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Tengo una erección y se revela así la dura y larga realidad: la polla dura es una horizontalidad trémula, incontenible y feroz.
Pienso que la erección es horizontal como la muerte y la mediocridad. Puedo arreglarlo, puedo verticalizar lo erróneo.
Presiono en el nacimiento del bálano y lo obligo a bajar, fuerzo a que el filamento del deseo se descuelgue perpendicular al suelo, como lo está mi pijo
ardiendo; para que se pegue la hebra de baba olorosa entre el vello de mis
piernas.
El hecho de obligar a que el glande apunte con su ojo ciego y fiero al suelo, es masturbación. La verticalidad, el peso, la gravedad, la presión son factores que acarician mi sensibilizado meato, que se abre hambriento buscando ciego una caverna de carne elástica donde meterse.
En la horizontalidad todo es demasiado fácil y previsible. En la verticalidad sudo y mis cojones cuelgan henchidos de semen para ella. Para su boca.
Para su puta boca.
Para su sagrada boca.
Para su amada boca.
Hay un agolpamiento de sangre inmediato y mi fantasía me lleva a pensar que me agarra la polla con sus finos dedos y me acaricia como a un caballo. Soy una bestia con la polla dura y vertical, soy el martillo de las mujeres, el falo impío. Soy la paja que se hacen al lado de sus maridos y de sus amantes cuando éstos duermen.
Así me gusta que me coma el rabo: yo lo mantengo recto y vertical. Ella recibe toda esa dureza y gravedad entre mis piernas, con mis cojones acariciando su frente. Con el vello enredado entre su cabello rizado y opulento. Leonino…
Que mire al cielo y su boca se llene de mí.
Los dioses son verticales, nos escupen desde allá arriba y hacen patente nuestra planicie.
Es algo que tiene arreglo.
Llenar vertical y con presión su boca con mi semen…
Mi polla es plomada. Una sacralidad como lo son sus pezones duros y perpendiculares al eje de mis cojones pesados y a punto de reventar.
Me excita la verticalidad, porque la raja de su coño es recta como a plomo caen las lágrimas de la Virgen María y las de una madre que sostiene el cadáver de su hijo, al que parió tras ser follada, con toda probabilidad horizontalmente.
Su boca se llena de mí, su cuello estirado,
sus ojos observando mis cojones y mi próstata, su coño dejando una mancha brillante en el suelo, su clítoris enorme sobresale pornográfico hasta forzar mi
masturbación. Todo eso revela la verticalidad.
Son detalles que convierten a la horizontalidad en algo aburrido.
Mi mano tiembla ante lo inevitable, ante mi corrida, ante la sagrada eyaculación que me hace abominable a ojos de puritanos y fariseos, porque se folla a oscuras y horizontal. Es una lucha de semen derramado contra los dioses y la horizontalidad.
No es cruenta, solo láctea. ¿Dios se puede quedar embarazado si toma de mi leche divina?
No sé, son cosas que uno piensa, son blasfemias que nacen de la vertiginosa y pornógrafa verticalidad.
Mi amor succiona y succiona. Temo que me arranque el pijo…
La penetro verticalmente y ella alza sus nalgas para que se haga mi voluntad. La jodo con fuerza para acariciar con mi pijo su sagrado útero si pudiera. Empalarla de tanto que la deseo…
Que piense, que crea que algo extraño se ha clavado profundamente en sus entrañas.
Que sienta que hace lo contrario a parir.
La verticalidad no tiene piedad, yo tampoco.
Y mi amor carece de escrúpulos.
La horizontalidad es muerte y un descanso para el corazón.
¿Quién quiere eso?
Traga mi amor, toma la eucaristía vertical de mi polla en tu sagrada raja.
Seguiremos en pie, rectos e imbatibles con el fluido de tu coño y mi semen goteando y marcando la verticalidad que creían ostentar los dioses idiotas y la naturaleza imbécil y estúpida.
Iconoclasta
No siempre, tal vez nunca…
El amor es la efímera crisálida
(se prometen amor eterno
en un ejercicio de ingenuidad,
es el juego)
de una necesidad perentoria.
Una oruga que se hace rata
y roe lo que una vez fue bueno.
Los roe a los dos hasta
que duele estar cerca.
El uno del otro…
El amor es un embarazo
de soledad y arrebato
de frustración.
Una placenta de tristeza…
Un escape a la desesperanza,
un consuelo mal comprado.
Es un alumbramiento
que a veces es aborto.
Muchas veces…
Más de lo que debería ocurrir
ante las vidas tan cortas.
Se idealizan ergo se equivocan
los amantes más sentidos y sufridos.
Se equivocan tanto
(su coño está húmedo y no por él)
que la vergüenza los asfixia
(su pene no se hace duro ante ella)
 y recurren a nuevos errores
(Sueñan con lágrimas con lo que
se les escapó de las manos)
para cubrir los que ya son historia.
Se acuchillan con engaños
las espaldas se hieren
y arrugan cartas con vergüenza
mojadas de lágrimas en su manos.
Los errores son los zombis
del amor hambriento y voraz.
Ya cadáver…
Buscan romances de nuevo
(los nuevos amantes creen llenar huecos
donde hubo amor.
Un error sobre otro error y sumando…)
los desesperados y necesitados
amantes.
Amores que mutan en errores
de nuevo, a velocidad de cometas.
Los aquejados de soledad
los necesitados de ternura
carecen de memoria histórica
se preñan de nuevo de amores
que se corromperán, porque
necesitar no es amar.
Nuevos errores…
Nuevas vanas esperanzas.
Tal vez sea la forma de no volarse la tapa de los sesos y seguir viviendo unas miserable vidas. El engaño y el drama son alicientes para la vida.

