Archivos de la categoría ‘Humor’

Apacibus post fellatio

Publicado: 21 junio, 2013 en Humor
Etiquetas:

http://iconoclasta-telegramas.blogspot.mx/2013/06/apacibus-post-fellatio.html

Me encontraba cómodamente sentado en el sillón tras la cena, comiendo pastelillos de crema y fumando. Mi santa se pintaba las uñas sin apenas hacer caso al programa de televisión. Se trataba de un documental de NatGeo Xtreme, la vida de una manada de chimpancés en pleno centro de la selva Lacachondona que queda por el nordeste de México fronterizo con Argentina si no recuerdo mal. De cualquier forma, lo que importa son las emociones, la cultura la uso de lubricante peneano muy a menudo.

Lo mejor fue cuando se mostró como el grupo de machos jóvenes, descuartizaba al viejo jefe de la manada. Se me cayó al suelo un trozo de pastelillo en esa escena que me emocionaba vivamente.

—Mari, se ha caído un trozo de pastel.

—Pues que lo recoja tu madre —dijo sin alzar la vista de las uñas.

Y observando su braguita blanca manchada de rojo, pensé en la menstruación y sus efectos secundarios.

En el momento en el que uno de los chimpancés jóvenes le devoraba la oreja al viejo, le dije a mi esposa para relajar el ambiente.

—Mira como se parece a tu padre comiendo con ansia en el bufet libre ese chimpancé.

—Y tu madre es puta —me respondió, otra vez, sin dejar de trabajar sus uñas.

Tenía mucha regla, era mejor no hablarle.

Y me enfrasqué en mis reflexiones, evoqué momentos de mi vida y las escenas de los monos pasaban monótona y aburridamente ante mis ojos y las uñas de mi santa.

Reflexioné sobre la 3ª edad, los jubilados y pensionistas. De cómo se comen con voracidad todo aquello que es gratis y de bufet libre, aunque sea mierda, durante sus viajes baratos a destinos turísticos en temporada baja.

Como es habitual en todas las fábricas, se organizan visitas para promocionar sus productos y demostrar su calidad a la ciudadanía, sobre todo a los colegios.

Debido a la cantidad tan grande que hay de pensionistas que necesitan distraerse y comer barato, muchos no encuentran plazas en las ofertas que la administración pública ofrece en las agencias de viajes. El gobierno español se puso en contacto con las empresas para que ofrecieran a los viejos parte de sus productos caducos y de promoción: baratijas, llaveros, bolígrafos, comida pasada, condones rotos, bolsas de plástico sucias con propaganda de aceites automotrices para llevar el pan, etc…

De esta forma la empresas tenían publicidad casi gratis, ya que solo costeaban una parte de los autocares y las bebidas (también caducadas y de oferta) que les ofrecían durante la visita a la fábrica.

Y bueno, a los viejos mediocres les das un asiento en algo que se mueve, un poco de pan duro gratis con tocino rancio y algunas baratijas para que se metan en sus bolsos y van más contentos que mierda en bote. Se pelean como niños por conseguir más basura que sus compañeros de viaje y se pasan el día la hostia puta de distraídos.

Aquel día recibí la visita en mi departamento de la relaciones públicas (public relations para ser más snob) de la fábrica de condones.

—Buenos días, Iconoclasta. Dentro de una hora y media llega de visita un grupo de ancianos para hacer el tour por la fábrica. ¿Podrías hacer unas pruebas de lotes cuando ellos lleguen?

— Claro, no faltaba más, Marga. ¿Vas a hacer el test del lote conmigo? Hace tiempo que no te apuntas.

— No podré, tengo que preparar otras visitas y chupársela a mi jefe dentro de un cuarto de hora para que me apruebe una subida de sueldo.

—No jodas… Pues ve con cuidado, porque el otro día Lourdes necesitaba un permiso de dos días y dijo que tenía una llaga purulenta en el glande.

—Pues sí, y ya vengo preparada —dijo mostrándome una crema antibiótica que sacó del bolso y subiéndose la falda para mostrar que no llevaba ropa interior.

Yo pensé en la discriminación laboral de la mujer, mientras mi alter ego (mi polla) lo hacía en meterse dentro de aquel apetecible coño.

