Archivos de la categoría ‘fotografía’

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Callamos con una sonrisa el hastío de ver los seres diarios y mascamos con sabor a sangre lo que anhelamos. Y es mejor sentir óxido en la boca aunque duela dos veces, que la letanía desesperante e indolora de los saludos estériles.

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Lorca escribió de un reloj: «suena oscuramente». Yo le añadiría: «circular y quietamente». Tanto tiempo y tan poca distancia recorrida… Ser reloj es maldición, ser yo es absurdo.
Me parece bien.
Ambas cosas.

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Todos los seres, los que existen y los imaginarios, necesitan y deben tener su momento de tristeza.
Es la forma de trascender, de afrontar que la vida se acaba y evocar lo que se vivió y lo que resta en un momento de íntima soledad.
A pesar de la luz y el color.
Ser importante para uno mismo, independientemente de lo que ocurra alrededor.
Es nuestra tristeza, nuestro momento.

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Hay tanta felicidad.
Tanto entusiasmo por vivir intensa y alocadamente.
Por ser eternamente jóvenes…
Hay tanto derroche de energía para ser felices y vivir la vida loca, que siento náuseas. Me empacha tanta felicidad desaforada.
La banalidad de las vidas felices no es deprimente, es simplemente aburrida como un programa de televisión.
Y se me escapa una risa pérfida quiera que no; porque sé que sus intrascendentes alegrías acaban cuando las baterías de sus teléfonos móviles se agotan.
Porque todo vuelve a su lugar cuando el teléfono se apaga. Se acaba el escaparate de la risa tonta.
Lo que más o menos viene a decir que su absoluta intrascendencia en la oscuridad, en su vulgar intimidad; es mi hostil, comedida y desenfadada satisfacción.
Soy el contrapeso a la felicidad barata en la humana faz.

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La nieve es el semen seco de los seres sagrados que cae sobre nosotros como polvo ceniciento, como una caspa divina.
Un esperma frío y estéril como lo son ellos en sus putos cielos.

 

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Es fascinante observar el propio trauma, esa capacidad de la carne por abrirse obscenamente y la sangre brotar tranquila. Aliviando un exceso de presión en el cuerpo.
Como una penitencia que tiene efecto.
Soy una herida en el planeta, un corte que no sana; siempre húmedo. Una lesión que no cicatrizará jamás, solo cuando muera.
Cuando el planeta me extirpe como un tejido necrótico, la humanidad dejará de sangrar un poco.
Porque este no es mi lugar, ni mi tiempo. No me gusta, no me integro por muchos años que llevo muriendo, marchitándome en esta prisión. Soy el fracaso de la naturaleza y de los humanos.
Un tajo en el tejido cosmogónico.
Soy infección de frustración y resentimiento.
Que sufra la humanidad y el universo; que mi vida tenga un fin concreto, certero y dañino.
Y me gusta tu coño, porque cuando separas las piernas, es como una herida… Y siento que eres como yo y quiero follar profunda y oscuramente ese corte por el que mana tu alma como un aceite que me lleva a la animalidad.
Estoy herido y soy trauma, soy lesión. Soy el tajo profundo en el rostro de dios.

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Ellos viven integrándose con el planeta. Sé que el planeta los ama y a mí no.
No tengo más remedio que detenerme ante ellos porque me acribilla el pensamiento la melancolía de años perdidos.

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¡Vanidad, vanidad!
¡Blanca vanidaaaad…!
Precioso…
Es que me gusta celebrar cosas buenas de verdad: Moi.

Te despiertas, vas a la ventana rascándote el culo y ves nieve. Dices: ¡Guau! Y piensas en no salir a pasear, es demasiado pronto para el romanticismo climatológico.