Amar se sobrevalora en función de las carencias de cada cual.

Iconoclasta

No estoy de acuerdo con el tan explotado beso de amor.

Ni siquiera con el amor.

El beso es solo una muestra de libido con la que se busca algo de trascendencia a todo ese apareamiento con un romanticismo de novelucha de quiosco.

Yo solo sé, que si hubiera amor, residiría en su sexo. Por ello lo busco y me trago su coño entero.

No entiendo el amor si no es a través de su vulva elástica, viscosa y hambrienta.

Succiono su clítoris hasta que la presión de mis labios lo hace enorme, hasta que sus labios íntimos se abren tímidamente como alas de mariposa recién salida de la crisálida, así de húmedas… Y puedo aferrar con los dientes esas alas sintiendo la cabeza de la mariposa presionar contra mis incisivos. Su clítoris es una pura muestra de deseo, sin estupideces de amor.

Si tuviera alma o amor, no residiría en su corazón, está en su coño. Lo sé porque ese espíritu de amor se derrama en una viscosidad que crispa las venas de mi pene y suaviza mis cuerdas vocales cuando mi lengua la desliza por la garganta.

Su coño es la esencia de la vida. De la suya.

A veces de la mía; aunque no importa cuantas veces lo haya sido, no importa siquiera si nunca lo ha sido.

Devorando su coño, estas cosas no se plantean.

No en el corazón, no en su privilegiado cerebro. No se aloja ahí la esencia de lo que busco.

No me preocupa que me ame, ni me preocupa amarla. Solo investigo y busco.

Soy curioso, soy espeleólogo.

Todo son mentiras de literatura barata para disfrazar el deseo sexual y hacernos importante, inteligentes, psíquicos…

Soy científico desbaratando mitos y falsos delirios de amor ultrahumano.

Por ello también hundo mi dedo en su coño para dilatarlo. Y luego meto otro, y otro… Hasta que le quepa el puño entero lubricado por su deseo y pueda dar así, con la existencia del amor.

Y tal vez tomar una muestra para analizarla en algún erotomicroscopio.

Sin embargo, me entretengo en lamer mis dedos untados de su esencia viscosa y lechosa como el león limpia sus garras después de abrir a su presa: sabe a mujer y su coño es lo que es, no hay nada más que un deseo desmedido. Una vagina hambrienta, tanto como mi pene balanceándose frente a lo que desea invadir.

Eso no es amor. Tal vez el amor solo pueda identificarlo el enamorado… Tal vez no me corresponde descubrirlo.

Sigo buscando dentro de ella, aunque a veces solo siento placer y eso entorpece y hace lenta mi búsqueda. Metérsela es como resbalar por un vertiginoso tobogán no encuentro dirección ni sentido, se me pierde la horizontalidad y la verticalidad de la vida dentro de su coño.

Puedo sentir en mi glande henchido de sangre su placer, su tremendo éxtasis. No importa en quien piense, la jodo y ya está. Es el único hecho tangible.

Ella con su coño lleno y yo con mi pene arropado, nos alejamos de la cordura por el camino del placer, cada uno con su locura. Cosa que no importa, el placer no es bueno discutirlo, es un regalo de Dios. Y Dios ahora mismo está en mi glande y en su clítoris.

