsión triste de su cuerpo-deidad cuando llora.

Y me aferro a mí mismo como a lo más sagrado con el firme propósito de joderla. Devolverle el agua que ha perdido escupiéndola por mi falo en lo más profundo de su coño.

Así mientras llora, no es barbarie apoyar mi pene erecto en sus nalgas y presionar. No es pecado clavar mis dedos en sus pechos y herir sus pezones.

Porque duelen más los fantasmas que mi posesión, que mi deseo.

No soy un buitre, yo la devoraré entera mientras esté viva.

No dejaré carroña alguna, ningún puto humano picoteará sus ojos hasta hacerla llorar.

Porque cada lágrima, cada sonrisa, cada quejido y cada gemido, son míos.

Nadie la merece, sólo yo.

La follaré ante la mirada miserable de los buitres.

Dejaré lágrimas como mierda para los fantasmas, mierdas que vuelen por el infinito cubriendo los rostros del pasado. Un cometa putrefacto que acabará con el mundo un día u otro.

Y mostraré a la luz la penetración salvaje para que también se eternice en el universo.

 

Como las putas lágrimas.

 

Iconoclasta

Safe Creative #1108179882751

Ave Aragón

Publicado: 12 julio, 2011 en Amor cabrón
Etiquetas:, ,

Yo te inundo Aragón

clavada estás a mí

mi amor es contigo;

lujurioso tu cuerpo

entre todas las mujeres,

y bendito es tu coño

que lamo, Aragón.

Mi reina Aragón de Boca Plena,

ruega por mí,

ignominioso y lujurioso

ahora y en la hora

de la penetración,

de tu gemido,

del intenso orgasmo. Amén.

Mi semen sea contigo y en tu boca.

Iconoclasta

Safe Creative #1107119656186

¿Dónde te escondes?

Publicado: 10 julio, 2011 en Amor cabrón
Etiquetas:, ,

¿Dónde te escondes?

En un trozo de pensamiento.

¿Dónde te escondes?

Entre los pliegues de mi piel y mi carne.

¿Dónde te escondes?

En tu coño.

¿Dónde te escondes?

En tu húmedo coño.

¿Dónde te escondes?

En tu abierto coño.

¿Dónde te escondes?

En tu bendito coño.

¿Dónde te escondes?

Anido en las heces de mis propios intestinos fermentando emociones.

¿Dónde te escondes?

Estoy en el semen que llena tu sexo, que se derrama por tus muslos.

¿Dónde te escondes?

Entre tus pechos.

¿Dónde te escondes?

Hay planetas que no existen. Estoy en ellos.

¿Dónde te escondes?

En la miseria humana, su desdicha me alimenta.

¿Dónde te escondes?

En ataúdes cerrados.

¿Dónde te escondes?

En el gemido de tu orgasmo.

¿Dónde te escondes?

En la tinta que tatúa tu nombre en mi piel.

¿Dónde te escondes?

En tu boca que lame mi pene recio y duro.

¿Dónde te escondes?

En añicos de ilusiones.

¿Dónde te escondes?

En mi polla.

¿Dónde te escondes?

En los clavos de Cristo, en las mantecas de Buda.

¿Dónde te escondes?

No me escondo, estoy.

¿Dónde te escondes?

Entre los vivos.

¿Dónde te escondes?

En mi lóbrego cerebro.

¿Dónde te escondes?

Entre las páginas de una biblia obscena.

¿Dónde te escondes?

No me escondo, no tengo miedo.

¿Dónde te escondes?

No me escondo, anido.

¿Dónde te escondes?

Soy dios, me escondo en la humana banalidad.

¿Dónde te escondes?

En las llagas de los enfermos.

¿Dónde te escondes?

Donde todo el mundo teme, donde nadie quiere estar.

¿Dónde te escondes?

En la bendita muerte.

Iconoclasta

Safe Creative #1107109647590

CaterpillarMan

Publicado: 9 julio, 2011 en Amor cabrón
Etiquetas:,

Soy un mazo que no para. No dejo ni un solo resquicio al amor y a la ternura, destruyo sistemáticamente todo rastro de cariño.

No es un capricho, cuando el amor no sobrevive, cuando has intentado algunas veces cultivar cariño y has fracasado, te das cuenta de que no sirves para estar enamorado.

Soy el mazo que destruye ruinas y pulveriza recuerdos. Soy un tractor demoledor sin freno, sin gobierno. “Caterpillar” dice la placa que tengo pegada en mis genitales.

Soy un martillo pilón ciego de frustración. Con la polla ardiendo.

Es tan extraño destruir todo acto de amor con el glande derramando semen…

Me gusta la ira de la soledad, la tremenda carga de mi semen blanco mojando el hormigón demolido del Páramo de los Cariños.

Riego con semen para evitar que llegue a mis pulmones el polvo cancerígeno de los recuerdos hermosos.

Mis puños sangrando.

Mi pene latiendo.

Solo el deseo y la lujuria se sobreponen al puto amor. La ira duele, es un derrame de sangre; y aún así hace rígido mi miembro hostil al amor.

La ternura es algo inaccesible.

¿Alguna vez fui tierno? ¿Alguna vez amé?

Me cago en dios.

Y en la virgen también.

No creo en mitologías, pero estas cosas molestan a los crédulos. Hay muchos crédulos que creen en el amor eterno.

Idiotas… Están locos.

Tengo un agujero en el colchón lleno de semen seco y un poco de sangre de los cortes que los restos solidificados provocan en mi pijo.

En mi bendito pijo…

Soy el martillo que perfora lo estéril, el que fertiliza recuerdos ya muertos.

Mi desesperación nace de no follar, no es por falta de amor. Quiero hundir mi sacratísimo pene en un coño profundo y caliente.

Y no hay coño.

No hay agujero tierno.

Sólo hay ruinas de hormigón que he derruido con descontrolado indecoro.

El agujero cortante en el colchón se hace deseable a pesar de oler a bebés muertos, a corruptos amores.

Soy un martillo hidráulico y machaco hasta la esperanza, la aplasto contra la tierra, la aplasto aferrando mi bálano con dureza, con un intencionado descontrol.

“Caterpillar” es lo que llevo tatuado en la muñeca de la mano masturbadora. De la mano demoledora.

Quedo vacío durante unos instantes, unos momentos para fumar, para llenar de nuevo mis cojones de semen.

Es tan duro el amor, son tantos los recuerdos…

Tengo que seguir trabajando, no puedo dejar nada en pie en el Páramo de los Cariños.

No soy Atila: por donde escupo mi semen, ahogo hasta los recuerdos.

No soy Atila, soy CaterpillarMan y desintegro el amor. Todo el amor.

Iconoclasta

Safe Creative #1107089637437