Que no deje de amarte en un mal lugar y tiempo; rodeado y acosado por el fascismo, los cobardes, los hipócritas y los mezquinos; tiene un millón de mérito. Me debes tres mamadas seguidas, tus bragas húmedas y el beso más potente que puedas darme en la noche más oscura, cuando la enfermedad haya aniquilado a toda la puta humanidad. Rabio por tenerte. ¿Ves? No todo es asco por lo que me rodea y asfixia. Acuchillaría seres humanos uno tras otro y te seguiría amando a corazón sangrante. Te seguiré amando a pesar del odio homicida que siento, cielo. Ya sabes, exigiré el pago correspondiente por amarte por encima de todo y de todos.
No puedo dejar de escribir porque sería no existir. Mientras lleno páginas con palabras, respiro. De ahí las dichosas apneas del sueño… Debo programar una alarma nocturna para que suene cada dos horas y no dejar de escribir así, mis estupideces, esas que me dan oxígeno. El problema del papel no es el ecologismo, el problema es que los puercos no quieren que escribas tu pensamiento real en un soporte táctil, tridimensional. Es pura envidia y control. Es el fascismo de la ignorancia y la incapacidad intelectual global.
A mí me importa nada la humanidad y su futuro. No soy aficionado a ser santón y buen tipo en general. La cuestión es que la humanidad tiene una vida muy larga y la mía es muy breve. Así que no me planteo ninguna acción para el futuro. Solo me importa el presente bienestar, el mío. No soy responsable de las negligencias de las futuras madres y padres. Tengo un hijo; pero es como yo: no necesita caridades y bondades de nadie para vivir y sobrevivir. En mi bienestar no contemplo la posibilidad de perder el tiempo separando desperdicios o guardar profilaxis para evitar que una epidemia pueda contagiar a todo el puto mundo. Tampoco me preocupa el consumo energético, me gusta la luz y como puedo permitirme el gasto, uso la suficiente y mucha energía para encender toda mi casa a mi gusto. Yo debo hacer lo que quiero, porque ya está el gobierno y los negligentes cobardes e ignorantes que lo forman para joderme con sus prohibiciones e impuestos. Comprendo que haya santones que nacieron con esa necesidad de cuidar de los demás: preparar la bienvenida al mundo de las próximas generaciones y tenerlo todo bien limpio y en buen estado de conservación; al menos eso cuentan en su mentidero público de feisbuc o tuiter. Yo soy infinitamente mejor: para que las próximas generaciones puedan vivir, han de aprender lo dura y puta que es la vida; porque si crecen en un lugar donde todo es perfecto, seguirá ocurriendo como ahora: han nacido unas cuantas generaciones cobardes, lloronas y homosexuales en poco tiempo. Y lo que es peor: ignorantes hasta ser condenados a ejecución. Es aconsejable, aconsejable no; necesaria, la ocasional muerte de los seres humanos. La naturaleza es así, los hay que mueren para no enturbiar la genética de la especie. Este es el gran problema que acucia a las sociedades de hoy en día: la falta de selección natural y la salvaje y masiva fertilización de mujeres que no hubieran debido parir porque la naturaleza no lo permitía. Demasiados nacimientos forzados y artificiales lo están jodiendo todo a marchas forzadas.
Cuando el silencio humano se hace presente durante un prolongado espacio de tiempo, pienso que no habría drama alguno en ser el único ser humano del planeta. Estoy dos veces bien. El drama empieza cuando aparecen las primeras voces humanas tras ese paraíso de silencio y se rompe el hechizo dejándome abandonado en la mediocre realidad de un tiempo y lugar en los que no pedí nacer. Es entonces cuando estoy dos veces mal.
Como soy una persona sensible al arte, de una sensibilidad exquisita y necesariamente desequilibrada como todo buen artista disidente que se precie, tengo un rincón de mi guarida decorado con obras realizadas por YO DIOS en las que vomito todas mis preocupaciones y miedos de una forma plástica que deja con sonrisa boba a los mensajeros que al abrir la puerta de casa, me entregan los productos que he comprado por internet; ya que al tener la mascarilla en la pared, no puedo salir a comprar. El arte requiere unos sacrificios gratificantes; pero mortificantes.
Lo más repugnante de la esencia humana surge cuando un peligro amenaza a un gran número de reses o bestias humanas. Atemorizados, acobardados y llorando; exigen solidaridad y cargan contra el individuo libre su ponzoñosa cobardía forzándolo a ser responsable por el bien del rebaño. Si has pasado por malos momentos económicos o de salud, sabes perfectamente que ese rebaño cobarde ni ha hecho, ni hará nada jamás por ayudarte. Y lo cierto es que no siento deseos de ser mártir o joderme por la chusma. Igualito que la chusma ha hecho por mí. Sin ninguna clase de respeto a los gusanos y sin ningún prejuicio moral de mierda, haré todo lo que deba o quiera con independencia de si es bueno o malo para ese colectivo, comunidad o sociedad mierdosa, cobarde e hipócrita. Cuando conoces perfectamente el insecto humano, cualquier daño o consecuencia que pueda padecer o disfrutar es intrascendente, ergo indiferente. La mascarilla bien podría asfixiarlos a todos y yo sentir que todo está bien, aunque sea solo por una puta vez en la vida. Por lo demás, a estas alturas de la reflexión, todo aquel que sepa leer, ya sabrá para quien creo que es necesaria la mascarilla. La puta mascarilla.
