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El titular ha llegado tarde, hace semanas que los reinos taifas y sus ayatolás (presidentes autonómicos) están hambrientos por tomar el poder y así, robar todo asomo de libertad y arruinar a la población.
Los fondos de la unión europea del coronavirus es un jugoso botín para repartirse y se les escapa la baba echando mano hacia los billetes.
Es como Alí Babá (los caudillos Sánchez, Iglesias y sus secuaces íntimos) y los cuarenta ladrones (gobiernos autonómicos).
En España, vivir arruinado y preso es el final al que aboca el fascismo de la nueva normalidad, lo que importa ahora es la capacidad de elección de los oprimidos, de cómo vivir el final: como gusano sumiso o con dignidad y rabia.

👿Los ayatolás catalanes contra las libertades.👿

Los ayatolás de la República Islámica de Cataluña han iniciado su feroz ofensiva contra la libertad y la economía del pueblo catalán.
😬Que Alá los maldiga.😬

Y aquí podemos apreciar a los caciques de la nueva normalidad fascista española, pactando y compitiendo a ver a cuantos ciudadanos son capaces de encerrar de una sola tirada.
Disfrutan como cerdos en una charca repleta de coronavirus.
Lo que digo, si no teníamos bastante con los Caudillos, ahora tenemos a sus reyezuelos o presidentes autonómicos abusando de su poder y extorsionando todo asomo de libertad.

Mirad a los puercos, jugando con mi libertad para conseguir sus fines; regateando y comerciando el tiempo que me permiten vivir libre. Su extinción es un sueño dorado, no puedo hacer otra cosa que soñar con la evisceración de sus cuerpos.
Con su democracia de mierda, junto con la mascarilla y la prisión llamada confinamiento, pueden hacerse un buen supositorio.
¿Quién cojones son ellos para decidir sobre mi libertad?
Solo son unos mierdas. Me jode que un ladrón con deficiencia mental tenga el poder de destrozar mi libertad.
Siempre ha sido así; pero no soy un cabestro que se acostumbre a semejante estafa y semejantes tarados mentales.

Junto con el coronavirus, como daño colateral ha surgido una serie de parásitos que pomposamente se hacen llamar epidemiólogos, sanitarios, economistas, periodistas que nunca lo fueron…
Los expertos son, ni más ni menos, que idiotas con mucho dinero, tiempo libre y mucho espacio e inmunidad para moverse. De ahí que insistan en seguir robando todo asomo de libertad.
Así que sus consejos de mierda, no son de aplicación para ellos mismos. Por una suerte o un azar, tienen mucho dinero y están muy alejados de la realidad. Tanto que son los ciudadanos bien situados de la nueva decadencia de la Roma de Nerón, en la España fascista de la nueva normalidad del coronavirus.
Que callen los putos expertos que no tienen puta idea de nada.
Y que el coronavirus infecte sus bien situados y acomodados genitales.

Deben tener miedo a que el 13 sea un reservorio del coronavirus y fuente de infección.
Se han tomado tan en serio su cobardía que, no son capaces ya de pronunciar ni escribir el número 13 (de mala suerte para los supersticiosos). Ya era habitual; pero ahora se trata de evitar acobardar más a los cabestros cobardes, sean machos o hembras.
Y es tanta la cobardía y la hipocresía fascista, que quieren joder a unas enfermeras porque han hecho una comedia simulando una muerte por coronavirus. Seguramente, los cobardes de mierda que han visto el video horrorizados, al ver que era una broma se han sentido engañados de no ver una muerte real. No hay nada peor para las bestias de pasto cobarde como ver que alguien sea valiente y con humor. Porque la cobardía es el traje de la envidia.
Un solo valiente pone en evidencia a millones de cobardes.
Ser cobarde no es algo de lo que sentirse orgulloso. A los cobardes se les pega palizas por el simple hecho de serlo (no se puede negar el placer cinegético de cazarlos, es puramente instintivo) y se les mete en duchas de Ciclón B en rebaño. O se les mata de hambre, mientras se esconden en sus casas por miedo a respirar aire libre.
Me temo que la cobardía ya no es simplemente una emoción temporal o un sentimiento. Es tan fuerte y virulenta hoy día, que debe ser un tumor, un cáncer, alojado en el cráneo (los cobardes tienen un cerebro pequeño y siempre cabe algo más ahí dentro), que no los mata; pero los hace más imbéciles de lo que en un principio nacieron.
Es muy urgente e importantísimo que el coronavirus, la guerra, el hambre o un incendio planetario mate a millones de seres humanos para limpiar esa cancerígena cobardía.
De lo contrario, se habrá perdido la característica humana más importante que permitió sobrevivir y evolucionar a la especie humana durante cientos de miles años: el valor, la nobleza.
Sin valor, el ser humano se convertirá en una mutación entre rumiante y roedor que servirá de alimento para una especie superior; y por tanto será su extinción.
Que la especie humana no vea la entrada del próximo año, ésta es mi voluntad (que se muera, a ver si así lo entienden los lelos). Si yo fuera el nuevo mesías o el anticristo, ahora mismo no habría esperanza de vida para nadie.

Europa ve la reforma del poder judicial español demasiado parecida a la polaca.
Y es que si algo tiene el fascismo español, es que absorbe lo peor de cada país, como ocurre con sus estados de alarma por coronavirus que calca de la dictadura china y de los asuntos judiciales que calca de los polacos.
El gobierno español se alimenta de excrementos.

Es justo lo que ocurrió durante el estado de alarma que impuso la dictadura de Sánchez e Iglesias, mataron a más gente que el coronavirus al dedicar hospitales y recursos solo a los acatarrados por coronavirus. De ahí que les fuera incómodo realizar autopsias, ningún dictador se carga sus crímenes a sus espaldas.

No es necesario ser epidemiólogo para llegar a esta conclusión sobre la pandemia del coronavirus, basta el sentido común y moderar la intensa cobardía de una población y gobierno decadentes hasta el vómito. Es la primera noticia en la que se critica con fundamento médico el confinamiento, al fascismo se le ha debido pasar por alto censurarla.

https://www.larazon.es/sociedad/20201008/tb3qgldfdjaivg47daxxuxa6bu.html

Este tiempo de coronavirus, después de todo, lo disfruto como una moda de ropa que me sienta bien. Me da buen rollo hacia mí mismo.
Yo no soy de llevar mascarilla, soy absolutamente inmune a la cobardía global; y cuando me cruzo ante alguien que lleva mascarilla no en el hocico, si no colgada de una oreja o de la mano como un bolsito maricón; se apresura a cubrirse la jeta con esa mezquindad y mediocridad tan propia del miedo y la castración mental.
Y es en ese glorioso momento, en el que me elevo por encima de ese espécimen (sea joven, adulto o viejo) como un ser superior al que temer. Muy por encima del que se ha colocado el bozal con tanta urgencia.
En definitiva, me siento dominante, territorial y para mayor inri, muy guapo.
Es la misma sensación que da llevar una buena ropa, un buen calzado y un reloj de siete mil euros.
Y porque no me dejan, que si no también entraría a comprar tabaco tosiendo y escupiendo al suelo.
¿Veis? Alguna cosa buena debía tener este asunto de los bozales anti-coronavirus (que no sirven para nada; pero calma la ansiedad de los mediocres).
En definitiva, me siento tan poderoso como aquel puñado de conquistadores que portaban el virus de la gripe; ese grupo de amiguetes que se hicieron con todo un continente lanzando un par de escupitajos mientras se rascaban el culo contagiando a las macizas indígenas con buenas tetas aún.
Yo y los indígenas…
Precioso.