Preciosa la comunión de la carne…

Vuelvo a su coño porque me enloquece lo que pudiera esconder y lo que se le escapa y derrama. Aspiro, lamo y bebo. No importa por quien sea toda esa parafernalia de placer, sabe bien.

Su pelvis presiona contra mi boca, se mueve salvaje buscando el roce brutal; aún a costa de mi respiración. Tal vez sea eso el amor, esa fuerza intensa, ese buscar por todos los medios el placer; cuando se agita hasta para dañarse contra mis dientes.

No me ama, a pesar de que su coño está lleno de amor.

Está bien, es bueno. Es importante no hacerse ilusiones pueriles.

No es por mí toda ese deseo que nace de lo profundo. Soy un medio de desahogo. Solo soy una boca y una polla. Cosa que no importa, soy un buen científico, soy un espeleólogo.

Y mientras explota el placer nos hacemos animales, nos olvidamos de respirar para gemir roncos.

Follar es más intenso que morir e igual de sencillo.

No… Los besos son una pobre muestra de amor. Ni siquiera se le debería llamar amor. Una buena mamada llega mucho más profunda y es sincera y es real y es una pelvis enloquecida…

Los besos solo son el pago a cuenta de dos seres ambiciosos de devorarse y penetrarse, cosa de adolescentes a los que aún no se les ha desarrollado todo el vello.

Enciendo el cigarro. Me doy cuenta de que no he encontrado el tan buscado amor. Pienso que debe estar más profundo y que me falta longitud de pene para llegar allí.

O simplemente no sea yo el que pueda encontrarlo, tal vez el coño sabe a quién ama y qué le entrega.

Me conformo con lo que me toca, ya habrá tiempo después para perder la curiosidad.

No está tan mal investigar, la ciencia me pone cachondo.

Hay búsquedas y estudios que proporcionan un placer no solo intelectual o el tan mitificado reto a la inteligencia. No todo va a ser angustia, para variar.

“Un regalo de Dios…” No jodas… Menuda estupidez.