—Entre los ancianos repartiremos boletos para que participen en el test. Pedrito el mongol te traerá un par de cajas con números, deberás sacar ante ellos uno para mujeres y otro para hombres. Los que ganen harán el test contigo.

—Ah, no… Yo no me tiro a un vejestorio.

—Cobrarás las horas a precio de extras —me contestó.

—Podríamos dar más oportunidades y que puedan ser cuatro los elegidos —contesté llevado por mi cariño hacia los ancianos.

Ya eran las doce del mediodía, cuando escuché alboroto por el pasillo. Vi a una caterva de veinte ancianos y ancianas casi trotando en dirección al ventanal de demostraciones de mi cubículo. O sea, hacia mí, contra mí.

Algunos llevaban andaderas y avanzaban poco a poco obstaculizando el paso a los demás para hacerse sitio ante el ventanal; pero los más ágiles saltaron por encima de ellos y los adelantaron.

El guía (Jenaro, el encargado de la limpieza de los aseos), les decía algo pero nadie le hacía caso, así que enseguida se perdió para fumarse un cigarro. Lo sé porque se estaba sacando el paquete de tabaco del bolsillo. Soy sagaz.

Y sentí envidia.

A los pocos minutos llegó Pedrito, el mongol (también conocido como síndrome de Down, tengo cultura) que repartía el correo por las distintas áreas y departamentos de la empresa.

— ¡Hola Iconoclazzta! Te traigo lozz numedozz para el zzorteo de loz viejozzz.

— ¿Quieres quedarte? Te dejo que hagas una prueba del smartcondón, cuando llegas al orgasmo envía un estado de felicidad al feisbuk y al tuiter.

—Una mied-da a mí no me guz-ztan laz viejaz. Ademáz, me ha pedido Mad-ga que vaya a folladla porque zu jefe le ha dado el aumento, pedo no la ha dejado a guzto y no quiede maztudbadze zola.

—Pues vete a la mierda, deficiente mental desagradecido.

—Tu puta mad-dre —dijo cerrando la puerta.

Los viejos ya habían ensuciado el cristal con sus babas y estaban ansiosos por saber quien sería el ganador, me mostraban sus boletos agitándolos en las manos y golpeando la ventana con sus miradas pletóricas de ambición y lujuria.

Sentí un vacío en el estómago al sentirme un hombre objeto, una cosa sexual; pero como soy de naturaleza ególatra me quité los pantalones y los calzoncillos y estimulé el pene para que se pusiera erecto ante el público. Todos sudaban, unos por envidia, otros por deseo. Cuando me unté lentamente el pene con lubricante y descubrí mi glande estratégicamente expuesto bajo el foco de la luz para que brillara como una gema, una mujer de unas dos toneladas de peso tuvo una lipotimia y no se cayó al suelo porque estaba apretada por el resto de cuerpos. Supe de su desmayo cuando acabó la demostración, al ver el cuerpo tendido en el suelo; cuando Jenaro el guía les invitó a que continuaran la visita en el departamento de lubricantes. Allí les entregarían a cada uno un tubito promocional que caducó hace cinco años. Los viejos y viejas corrieron como los niños atletas griegos en las efebías delante de un látigo. Incluso la gorda de la lipotimia, pareció querer incorporarse al oír la palabra “obsequio”.

En fin, que como tengo mi propio “esclavo” para ciertos trabajos, llamé a Ahmed el mal pagado y sin papeles moro marroquí para que viniera a ayudarme. Él existe y cobra lo poco que cobra para hacer lo que yo no quiero, y esto es: los test anales. En mi culo no entra nada más que mis dedos cuando me limpio después de cagar. Para esto están las razas inferiores, él lo sabe, yo lo sé y todos los sabemos: para que les den por culo. Según lo que haya que llevarse a la boca también están para eso. De vez en cuando, le invito a fumar si noto que se siente muy inferior y aliento su ánimo con una hipócrita cordialidad.

Cuando colgué el teléfono decidí darle más clase e interés a la demostración: arrastré el glande por la ventana y un viejo con un ya notable alzheimer, pretendía cogerlo con ademanes de subnormal. Me lo pasé un rato bien con aquel idiota.