He visto dos águilas siguiéndose en vuelo bajo por un prado, en un cortejo. Como si jugaran; pero querían follar. ¡Ja! Una pequeña serpiente ha reptado a unos centímetros de mis zapatos. Muy pequeña… Daban ganas de preguntarle: ¿Dónde vas tan sola a estas horas por el bosque? ¿Y tus padres? Luego no he sonreído, he pensado que si alguien me prohibiera vivir estos momentos, le parto el corazón clavándole mi cuchillo en el pecho. No sé en qué momento ha sido; pero me he dado cuenta de que acariciaba la navaja. Y he pensado en aquel romanticismo de que la libertad con sangre se gana. Está bien, matar por la libertad es la forma más noble de asesinar y no es pecado. Es legal. Y pura ética.
La abeja idiota me picará y luego morirá. Y yo blasfemando y rascándome, seguiré vivo, la veré morir. Siento pena por ella, solo una vez en la vida es capaz de gozar de su poder venenoso y agresivo. Yo puedo golpear y matar ahora, mañana, y al otro, y al otro, y al otro… Es una suerte no ser abeja. La naturaleza no es sabia, solo es puta con algunos seres. Los gobiernos son igual, tienen a sus favoritos y a quien humillan, aprisionan y asesinan; bien con hambre o con un tiro en la cabeza. La sociedad es una torpe parodia de la naturaleza. En las sociedades humanas el más idiota, inepto y vago llega a las esferas de poder con el voto y apoyo de una mayoría: los sin cerebro. La naturaleza ha hecho cosas buenas; pero las sociedades humanas aún no se han extinguido, simplemente, por causa del azar. La prueba está en que los mejores momentos de una sociedad: buena economía y libertades sociales de calidad, se encuentran tras una guerra que ha causado millones de muertos, una vez superada la posguerra (cuatro o cinco años) lo nuevo florece encima de las ruinas y los mezquinos cadáveres. Toda sociedad precisa algún largo periodo de exterminio humano para no asfixiarse a sí misma. Lo que me hace pensar que, básicamente el coronavirus ha matado a aquellos que no tienen edad para ir a la guerra. Ahora les toca morir a los que sí están en edad de morir en los campos de batalla. Y es que de morir no te libras, de coronavirus, de tiros o de hastío puro (la muerte más horrorosa y cruel).
El vacío que dejan los humanos cuando no existen o están, es fascinante: sus posibilidades Se crean mundos extraños que barren toda la vulgaridad de tantos siglos y siglos de su presencia ensuciadora. Los mundos que sueño cuando ellos no están, son extraños, son angustiosos, son hermosos, o son decididamente temibles. Pero amo ese vacío y cada una de las luces y formas que puede crear. Tal vez una epidemia haya conseguido hacer realidad un mundo que siempre he soñado, donde la injerencia ajena en mi pensamiento sea igual a cero. No soy un ingenuo de mierda, durará poco, yo busco los lugares y los momentos de vacío humano, diríase que no tengo otra cosa que hacer. Es una forma de asear el planeta. Y ser hiriente se me da bien de una forma natural.
Mostrarse en foto no es exhibicionismo, es directamente hacer el ridículo según el sujeto que lo haga (YO): es superfluo y no aporta interés hacer tal alarde de mediocridad. Lo que sí es exhibicionismo es mostrar sin pudor algunos pensamientos, algunas interioridades. Algunas putas frustraciones… Una forma amable de llamar al fracaso y a la insoportable sensación de no estar en el tiempo adecuado. Y eso sí que es patológico, porque una vez has comenzado a denigrarte con esa introspección devastadora, no puedes parar de hurgar hasta llegar al hueso. Y luego al puto cáncer que hay en la médula. Y luego arrancar con alicates trozos de alma, si la tuviera. Lo bueno es que cuando has asumido que eres un mierda, no hay ningún problema para concluir del resto de la humanidad lo mismo. Si tomara drogas se me podría perdonar todo lo malo que soy y lo que describo; pero no tengo excusa alguna. No es por excusarme; pero siempre hay alguien extraño y fascinante que te quiere a pesar de todo y ella sí que busca excusarme, o mi salvación a ojos de las bestias. Iba a llamar a la foto ejercicio de simetría; pero no hay simetría alguna, solo una estupidez de una banalidad dañina para mí mismo. Tal vez necesitaba disciplina, mostrar la basura. Corto y cierro. He tenido días no tan malos. Mierda… Afortunadamente llueve y hay luz de muerte.