Qué chocho…

Iconoclasta

Meses esperando la lluvia, con la piel seca, la boca rasposa, los labios partidos y la piel de las manos resquebrajándose como una corteza de barro en el desierto.
Muchas veces me he arrepentido de no tener crema hidratante a mano. Y en el miembro no vendría nada mal.
Aunque ella me lo hidrata más allá de lo que la cosmética comercializa.
He subido al polvoriento tejado de la casa, la lluvia se llevará la porquería acumulada en el suelo y dará paz a mi piel. Me he estirado desnudo entre pequeñas hormigas que huyen del agua. Con mi pene erecto, venoso y agresivo por una sequía que se ha hecho eterna a lo largo de semanas y meses.
Las lluvias marcan una de mis cientos de temporadas de celo por ella.
Tengo miedo que la dilatación del pijo rasgue el prepucio, tengo una necesidad casi suicida por follarla otra vez.
Y que las hormigas se me metan por el culo es una idea que no me gusta. No quiero que me entre nada por el ano. El esfínter es salida y única dirección.
La espero con una ansiedad desesperante, aguantando el ímpetu de masturbarme, dejando los ojos abiertos a las gotas que se estrellan contra ellos y me ciegan.
Las gafas de nadador no hubieran molestado. No hubiera necesitado una gran inversión y le hubiera dado un aire fetichista a la sesión de sexo que me espera con mi reina.
Parece que lloro; pero solo quiero follarla.
Otra vez…
La lluvia da alivio a mi rostro, incluso cuando se desliza por mis labios: el agua reciente sabe a la suciedad que flota en el aire.
No importa; luego beberé directamente de su piel.
Y la mierda ajena, lo de alrededor no importará.
Me pregunto si mi picha hará el efecto de pararrayos, no me gustaría. Creo que sería indigno morir con la verga carbonizada.
Llegará aquí arriba, se sentará en mi vientre y se clavará en mí envolviendo mi carne dura con su coño viscoso, sedoso y resbaladizo. Empapado… Como si ella fuera cálida lluvia oleosa y sempiterna.
Decididamente se me va a rasgar la piel que cubre el pijo con toda esta presión. La evolución no fue muy lista y no tuvo en cuenta que nacería un hombre como yo con tantas ganas de metérsela a su mujer. El prepucio debería ser más holgado. Pienso en los judíos y la circuncisión; pero resulta traumática, es mi pellejo y lo quiero.
He de hacer algo, pero temo tocarme y eyacular fuera de ella.
Me tiene tan caliente que las gotas de agua se evaporan al contacto con la polla levantando pequeñas nubes de vapor.
Me haría muy popular en una sauna femenina.
Mis músculos se relajan, soy gelatina temblorosa bajo la lluvia. Y lo único firme es la verga que cabecea en mi pubis. Desearía tocarme ahora mismo, cerrar el puño con fuerza para subir y bajarlo con violencia. Rasgar mi puto prepucio y que sangre la polla.
Intento relajarme y dejo que la orina corra por mi vientre y se meta cálida entre los testículos y las nalgas, me gusta el contraste de la lluvia fresca con los meados.
Me limito a tirar de la piel y descubrir el glande púrpura como la casulla de un sacerdote en rito de penitencia; el meato está obscenamente abierto como lo están los labios que ansían la boca amada y deseada.
Espera la lengua que lo saciará de placer.
Me imagino metido en ella, su tanga negro transparentando la palidez de su monte de Venus rasurado, el roce del hilo a lo largo del pene en la cópula…
Saboreo entre mis dientes los pezones endurecidos, clavo los dedos maltratando sus masivos y pesados pechos.
Areolas ovales que deseo cubrir con mi leche, con mi semen ardiendo.
Es tan cálido su coño como sus labios tallados en un rostro hermoso y anguloso de grandes ojos oscuros, de una melena rizada que recibe mi semen cuando ella así lo dispone.
Estoy abandonado a su voluntad.
La lluvia hará cascadas en sus pezones y beberé y me ahogaré en ellos mientras la follo. El agua inundará la cópula y hará chapoteos obscenos sexo contra sexo.
Y como en un altar ante la Virgen María observándome con Jesús mamando de su teta, elevaré la pelvis para meterle la polla en la boca y me la devore con sus dedos acariciando mis cojones. Excitándome el ano.
Y así ante la lluvia me denigro y me formo. Me embrutezco de anhelo. Me convierto en macho en celo. Ante las nubes que limpian el aire y dan alivio a mi cuerpo y mente, soy un hombre follando la nada, el aire. El espacio que ocupará ella.
Espero el momento sublime de eyacular, cuando blasfemo ante mi caída al pozo de la irracionalidad, en el que el placer es la vertiginosa aceleración.
Los rayos cada vez se acercan más… No quisiera, pero tal vez me ponga un condón hasta que llegue. El látex es un buen aislante ¿no?
Su boca succionando mi alma a través del pijo próximo a estallar, su coño estrangulándome el bálano, aplastándolo con las contracciones de placer de su vientre.
Sintiéndome cabalgado como un toro en el rodeo.
Quiero ser como las nubes en lo profundo de su coño y llover dentro de ella.
Que se ponga en pie y de su raja gotee mi semen dejando cráteres de leche en el polvo del suelo. Barro blanco…
Lluvia de semen entre sus muslos.
Yo soy una nube que llora por ella, que descarga en ella.
Ese rayo ha caído muy cerca. Bueno… Soy osado y atrevido, peligro es mi apellido.
Soy empático con el clima, y ardo con el calor del puto sol, me hago gris con las hojas crujientes del otoño, mi pene se lubrica en la calidez de la primavera. Y en invierno desato mi furia y mis tormentas.
Me gustaría ser rayo letal y mantener así un radio de varios kilómetros entre nosotros y los humanos.
Yo solo me debo a ella, y cuando la espero, soy fenómeno atmosférico zarandeado por las caprichosas presiones y anticiclones del planeta.
Con ella empieza y acaba el día. Por ella soy primavera, verano, otoño e invierno.
Un erecto fenómeno meteorológico, es lo que soy cuando la espero, cuando la follo.
Un pararrayos pornográfico que hiere a todos los vecinos con su obscenidad.
Porque la amo y no importa mi ridículo.
Joder con ese rayo… Al final me va a freír los cojones.

Iconoclasta

Lamo su cuerpo como el león bebe sediento en la charca.

Arrancaría su piel con los dientes para envolver mi inconsolable pene con ese deseo impregnado.

Succiono sus pezones como la cría de un perro las mamas de su madre, buscando vida.

Laceraría sus pechos para beber su sangre. Para untarme de ella y vivir también.

Más…

Hundo la lengua en su coño como ningún otro animal lo hace, hasta que vomito y lo anego con el vértigo de mi deseo.

La penetro como no hay parangón en la naturaleza, hasta fundirme en ella, hasta que reviento mis cojones.

Hasta sentir sus intestinos…

Me meto en ella y me apresa, me retiene, anula mi voluntad y la percepción de mi propia vida.