Acto seguido saqué el número 13 de la caja de mujeres y el 11,5 de los hombres, pensé en Pedrito y sus nuevas clases tardías de números decimales.

Los expuse ante la congregación matusalénica y una vieja comenzó a saltar de alegría con su boleto en la mano, parecía un escupitajo en una plancha caliente. Le señalé con el dedo que entrara en el cubículo. El viejo que estaba muy contento también con su número en la mano, se sujetaba algo bajo la camisa mientras recibía las felicitaciones envidiosas de sus colegas.

—Buenos días, señor Iconoclasta, no sabe lo contenta que estoy.

— ¿Cómo te llamas?

—Gumersinda Riduarejo de la Paz Santa.

—Encantado de conocerte, Gumer. Vamos a empezar el test: primero me has de hacer una mamada, luego te penetraré hasta que tu cuello se ponga tieso como el de una gallina de las de tu pueblo.

Me sonrió, pareció no sentirse ofendida por mi forma brusca de hablar, pero vi que usaba audífonos cuando se bajaba las enormes bragas arremangándose el vestido. Era un poco sorda.

El pelo de su coño estaba blanco como el de su cabeza y cerré los ojos para no perder la erección.

La vieja se sacó la dentadura postiza empujándola con la lengua y la metió en el vaso de cerveza que usamos de cenicero yo y mis colegas (creo que su visión tampoco era muy aguda). A pesar de tener unas rodillas artríticas como troncos de olivos, se arrodilló sin titubeos y se tragó mi pene como si fuera el chocolate que les regalan a los jubilados en los viajes baratos de fin de semana a Suiza.

A mitad de mamada, cuando ya me aburría de lo mal que lo hacía, irrumpió en el cubículo uno de los ancianos llevado por el vicio y la avaricia propia de los viejos sin clase que toda su vida fueron unos vulgares, es decir, comérselo todo si es gratis. Era el marido de la mamadora. Llevaba el boleto ganador de su compañero en la mano, ya que éste se había tenido que ir a cambiar la bolsa de la sonda de orina al servicio médico y se lo cedió porque estaba a su lado, no por amistad. El resto de viejos, apretaban sus caras arrugadas contra la ventana para no perder detalle. Había más mocos que narices arrastrándose y a pesar de ser un vidrio grueso, se les oía insultarse los unos a los otros.

—Soy su marido y tengo el número ganador de los hombres.

—Y a mí me suda la polla —le dije con los ojos entrecerrados de placer.

—Déjame un poco a mí —le dijo a su mujer apartándola y ocupando su lugar.

— ¡Cerdo! —le contestó ella sin cordialidad.

El tipo no tuvo tantos miramientos como su mujer, no se sacó la dentadura postiza. Abrió mucho la boca como quien va a comerse un plátano muy, muy, muy, muy gordo y se metió el pene sujetándome los huevos, con maestría y experiencia.

Ante aquella boca recia y temblorosa, eyaculé en dos segundos y le llamé con cariño cerdo de mierda.

El viejo estaba contentísimo de haberse llevado el premio gordo. Su mujer le llamó borde, se metió en el bolso unos condones usados de la papelera (como si no la viera) y muy digna ella, metió la mano en el vaso y se puso la dentadura. Antes de salir por la puerta con aire enojado, escupió una colilla.

El marido se relamió una vez más para recoger unos restos de semen en las comisuras de la boca, rebuscó con la mirada en el cuarto y localizó la papelera. Sacó de allí un trozo de pan con fuagrás que no quise comerme hace tres días y esperó escupiendo migas de pan duras como diamantes, a que empezara el test de los hombres.

— ¿Cómo te llamas?

—Gumersindo —qué mierda de vida, pensé.

— Muy bien, Gumer —me sentía incómodamente redundante—, ya puedes ir bajándote los pantalones y los calzoncillos. Pronto vamos a por el siguiente test.

Sus cojones eran grandísimos y colgaban mucho, por lo que imaginé que estaban rellenos de intestino por alguna hernia o algo parecido.

El pene sin embargo, era tan pequeño que sentí pena por él. Sería difícil calzarle un condón y que se le aguantara. Ahmed había tenido suerte.

Es bueno que los seres más inferiores gocen de algo de fortuna de vez en cuando.

