Archivos de la categoría ‘fotografía’

A: Tenía la ilusión de que al arrancarle la hoja al árbol, se quejaran por un dolor alguna de las partes ante la tragedia de la amputación.
B: Por un momento pensé que las gotas en la hoja pudieran ser sangre. Eran agua. Simple lluvia.
C: A pesar de lo incruento del color, es bello y su textura cálida. Como si aún le quedara sangre en movimiento.
D: Está visto que los mejores resultados para realizar la foto de una cruenta tragedia de otoño, se obtienen con la amputación traumática de extremidades de seres vivos cárnicos, preferiblemente sin demasiado pelo en las extremidades.
E: No hay magia alguna en el planeta. No hay bellas tragedias. Demasiada simplicidad para mi gusto.
F: Tengo unas ganas de largarme… Me aburro.

Respiro los minutos y me sacudo sus cenizas de la piel. Es desesperante, nunca consigo quedar limpio.
El horno que incinera las horas no se apaga jamás.
A veces me asfixio y abraso. Muchas.

El río es como yo, cuando está furioso no le importa su destrucción. Solo necesitamos liberar toda la presión y la frustración acumulada con violencia salvaje.
Aunque nos joda.

Si yo fuera Dios te mataría ahora mismo para que estuvieras conmigo toda la eternidad.
Me perdonaría a mí mismo y dejaría que el universo se pudriera para dedicarte toda mi omnisciencia. Te enamoraría hasta el dolor.
No te regalaría flores, las crearía para ti.
Qué suerte has tenido (y el universo), amada mía, de que tan solo sea un mierda.

Me gusta el silencio previo a la lluvia porque, todos los seres expresan con él sus temores: ¿será la última lluvia? ¿nos ahogará? ¿seguro que será agua y no mierda?
Y mientras todo ese temor primigenio se apodera de los seres vivos, se me ocurre que me falta ajo.
¿A qué precio está la malla de cabezas de ajo? ¿Son radiactivos los de color morado?
También me preocupa mucho que un día me receten supositorios. Es la medicina más denigrante.
Es tan puta la vida…
Como siempre caerán dos gotas, únicamente para emborronar lo que escribo.
Y no habrá calamidad alguna.
Qué aburrimiento.

La felicidad es un estado de gracia buscado por los pusilánimes. Yo no quiero felicidad, quiero hacer y tener cosas que deseo sin aparatosas ingenuidades e histrionismos escandalosos de dicha de mierda.
Por otra parte, la muerte es lo que lleva a trascender (por decirlo de algún modo), la felicidad es solo una banal y temporal sobreproducción hormonal.
Hay cadáveres de saltamontes felices sin pudor a los que no se presta atención.

Tengo la sensación de estar mirando un paisaje un tanto lejano y ajeno a mí desde una ventana, con cierta melancolía por desear estar ahí.
Parece un paisaje de cuento…
Y caigo en la cuenta de que estoy ahí, dentro y entre las montañas y el río. Con las caóticas nubes haciendo caricias obscenas a los bosques
Es magnífico.
Es mejor morir aquí que donde me parieron, en la sucia ciudad.
Es importante morir donde debes.
Es importante salir y encontrarse en un cuento durante unos segundos de controlada ingenuidad.

No falta nada, es todo lo que necesito.
El tabaco está en el bolsillo de la camisa y tú en mi corazón, profunda e inevitablemente clavada en él.

Hoy había en mi territorio un cielo espectacular. Y admirándolo he reflexionado profundamente.
Si alguien muere riendo, irá al infierno por guasón.
Si alguien muere llorando, irá al infierno por patético.
Y el que no haga aspavientos y permanezca sereno, irá al infierno por insensible y borde.
Solo los que puedan pagar una pornográfica cantidad de dinero podrán acceder al cielo, como lo hacen los que quieren dedicarse a la política profesionalmente y han de pagar una buena pasta por unas cientos de miles de firmas que los avalen y poder presentarse como candidatos para alguna mierda.
Por esta razón hay tan pocos en el cielo y son tan hijoputas.
Y está bien que sean escasos, no me gustaría ver un cerdo volando en estos instantes de belleza.