Eyaculo y se me vacía el cerebro y lo que quede de mi razón.

Solo parezco una bestia en su superficie, cuando me hundo en ella no soy del planeta.

No soy nada conocido, ni posible.

Y ella, esa mala puta, es la creadora de mi inhumanidad.

Mi Reina de Coños.

La odio porque la amo contra mí mismo.

La odio porque la adoro y me hace cosa, algo que desconozco.

La amo y la jodo. Qué ironía…

Hasta aplastar mis testículos.

Hasta que salga sangre entre mi semen.

Iconoclasta

Dos años que han pasado en un abrir y cerrar de ojos.

Dos años de un dulce morir.

El tiempo es así de hijo de puta: si estás dos veces bien, pasa cuatro veces más rápido; pero si vive en una pesadilla en lo que todo es gris, los segundos se convierten en minutos y las horas en días.

No sé que pensar, puede ser que mi esposa sea extraterrestre y tenga un arma especial para regular la velocidad del tiempo y yo sea su sujeto de experimentación. Me somete a su tiempo.

Ella rige con su belleza y voluptuosidad el ritmo de mi vida.

Hace girar las manecillas de mi reloj a velocidad de escape de la atmósfera, en una aceleración que acorta el tiempo, que me lanza veloz hacia mi tumba con una velocidad sin freno.

Mi semen en el espacio es una ráfaga láctea que se mueve a la velocidad de los cometas. Mis cojones me duelen cuando eyaculo así, y quiero que duelan. Necesito el dolor del amor.

Y no me importa envejecer más rápidamente, es algo, un precio que pago gustoso.

¿Pero qué haré cuando al morir, en el último hálito de mi vida, sea consciente que mi tiempo a su lado se ha acabado?

¿Es posible que Yahveh insufle, como a Adán, en mi nariz la vida para que pueda seguir con ella? Jodiéndola y cagándome en él, el creador; con el placentero dolor que hace que mis cojones parezcan comprimirse sobre si mismos al derramar mi leche sacra en su coño insondable.

Dios no existe, solo ella. Son elucubraciones de mi mente enferma, como la de todos los creyentes que tienen miedo a morir.

Yo tengo miedo a dejar de follarla. Soy más valiente.

Tengo mucho miedo de que esa fracción de segundo, ese paso impreciso entre el último latido y la muerte íntegra, se convierta en otra vida, en una mierda de vida.

Los segundos, cuando mi amor está ausente, pasan obsesivamente lentos.

Tengo miedo del momento en que será definitivo. ¿Seré un no-muerto durante siglos? Porque el corazón tardará en detenerse mil putos años sin ella.

No quiero morir lentamente, no he de tener tiempo a pensar que con la muerte, dejaré de estar con ella para siempre.

No me queda más que pedirle a cosas en las que no creo, que tengan piedad de mí y en el momento de palmarla, mi cerebro estalle y sea incapaz de razonar. Que no sepa que voy a estar sin ella.

¡Dos años…! ¡Qué rápidos!

Me han parecido tres meses, es vertiginoso amarla.

Aferrarse a ella no es solución, todo lo contrario. Acelera el proceso de mi partida, de mi deterioro, de mi decadencia, de mi vejez. Ergo muero más rápido.

Es una paradoja que me enloquece.

Un problema preocupante; por decir poco, por decir lo mínimo.

No tengo opción: soy un suicida y se la meto aunque pierda un año de vida. Me derramo en su coño al precio de una vejez prematura.

Abrazo y me follo a mi muerteamor desgarrando sus labios (los de arriba y los de abajo) con la rabia de mi deseo.

Y ahora he de seguir muriendo rápidamente, ella está conmigo y el futuro está aquí, mirándome con un saco de muerte en su espalda. Con una soledad cósmica, si no muero lo suficientemente rápido.

No necesito artes adivinatorias para saber mi futuro, necesito un tiro certero en el paladar.

Que alguien, llegado el momento, destroce con un martillo o con un disparo a bocajarro mi cerebro cuando mi semen rezume por su coño, porque ese será el único momento en el que no pensaré que me quedaré sin ella al morir. No pienso que me voy a morir cuando de su vagina mana mi leche.

No quiero un purgatorio de una eterna fracción de segundo alojado en el último latido de mi corazón.

No quiero pensar, solo quiero amarla a costa del tiempo, de mi vida.

Para Aragón, mis segundos más veloces, mi tiempo sin freno.