Y Ahmed entró.

— ¡Hola Iconoclasta!

— Te presento al ganador del tour de hoy: Gumer el bien dotado.

Ahmed le tendió la mano.

— Yo soy Ahmed. Espero que no empujes mucho con esa bestia que tienes entre las piernas, quiero poder cagar en los próximos quince días.

Y nos pusimos a reír como locos mientras encendíamos unos cigarros y el viejo Gumer estiraba el labio inferior demostrando que no acababa de entender la sutileza del comentario de Ahmed.

—Yo también fumo —dijo Gumer.

—Los invitados no pueden fumar, son las normas.

—Ahmed, prepárate en el potro sodomita, mientras busco un condón de la medida de este macho man. Imagino que lubricante no vas a querer —le dije en voz alta y clara.

Y empezaron nuestras risas de nuevo. Los espectadores nos veían reír y se reían con nosotros a pesar de no entender una mierda.

Así que tomé del brazo a Gumer, y lo coloqué frente al ventanal para que el público pasara un buen rato mirando al bien dotado.

Al final encontré un trozo de film plástico para envolver comida y enfundé el pene de Gumer con media vuelta.

—Y ahora vamos a por esa erección. Ahmed, tócalo por favor, no quiero estar aquí todo el día.

Ahmed que tenía una tranca que le llegaba casi a las rodillas fue ovacionado por hombres y mujeres cuando se colocó frente al ventanal. Le cogió el pene con la punta de los dedos y lo agitó rápidamente, después de cinco minutos no conseguimos que aquello se pusiera duro y se le cayó la funda de film transparente al suelo.

Tomé cuatro viagras del botiquín, las pulvericé y las mezclé con agua, cargué con aquello una jeringuilla y se la inyecté en la vena del brazo a Gumer.

En dos minutos estaba tiesa como un mástil, aunque seguía siendo ridículamente pequeña.

Ahmed se acomodó de nuevo en el potro, le coloqué media vuelta de film transparente al mini pene y lo llevé hasta el culo de Ahmed.

—Venga Gumer, follátelo, machote. Vamos a ver la calidad que tiene este condón.

—Solo veo una niebla azul —se quejó.

—Los pitufos vendrán luego, por el camino de los champiñones —dijo Ahmed tirándose un pedo y sobresaltando al viejo.

Tomé el mini pene otra vez con las puntas de los dedos y lo introduje en el ano de Ahmed, luego con la mano empuje el culo del viejo para que aquella piltrafa no se saliera.

—Y ahora dale que te pego, Gumer. Quiero ver como te corres enseguida.

— ¿Ya me la ha metido? Solo siento que me empuja y es un poco molesto.

—Pues sí, la tienes toda dentro

Y nos pusimos a fumar y escuchar música mientras el viejo jadeaba como una cerda pariendo y sus huevos se bamboleaban pesados y tumorales contra los muslos de Ahmed.

Fue una conversación agradable en un ambiente tranquilo, a excepción de los vejestorios de fuera que animaban a su compañero.

A los diez minutos y tras tres cigarrillos, dijo con un hálito de voz mínimo:

— Ya.

Unas gotitas de semen habían caído en sus zapatos y el trozo de plástico se había quedado en el culo de Ahmed.

Como no lo veía bien debido a tanta viagra, le ayudé a subirse los calzoncillos y los pantalones. Le metí el trozo de plástico del culo de Ahmed en el bolsillo de la camisa junto con otros condones usados que su mujer no había cogido-robado de la papelera.

Aún así, cuando pasamos cerca de mi mesa, cogió un lápiz mordisqueado que exhibía el nombre de la empresa.

Cuando se fueron todos por fin hacia la sección de lubricantes y tras despedirlos con hipocresía desde la ventana, salimos yo y Ahmed hacia la máquina del café y allí nos fumamos otros cuantos cigarros.

Nos encontramos con Pedrito el subnormal.

— ¿Quieres un café, Pedrito? —le invité.

—Zí, y bien cargado porque me duelen loz huevoz. La Mad-ga ze ha puesto hiztérica cuando ha vizto loz cojonez que tengo y me loz ha expdimido cuando me cod-día. Es una puta de mied-da.

