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Follar escribir

¿Y si escribir es mejor que follar? Si llegara a creer lo que invento, follaría con mujeres muertas hace decenios. Es amoral evocar muertos para follarlos.
Es una consecuencia de mi amoralidad. Me he propuesto ser indecente, no es azar.
Tal vez ni siquiera retiraría los ojos del papel.
Me bastarían para correrme unas palabras.
Escribir con los dedos resbaladizos pringados de semen.
Encender un cigarrillo que crepita mojado por los hijos que no nacerán.
No es una locura, es un pensamiento cuidadosamente escogido. Fríamente razonado.
Si escribiera palabras con sangre, no se coagularían jamás. Palpitarían orgánicamente (como su coño cuando lo cubre mi mano) en el papel llenas de vida y sufrimiento por las venas que no las cobijan.
Hay un punto de inevitable crueldad cuando escribo.
Es bueno. La locura niega la mediocridad.

Nacer para matar

No son las mismas palabras las que se escriben en un escritorio, que las que se escriben en la naturaleza.
No es el mismo pensamiento el que se desarrolla entre paredes que el que se desarrolla en lo profundo de un bosque.
Entre paredes tienes el control de cada palabra, de cada pensamiento hostil, porque estás rodeado y preso de razones, sonidos y presencias ajenas.
Interferencias.
Pero en plena naturaleza hay momentos en el que pierdes el control del cerebro y te olvidas de la hostilidad.
Te das cuenta en un preocupante ataque de ingenuidad, que en medio de tantos árboles y vida, no hay nada que odiar.
Y sonriendo aplasto un ser vivo que repta tranquilo por el sendero; sin saña, sin ninguna razón.
Concluyo que matar o morir, no es tragedia, son simples consecuencias de haber nacido.
Vuelvo al escritorio y siento con cierto desánimo, que no hay nada que matar con serenidad.
Es hora de odiar.

 

Absoluta libertad
Cuando me encuentro solo en un paraje sin seres humanos cercanos, me doy cuenta que todo lo que ocurra en ese momento, es mi responsabilidad.
No hay injerencia alguna.
Y en ese instante la vida vale la pena respirarla profunda.
Es la absoluta libertad, donde nadie depende de nadie.
Se da tan pocas veces ese momento, que siento que la vida es una sucesión de violaciones de la libertad.
Y se me han ido años de vida perdida.
No es justo, nunca ha sido justo el equilibrio entre libertad y mediocridad.
Lo han hecho todo mal…

La poda o la joda. Abril 2017. Samsung
Con los árboles tan mutilados por la poda, pienso en amputaciones y filos quirúrgicos. En el dolor y los analgésicos. En cirujanos y jardineros mediocres. Desganados.
El dolor ajeno se conjura con indiferencia.
No es perfecto; pero consuela a los cobardes.
Es tarde para la indiferencia, lo sé todo.
¿Acaso os gustaría que os cortaran las uñas al nivel de la articulación de una falange?
El dolor no se poda.
La poda es el dolor.
Las podas todas.
Y la tristeza de estar vacíos.

Apretones divinos
Dice el refranero popular con pereza y abúlica indolencia borreguil, que dios aprieta pero no ahoga.
Pues que haga lo mismo con sus sagrados cojones, que se los apriete a ver si le gusta. A ver si sonríe fraterna-materna-paterna-filialmente con bondad de mierda.
Lo único que soporto que me apriete son sus manos.
Las de ella.
Mi diosa y mi puta.

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El sol ya cae a plomo sobre mis hombros como un castigo de dioses, como el remordimiento sodomita en la conciencia de un hipócrita fariseo.
Mi sombra es más precisa y nítida.
No es bueno ni malo, puede ser molesto.
Por otro lado, la sombra indica existencia. Tampoco es como para dar saltos de alegría.
Temo que la sombra sea mi negra caricatura reptante.
Una broma del sol idiota.
Estaría bien que una nube tapara el sol.
No tengo gran interés en mi sombra, podría vivir sin ella.
Y sin este sol cabrón, también.

Idiotas con suerte

La biblia nace con el pensamiento confuso de una humanidad inmadura, con escasa inteligencia y con un misérrimo léxico del carajo.
Es un delito literario perpetrado para dominar con el miedo a otros seres más ignorantes. Es absolutamente ingenua para alguien que tenga un mínimo de hábito de lectura, un mínimo de ética y capacidad de síntesis.
Al final, solo se puede concluir que Dios no es bueno, ni malo. Simplemente es idiota. Un tonto del culo con suerte.
Inventado a imagen y semejanza de los que también hoy día, ocupan cargos de poder en cualquier lugar del planeta.
Porque lo hacen todo como pueden (mal) e intentan (y lo consiguen con muchos) convencer de que en lugar de estúpidos, aman a su pueblo. Y que se sacrifican de mierda así de generosamente.
Es más de lo mismo; pero no tengo otra cosa que hacer.

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Dicen que cruzarse con un gato negro da mala suerte.
Pues mi inquietud por este gato, porque haberse cruzado conmigo y andar tan cerca de las vías del tren le augura un destino negro como su pelaje o mi alma (si tengo).
La gente muere y los gatos también.
Que no pare la fiesta.

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Hay una vieja y buena película con un fascinante título: Cosas que hacer en Denver cuando estás muerto.
Y he pensado como se vería el café, el último. El que no llegaré a tomar.
Y ser el protagonista de una película en la que el café se enfriará solo, triste y sin cumplir su misión en su ardiente y corta vida.
Y como quiero ser ingenioso yo también, lo he titulado: Cómo tomarse un café si ya estás muerto. RIP.
Y ya.
Bye…

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Es mentira, no es el kilómetro 5,5. Es el puto kilómetro 3 millones.
Parezco el Iconoclasta Errante.
Si fuera el Judío, al menos tendría diamantes.