Iconoclasta

¿Y si su alma reside en su vagina? Es lo que pienso cuando acoge mi pene.

Toda esa cálida, resbaladiza y vertiginosa humedad…

Inacabable, insalvable…

La mía, mi alma, habita y se crea en mis cojones. Lo sé porque me la extrae y me deja vacío; mi bálano palpitante y exhausto es la prueba de un morir, de un no saber si soy humano o un bruto sin alma.

Su alma, ergo su coño, es voraz. Es mi basílica pagana e idólatra.

Y mi pene es el pecador reincidente que busca obsesivamente su absolución.

Yo solo me abandono con los brazos en cruz y mi polla escarificada para que me arranque de nuevo el alma en una pornográfica penitencia.

Iconoclasta

El amor no se busca

Publicado: 21 abril, 2012 en Amor cabrón
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No hay forma alguna de encontrar el amor. No se debe buscar, es un animal astuto que huye cuando se da cuenta de que es perseguido.

Es una bestia tímida con un poder desmesurado que no controla. Es oro envuelto en brea. Una cosa oculta que explota radiando y arrasando los corazones sin ninguna piedad.

El amor es azar de desesperados. Aleatoriamente agresivo.

Solo hay que sentarse en un banco en el páramo y ser solitario. Aparentar estar bien, no necesitar nada; será entonces cuando el amor llegará huyendo de una jauría de cazadores porcinos que lo persiguen con cuchillos y ratas con collares de diamantes. Marranos envidiosos que destruyen todo aquello que no tienen y ambicionan. Son religiosos y usureros, son millonarios y son políticos.

El amor no se busca, te encuentra, te invade, te enferma.

El amor se metió en mis huesos huyendo de esos podridos cerebros llenos de leyes, tradiciones y oraciones. Fue como un fuerte dolor de cabeza y un vacío que me contraía el estómago provocando una arcada.

Estaba perdido. Los cerdos nos perseguirían para apresarnos, arrancarnos el corazón y robarnos el amor. Así que intentaba ser ciego a su belleza, a su voz de una cadencia desesperante de deseo y sensualidad. Y callé. Me negué a reconocer que la amaba y encerré todas las ilusiones en el desván herrumbroso de mi mente. Amar es peligroso y te esclaviza; pero fui cobarde de vivir y morir sin ella y el amor me infectó completamente.

Por otra parte duró poco mi resistencia a sus anticuerpos y además de dejarme enfermar decidí amarla con voluntad suicida. Y estuvo bien.

No puedo decir que fue lo mejor que ocurrió en mi vida, porque ellos, los envidiosos y frustrados nos acosan a los que tenemos contacto con lo sublime. He de ser discreto y secreto.

¡Shhh…! No corráis la voz.

La repito cada día hasta casi convencerme, la dedico a los marranos que rigen con sus leyes y oraciones los países y los colegios:

ORACIÓN FALSA PARA ENGAÑAR A LOS FARISEOS.

No la amo, no estoy enamorado.

Solo deseo que me haga una buena mamada sin pagar.

Correrme en sus tetas.

Escupir en su coño y sorber lo que se desliza de su vulva.

Quiero que se folle a otro mientras me masturbo. La quiero para joder sus agujeros, para anular su pensamiento y despreciar su mirada. Ella es solo un recipiente de mi esperma. Un desahogo a mi instinto sexual. A mi erección dura y mojada.

Le tiro dos billetes de veinte pesos a la cara cuando me levanto de la cama, para que sepa lo que vale para mí.

Y cuando siento que el asco y el vómito me doblan ante esta brutal y blasfema plegaria contra mi diosa; en un cuarto a oscuras o asfixiándome en un pantano de arenas movedizas musito con un dolor inmenso en mi corazón:

ORACIÓN DE CONTRICCIÓN ENTRE MI AMADA Y YO.

Te quiero más que a mi puta vida.

Follarte no es mi placer, mi placer solo se alimenta de tus gemidos. Mi semen se derrama solo ante tu violenta contracción del orgasmo. Si escupo mi blanca alma, es por ti.

Podría pasar mi vida sin eyacular una sola vez si no estás tú.

No puedo vivir sin ti.

Mi polla es un monumento erigido a ti.

Mi leche solo adquiere importancia sobre tu piel; en lo profundo de tu coño.

Mi pensamiento es absolutamente tuyo.

Hay cosas peores…

Hay quien no conoce el amor, aunque no estoy seguro de que pueda ser peor. Mi dependencia de ti me roba el libre albedrío, no puedo elegir.