— ¿Quieres un cigarrillo? —lo aceptó y se lo fumó sujetándose los cojones y sudando copiosamente.

—Y la próxima vez que te invite a que te folles a alguien en mi departamento, acepta, no te pasará eso.

—De acued-do Iconoclazta.

Y así acabó aquella jornada dedicada a la tercera edad.

El documental pasaba ahora el rito de apareamiento de dos chimpancés con una chimpancesa, no sabía que pudieran hacer cosas así, tan complicadas y artísticas.

—Estoy pensando que podría invitar a tus padres para hacer un tour de visita en la fábrica —le dije a Mari.

—Pues llámalos, se pondrán contentos.

—Yo también —pensé marcando el número en mi nuevo smart teléfono con capacidad para dieciocho mil videos pornos y dos canciones.

Pensé en Ahmed y cinco pastillas de Viagra para mi suegro, para que disfrutara de una buena metida anal y en Pedrito para que le comiera el coño a mi suegra, su lengua gorda y siempre burbujeante le encantará.

A la mona la han dejado de joder y se acaricia los pezones tranquilamente mirando la copa de un árbol acostada entre polvos y piedras.

Precioso, pero ya estoy hasta las pelotas del NatGeo por hoy.

Siempre abundante: El Probador de Condones.

Iconoclasta

Deuteronomio, capítulo 4, versículos 23 al 27.
La revelación en el Horeb.
4 últimas páginas.

Despertar y sentir ese tremendo falo enhiesto y vibrante me lleva a evocar la industria pornográfica y sus posibilidades económicas.
Una vez recuperada la visión periférica y observando alrededor la verdadera dimensión de las cosas y de las tetas, voy a mear sin ningún tipo de alegría ni orgullo.
Y orinando alcanzo a comprender la verdadera y cruel magnitud; lo pequeño que es y se ve entre mis dedos. Mientras tanto recito mi oración del día: Mierda, mierda, mierda…

Síntesis de la biblia.

La risa de los idiotas

Publicado: 23 mayo, 2013 en Humor, Lecturas
Etiquetas:

La risa de los idiotas

A falta de pan

Publicado: 21 mayo, 2013 en Humor
Etiquetas:

Telegrama de Iconoclasta.

Levítico, capítulo 18, versículos 6 al 12 y 21 al 23.
Código de santidad.
Levítico, capítulo 19, versículo 20.
Leyes morales y culturales.
8 últimas páginas.

Hay una emisora de radio en México (concretamente en Puebla), que parece una congregación de misioneros que busca el bien por los demás. Aboga por pagar puntualmente las tarjetas de crédito, obedecer la ley y aceptar con la cabeza gacha y resignación el escupitajo ajeno. Y en ella hay un locutor que parece creerse la reencarnación de Cristo.

En estos tiempos, en este mismo mes y año.

Cada día el beato locutor narra con la sangre hirviendo de emoción una edificante “reflexión del día” (en muchos casos una parábola mal escrita y con nulo ingenio, solo apta para creyentes con muy poco cerebro o simplemente para analfabetos) y que él mismo se cree.

Hay reflexiones en las que se dice que la mujer no debe hacer cosas de hombre y que ella es la que ha de dar ejemplo y doblar el cuello a su macho en nombre de la paz y la armonía en el hogar.

No me jodas.

La última reflexión me ha llamado poderosamente la atención, es la cosa más cándida, ingenua, torpe y simplona que he oído jamás. Más que divertirme al escucharla, me ha preocupado; creí que estas cosas se decían hace tres o cuatro siglos. Luego pensé que la estupidez no cambia jamás y permanece inalterable a lo largo del tiempo.

Luego concluí que la deficiencia mental es algo de lo que nadie debería sentirse orgulloso. Parece que para esta emisora de radio, la estulticia es motivo de vanidad. Eso y el servilismo de los esclavos que se sienten protegidos por su amo.

La parábola en cuestión tiene un nombre parecido a “Un solo ojo” y está pensada para hacer llorar a las madres e hijos y para que YO vomite.

