¿Es que no se cansan de brotar, de vivir? Yo ya estoy cansado no quiero más decrepitud y más de lo mismo. Brotar es una putada, cuando ya respiras aliviado de que sea el último invierno; vuelta de nuevo. No chingues… Demasiada vida da jaqueca. Ya me quedan muy pocos inviernos. No se quejan las plantas porque no tienen boca; pero deben estar tan cansadas como yo. Salta a la vista, nacen de lo retorcido, de lo negro y viejo. Que no se sientan orgullosas. Es un inconveniente ser demasiado fuerte, los tormentos duran eones. Voy a por aspirinas. Bye.
Y una vez sorteado el melifluo día de San Valentín con más o menos dignidad (quien la tuviera), Me voy hacia la lujuria y el desenfreno (sí ya sé que soy un bocazas). Ser malo y excesivo no puede hacer más daño que ser una especie de amorfa esponja de baño que cuida demasiado la piel para nada.
Él no tiene hojas, y sus ramas parecen carbonizadas. Es la radiografía de un árbol. Y si tú me fotografías, soy la radiografía de algo que en un momento se incineró. Estamos abandonados. Nadie protege a nadie, no es posible; no se cansa de arder, de abrasarnos.
Si la muerte se vendiera, la gente la compraría por simple vicio. Con toda probabilidad, para usarla contra sus más antipáticos seres. Con esa esperanza la comprarían, pensando que al abrir el frasco y siendo de su propiedad, serían inmunes. De la misma forma que son inmunes al hedor que despiden ellos mismos y con el cual, impregnan el aire que he de respirar. No me gusta la caridad; pero con gusto le regalaría muerte a todo aquel que no tuviera dinero para comprarla. Hasta arruinarme. Serían pocos desgraciadamente; pero siempre es seguro invertir en muerte.
Estoy de acuerdo con la taza. Aunque coincido más con salvaje que con libre, es que yo sin fumar… Es que yo tan impío con mi pensamiento hostil… Aunque no quiera, mi pluma es cuchillo.
De menuda me he librado: no he necesitado pagar a un logopeda. Murf habla hasta por los codos si tuviera. De cualquier forma, es inevitable invertir en analgésicos cuando se siente demasiado locuaz. Sí, ya sé, es tan absurdo que solo me falta ver a dos curas tirando de un burro muerto en el salón de casa. Puedo entender porque Buñuel y Dalí realizaron aquello del perro andaluz. ¿Es que no había perros catalanes o qué? Es un asco… Siempre discriminando a la catalanidad. No tienen ni tuvieron corazón.
Si Dios hubiera querido que los árboles nadaran, les habría dotado de agallas y gafas anticloro y antimierda. Incluso un bañador, aunque no fuera muy llamativo. No quisiera reírme cruelmente; pero parecía que los árboles decían: ¡Uy uy uy uy…! Para que luego digan que tengo la empatía en las uñas de los pies. Soy como Dios el indolente; pero ingenioso y gracioso. Y sin matar a nadie.
El amor son todos esos frágiles filamentos que resisten el frío que congela el corazón con las distancias y el calor que hace hervir con el beso la sangre en los labios. Sutiles caricias blancas que, sin embargo, se deshacen con un gemido suave cuando nadie les dice que son deseadas. Lo que el planeta no puede, lo consigue un mal silencio, una mala palabra… A veces siento una pena suave, de algo que se diluye, un agua en las venas…
El tan cacareado ahora Pin Parental, es una estupidez en cuanto a que no se trata de un pin de mierda, sino de una autorización, un documento escrito en el que se libera a los menores de ser adoctrinados en los distintos géneros sexuales que existen en la sociedad. Lo primero de todo: es necesario un vocabulario preciso, conciso y práctico: llamar pin a una autorización en forma de documento firmado, es puro populismo para tener contentos a los “sin cerebro” que lucen su puto smartphone nuevo. Dicho esto, el pin parental es tan necesario como la libertad que tienen los padres para que sus hijos estudien o no religión. Los colegios no existen para adoctrinar o inducir ideologías religiosas o sexuales. Jamás deberían ser como los del franquismo, comunismo y el Tercer Reich. Adoctrinar es una facultad de los padres. Porque los hijos pertenecen a los padres hasta que se convierten en adultos capaces de valerse por sí mismos. Y no hay discusión al respecto. Quien quiera que su hijo sea adoctrinado, basta con que le instale la app de twiter o facebook en su teléfono. Otra forma (de hecho es la única sana) en la que se adquieren ideologías o doctrinas, es con el desarrollo intelectual de cada cual aplicado a sus propias experiencias y forma de ver el mundo que le rodea. Los colegios deben ofrecer conocimientos y cultura a los niños. En lugar de religión o ideologías de género, deben dar conocimientos de ética, por ejemplo: Podéis ser arribistas si queréis (populistas en política); pero no hay dignidad en ello. El arribismo es envidia, es horrible subir en la escala social pisando la cabeza de otro. También podéis ser racistas; pero otros os pueden discriminar también porque no tengáis el tono adecuado de piel tras tomar el sol en vacaciones. La ética o el deja vivir como materia de reflexión en los primeros años de estudio de la infancia y la juventud, no es una buena cosa que enseñar para los gobiernos e instituciones; ya que ese conjunto de reflexiones se volvería, con toda lógica, contra los ideólogos y/o gobiernos, a los que señalaría como elementos tumorales para la inteligencia y la libertad. Adoctrinar sistemáticamente, como en el colegio, es hacer idiota la infancia y la juventud. Robarles tiempo para adquirir conocimientos que les proporcionarán oportunidades para su supervivencia en sociedad, como es el trabajo. La ética, como materia de reflexión debería bastar en una sociedad sana y decente. Debería bastar para que la cobardía hacia el esfuerzo y el conocimiento de la cruda realidad de la esencia humana, no los convierta en unos pusilánimes aborregados entre cientos de miles de reses buscando consuelo y protección en un pastor subido a un púlpito.