Archivos de la categoría ‘fotografía’

Llorar sangre

Lo malo de llorar sangre, es que es imposible.
Si fuera posible existiría la sinceridad y la valentía.
Y habría muertes por auténticas tristezas sangrantes y desangrantes.
Querer elevarse por encima de la mediocridad comporta ciertos riesgos. El maldito romanticismo dice que donde no hay tragedia, no hay coraje y una nobleza que demostrar.
Es lo que tiene el verdadero y salvaje romanticismo: es trágico y absurdo.
Tengo libros y libretas en la mesita de noche para sentirme tranquilo y preparado para anotar unas últimas palabras sangrientas en una última fría y oscura noche, o en un amanecer que pudiera ser temible en su similitud con el de ayer, y el de anteayer, y al otro, y al otro, y al otro…
Tengo papel y pluma para transformar los vulgares gritos de los borrachos, en los alaridos de mi alma condenada. O el sonido de una tos matinal, en el rugido de un volcán por el que subo con una pata de palo buscando una muerte épica.
Lo que sea para disfrazar la insoportable realidad de los días y noches iguales.
Bellas lágrimas de sangre que no caerán jamás. Tragedias imposibles…
No soy nada, no soy nadie.
Un réquiem por el hombre que murió en el momento de nacer y no lo supo hasta que ya era tarde para desnacer.

Demasiado def

Demasiada cabeza, demasiados años, demasiada piel seca, demasiado cansancio cerebral, muscular y óseo.
¿Buscar vida eterna?
Dorian Gray era un mierda.
Solo quiero largarme de una puta vez.

Ranas extraterrestres

A veces creo que sin darme cuenta, he sido abducido por seres psicodélicos a un planeta extraño. No sé si me sondan o no. No quiero hablar de ese tema, me provoca sarpullidos en el cerebro.
Y allí las ranas son del tamaño de un cerdo, coloridas, buenas escaladoras y alguna usa teléfono.
Y luego pienso que si en lugar de una tapa de champiñones al ajillo, me han servido una de peyote. Entonces sería lógico que las viera aunque no me hubieran abducido. Lo cual es un descanso porque evito la molestia de que me metan una sonda anal, que es básicamente lo que más me preocupa del problema extraterrestre.
¡Y qué ojazos tienen los batracios!
Hay momentos tan surrealistas, que en lugar de reír estúpidamente colocado, dan ganas de ir a un psiquiatra de urgencia.
Y fumar.

Un término medio

La humanidad no acaba de encontrar el término medio entre reír y llorar.
Como si el planeta fuera pura neurosis.
El término medio debería ser la moderada reflexión en soledad, entre risa y llanto; pero la chusma lo confunde con depresión, cosa que no siempre, desafortunadamente, deriva en suicidio.

Las distancias de la imaginación

Las distancias y los espacios son relativos en su tamaño según los seres y su tamaño.
Y según su imaginación si se da el caso.
Para mi gato Murf, un pequeño salón es una pradera.
Me provoca una insólita ternura su pequeñez en el medio que ambos compartimos y en el que me ahogo.
Su imaginación no me preocupa; los animales nacen completos y adaptables.
Por ello no necesitan soñar, no tienen que padecer el estigma de la imaginación.
Soñar es para los inadaptados, para los que no encontramos un lugar adecuado en el planeta, y posiblemente, ni en el universo.
Todo está mal hecho y nos asfixia.
Y la imaginación es una constante que nos lleva a la frustración.
Los animales no dudan ni por un segundo de su esencia y pertenencia, toman posesión del territorio que les da soporte y viven mirando al cielo y lo que se pueda cazar.
Nacieron perfectos e incorruptibles.
Yo no, por muy bestia que sea.
Soy mutación extraña.

Engaño y sinceridad

Lo malo de mentir es no parecer creíble.
Si no mientes bien estás acabado.
La política lo confirma.
Y que nadie se engañe, la política es el reflejo mismo de la sociedad y los que la habitan.

Son muy graciosos esos fanáticos ingenuos de la sinceridad.
Aquellos que dicen ir siempre con la verdad por delante o la exigen con rostro grave y severas palabras, solo hacen vanos intentos por ocultar su torpeza e incapacidad para discernir la mentira.
Y por ello muestran sinceramente su inseguridad e ingenuidad.
Hay que recordar que la ingenuidad en un adulto es el producto de la ignorancia o de una tara cerebral.
Nada de lo que sentirse orgulloso.
Es muy cómico que alguien exija la verdad y crea que se la van a ofrecer.
Es muy cómico que un cura pueda creer que lo que escucha en el confesionario es cierto.
Los tribunales de justicia son ferias de la estupidez: “Juro decir toda la verdad”.
No jodas…
Pardillos.
Al otro lado de la sucia ventana del vagón, hay nieve. Es pura sinceridad, una de las pocas verdades que no tiene peligro decir.
Es la máxima sinceridad que quiero ofrecer, cualquier otra cosa sería arriesgado e imprudente.

El frío

Es bueno el frío porque hace a los humanos menos complacientes consigo mismos.
Dijéramos que si estás preocupado por la insensibilidad de los dedos y los mocos y lágrimas congeladas, te importa una mierda la cotización del barril de petróleo, por ejemplo. O el precio del kilo de tortillas de maíz (soy internacional).
El organismo está ocupado en generar calor y las orejas se esfuerzan en no congelarse.
Las orejeras, aunque indignas, cumplen su cometido, lo sé. Y por ello comprendo que algunos digan “yendo yo caliente, ríase la gente” (creo que las orejeras quitan muchas oportunidades de follar, sinceramente).
Pero soy vanidoso cosa mala y me siento orgulloso de mis pabellones auditivos, así que los luzco, aunque adquieran un tono oscuro de “quemadosporelfrío” a medida que camino calentando los pulmones con un cigarro tras otro.
Es que aún no he encontrado unas orejeras dignas de mí. Es un asco ser tan especial.
Del banco helado, que ahora no tiene utilidad alguna para paliar mi cansancio, hablaré otro día. Mierda…
Puto frío…

Misticismo

Si fuera un místico pensaría que la publicidad es un aviso profético. Pero no me hace falta de ninguna profecía para saber lo que me espera. Soy tremendamente práctico e inasequible a la ingenuidad.
Dijéramos que simplemente es divertido, y más teniendo en cuenta que ya he perdido muchas piezas dentales. Vamos, que no son para siempre por mucha muerte que lo afirme.

Citas, Humor, Iconoclasta, Música, Pablo López Albadalejo, Reflexiones de Iconoclasta, romanticismo, Ultrajant,

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La vida tiene un efecto negativo sobre la muerte: la retrasa.
Y en algunos casos, demasiado.

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Yo no lo pedí, me cansa. Me preocupa el asunto de la locura porque el amor es tragedia, caminar es agotador y odiar se ha convertido en monotonía.
La vida es demasiado larga.
A veces pienso en un momento de delirio, que el humo incinera el pensamiento y me convierte en simple carne.
Me equivoco, lo aviva y lo lleva a los pulmones para que intoxique la sangre y el pensamiento se extienda como un moco por toda la piel.