El amor es una soga de seda que estrangula el ánimo, y quiero morir asfixiado entre tus brazos.

Y así, engañando con esta oración al mundo, afirmando que el amor es pura prostitución, voy amando indecente y clandestinamente sin que los envidiosos me jodan demasiado. Y sobre todo, que no la jodan a ella. Su coño es mío y es mío su pensamiento y es mi esclava y yo soy un mierda que enloquece cuando no está.

Es importante no alardear de estar enamorado, es importante saber que vivimos en un mundo hostil a nuestro bienestar y que cuando mejor estamos, más fuertes son los ataques de los cochinos de dos patas.

SALMO DEL ABANDONADO (conjuro-escudo contra los envidiosos):

No amo ni a dios, no quiero la compañía de nadie. Deseo morirme.

Soy infeliz y pobre, no follo ni se me pone dura.

Vivo odiando, temiendo y recelando.

Hijos de puta, no os fijéis en mí, no tengo nada que envidiéis, salvo mi valor. Y esto último es algo que no os interesa demasiado.

Porque no tenéis la más mínima clase. Os conozco, os identifico y sé exactamente que haréis a cada momento, sois económicamente potentes, influyentes; pero vuestro cerebro es de la calidad de mis excrementos. Sois previsibles como el movimiento de un peluche barato. Vuestros hijos no tienen más valor que un condón usado que se engancha a la suela del zapato.

SALMO DE ABSOLUTA RENDICIÓN AL MORIR EL DÍA (cuando la noche profunda ha cerrado los ojos de todos esos que deseo ver muertos):

Te he amado a cada segundo, y aunque duermo a tu lado cada día, no basta.

Entendería la vida completa y feliz si fuéramos fusión, si viviera y pensara dentro de ti, en ti, contigo.

Amarte es la indecencia de abusar de cada abertura de tu cuerpo, de llenarte toda con todos mis recursos.

Si ellos murieran, si el amor no fuera perseguido y castigado, el día sería nuestra noche eterna. Te amo a cada momento, tan secretamente por el día, como obscenamente intenso por la noche cuando la luz no delata el amor.

Iconoclasta

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Mi alma egoísta

Publicado: 4 abril, 2012 en Amor cabrón
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Hay algo que no funciona correctamente, mi tiempo se acaba; como siempreen la puta vida lo bueno es breve.

Le voy a pedir que acepte el compromiso de morir conmigo.

La necesito hasta en la muerte.

Aún así, el tiempo pasa rápido, debo hacer algo al respecto; algún trato con el diablo si existiera; mi alma que se pudra en el infierno, no importa. Lo que quiero es más tiempo para follarla y otras cosas, le podría arrancar al puerco Satanás unos años más con mi alma. Eso espero; porque mi alma es fuerte, es dura como el acero; demasiado para esos seres celestiales de algodón de mierda blanca. Y quiero la lujuria de su cuerpo, el calor de sus labios y sus palabras en mis oídos antes que la paz eterna.

Que se metan la paz en el culo.

No es una cuestión de cobardía no querer morir. Es egoísmo puro. Lo fácil es estar con mi amada; lo difícil es dejar este mundo solo.

Vivir con ella no es un sacramento, no es norma. No tengo elección: no puedo vivir sin mi amor.

Así que hablemos de la muerte.

Le llevo años de ventaja, es algo que me obsesiona. Me molesta que la muerte me deje sin ella.

Soy muy valiente, muy despegado de la vida y cínico. Pero me voy antes y no me gusta. Necesito toda la eternidad a su lado. ¿Cuánto me das por mi alma egoísta, Satanás?

Tampoco puedo proponerle que se venga conmigo. Debería asesinarla y luego suicidarme; pero no tengocojones más que a acariciarla y perderme en la indecente suavidad de sus pechos, de su vagina anegada que unta mis dedos de ella misma.

La amo demasiado para hacerle daño. ¿Qué coño pasa…? ¿Por qué es todo tan complejo?

No veo solución.

No sé si el diablo tenga a bien darme un par de años más y durante los cuales, tal vez en un accidente muramos los dos juntos.

Amarte me hace egoísta y peligroso.

Es una reacción normal dado mi carácter. Te quiero exclusivamente a todas horas. Exijo todo el tiempo del mundo.

Te ofrezco mi culo Satanás y yo beso el tuyo por ella.

No me gusta perder.

No entiendo el amor si no estoy a su lado, no me es posible ser feliz amando porque la vida sin ella se acaba. Es un problema difícil de resolver. Cuando se ama nunca hay suficiente tiempo.