Una madre tuerta trabaja de cocinera en el colegio de secundaria de su hijo, y a la muy buena y santa, se le ocurre ir a ver a su retoño en la hora del recreo para preguntarle como le va el día. Pues bien, todos los amigos le preguntan al hijo quien es esa mujer tan fea y con un solo ojo. Cuando confiesa que es su madre, se burlan de él hasta que siente ganas de meterse bajo la ducha y llorar abrazándose el pecho como mujer que ha sido violada o que ha perdido el virgo.

El cabrón del niño, que tiene muchos huevos con su madre; pero no con los amigos, le dice que la odia por haberlo avergonzado, desea que se muera, no verla jamás.

(En este punto se me encogen los testículos ante el dramatismo más puro. Se puede escuchar llorar al locutor y sus intestinos estremecerse inquietos)

Con el tiempo, el hijito del alma de mierda, abandona a su madre para dedicarse a estudiar una carrera (trabajando la madre de cocinera y sin querer verla suena a ciencia ficción triunfalista de mierda).

Cómo no, el imbécil prospera y forma una familia (es lo habitual, los más subnormales tienen una suerte de locos).

Con el tiempo la madre se entera donde vive y decide ir a visitarlo. Al tocar el timbre abren la puerta sus nietecitos, los cuales se ponen a llorar como mujerzuelas ante el horror que les inspira la tuerta (cómo me gustaría haberla conocido).

Entonces, sale el valiente del hijo y la lleva cogida por el codo hasta la calle y le dice que como se atreve a venir a molestar y asustar a sus hijos.

A lo que la madre responde simplemente: Me he equivocado de casa, perdóneme.

(Aquí ya es para meterse los dedos en la boca y purgarse de tanta miel de mierda).

Pasa el tiempo y bla-bla-bla, el hijo recibe una carta de su antiguo colegio para no sé que coño de reunión estúpida de alumnos y ya que le pilla cerca, se pasa por casa de su mamá. Le dice algún conocido que su madre ha muerto, así que entra en la casa muy feliz y tranquilo sin tener que encontrarse al cíclope de su madre.

La parábola no dice donde, pero se encuentra una carta de la tuerta que dirigida a él.

La beata madre le explica que de pequeño tuvo un grave accidente que le hizo perder un ojo; ella le donó el que le faltaba y se sentía feliz de saber que su hijo podía ver el mundo a través de uno de sus ojos. Y que por encima de todo lo amaba.

¿Qué pretende la parábola facilona?

¿Quiere decir que las madres son santas, mártires y beatas y que se alimentan como las hienas de la mierda que les dan sus hijos? ¿Qué han de tragar desprecios y ofensas y amar a pesar de todo?

¿Qué cuanto más cerdo se es, mejor te trata la vida y tu madre?

¿Que madres e hijos se lo han de perdonar todo por muy mal que se traten y por mucho que se denigren?

Es lo más timorato, simple y vulgar que he oído jamás, además de los milagros de Cristo.

No me jodas que una madre ha de sacrificar su ojo y luego tragar toda la mierda del pequeño borde que parió.

Estas arengas moralistas son un insulto a mi inteligencia, a las mujeres (que las tratan como imágenes sagradas sin coño que ni follan, ni tienen ningún tipo de inquietud; pero que de alguna forma pueden ser penetradas y parir) y a mi buen humor.

Joder con la tuerta. Cualquiera pensaría: pues no es de extrañar que el hijo sea un cerdo con una madre tan retrasada mental.

Es que ni eso saben escribir, ni un patético cuento que pueda desafiar el intelecto de alguien medianamente culto.

Y lo bueno, es que la dichosa emisora de radio, recibe cantidad de correos electrónicos de los oyentes para recibir las dichosas reflexiones.

Y eso sí que es preocupante, que haya tanto lerdo en el planeta.

Aunque eso ya lo sabíamos.

¿Sabéis la parábola de la puta que daba mamadas gratis por amor a sus clientes y que tenía un tremendo complejo de madre? Pues murió con el coño seco, de hambre, la matriz podrida y sida.

Y si alguien quiere un ojo, ni el del culo le presto. A mí nadie me enseña nada con idioteces.

Iconoclasta

Levítico, capítulo 15, versículos 1 al 6, 13 al 15 y 18 al 20 (Lv 15, 1-6.13-15.18-20).
Impurezas sexuales.
7 últimas páginas.