Ella hace lo que puede, es omnipresente en mi pensamiento; pero eso no basta.

Tenemos que conocer juntos muchas más cosas y los días pasan rápidos como los besos.

No hay suficientes besos y no existen días enteros. La semana es una sucesión de medios días. Todo corre demasiado rápido a su lado.

Soy una mecha rápida. Demasiado rápida.

Que Satanás me ayude, es el único que puede hacer la contra al Puto Dios Misericordioso de mis huevos peludos.

No tengo más remedio que blasfemar ante la ira, ante mi rabia que hace descolgarse hilos de baba hostil de mis belfos.

Que alguien maldiga este amor, que nos haga malditos y eternos, esta es mi solución. Es mi utopía.

Mi indecente y egoísta utopía.

Iconoclasta

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Yo no soy esquizofrénico

Publicado: 8 diciembre, 2011 en Amor cabrón
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Yo no soy esquizofrénico, sin embargo tengo una doble personalidad.

Estoy yo y está Él: el Dios Polla, el Pene que vive su propia vida. El maldito ser que me traiciona; que pone de manifiesto mi deseo quiera o no.

Necesito hablar seriamente, siento la necesidad de ser racional; pero ella me mira de cintura para abajo y sabe que no lo conseguiré y ríe con su cómplice. Con mi segunda personalidad que acapara la suficiente sangre para dejarme el cerebro seco.

Mi pene no entiende de palabras ni emociones, se endurece ante ella, ante el recuerdo de sus manos descapullando el placer, besándolo, lamiéndolo. Tragando todo el amor que mi pornógrafa personalidad escupe dentro y en su piel. En sus ojos, en su cabello…

Está hermosa, mi pene la hace intensamente guapa.

No la puedo apartar de mi mente, no puedo dejar esta erección dolorosa, inconsolable.

Me duele…

Pero no me hace caso. Su función es joderla. Siempre acabo rendido ante los deseos de ambos: de ella, de él. Del que vive entre mis piernas, el que parasita mi riego sanguíneo y me obliga a acariciarme, a descubrir mi baboso glande a la atmósfera. Bendito frescor el del aire en mi capullo recalentado…

Con los dedos entre mis pesados testículos y el bálano, se me tensa el vientre y descargo a presión, sin control. El ombligo se inunda y todo es paz durante ese desfallecimiento del Dios que me esclaviza.

No puedo afirmar que estoy triste sin ser traicionado por mi otro yo. Es imposible que me tome en serio cuando mi erección tensa la ropa que cubre mi polla.

Mi puta polla…

No odio a mi pene, no pretendo extirparlo; pero me hace imbécil.

A veces creo que piensa cosas feroces, cosas hostiles para la ternura. Y decide invadir su coño bendito, alojarse, apretarse y soltar su carga de semen contra toda emoción racional de amor y ternura.

Yo me rindo ante la indecente violación de su cuerpo. Y soy un instrumento en poder de mi pene.

Es un dios que se muestra impertérrito ante el llanto, la risa o el miedo.

Él no se preocupa más que de endurecerse, empaparse y penetrarla ante la sola visión de sus labios.

Soñamos con restregarnos por sus pechos y dejar un río blanco en su torso, un río que se extienda hasta el mismo vértice de su coño y se haga dos inundando la vulva que besamos, lamemos y penetramos.

No puedo consolarla cuando está triste, porque mi esquizofrenia presiona y palpita ante el calor de su cuerpo.

Otra vez sin sangre para pensar, otra vez mi miembro intenta alojarse entre sus piernas, busca penetrarla. Yo solo puedo presionar contra ella y dejar que fluya este líquido viscoso que me lleva a la desesperación.

Orino y está presente en la gota que se prolonga y que cuelga de mi meato demasiado sensible. Cierro los ojos y dejo que pese la gota, que se balancee.

La gota me masturba en sórdidos urinarios, en malolientes lugares. Mi esquizofrenia no considera los decorados.

Mi pene es obsesivo, cada día exige más. Cada día la ama más, quiere amar más que yo. Quiere poseerla más que yo.

Yo no soy Jeckill, no soy docto; pero mi mister Hyde, no tiene piedad de mí.

Ella no tiene piedad con su desmesurada sensualidad. Con su erotismo a flor de piel.

A flor de mi polla.

Yo no soy esquizofrénico y si lo fuera no desearía tratamiento.

No es una alucinación lo que tengo entre mis manos palpitando.

No lo soy.

Iconoclasta

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