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A mí me parece una buena noticia lo de las pajas femeninas (o chaquetas); pero me parece una noticia idiota para el actual público que es también idiota rematado.

Como si las mujeres no se hubieran pajeado hasta ahora. Son tan calientes como yo, no nací ayer.

De verdad espero que no existan muchas mujeres idiotas con ganas de hacerse una paja que hayan esperado el permiso o momento oportuno para tocarse el coño, como los corredores esperan el tiro de salida.

Uno se hace una paja cuando le apetece y punto, toda mi vida me he sentido completamente libre para cascármela y no voy haciendo noticia de ello. Y más sabiendo que es el entretenimiento más extendido entre los humanos.

A mí me encanta saber cuando se masturba una mujer y si además es en video, yo la acompaño, claro que sí. Ñam…

Pero vamos… La noticia es realmente reveladora del grado de borreguismo que hay en los dos sexos, sin ningún tipo de discriminación en la imbecilidad.

Si dan saltos de alegría por hacerse una paja y quieren lucir camiseta de onanista, me parece genial, les dedicaré la mejor lefa que pueda arrancar de mis cojones.

Pero no es noticia, no es una noticia de periodismo elegante, ni siquiera de periodismo.

Es una idiotez más para tener a la chusma entretenida con banalidades y mentiras hechas a medida del tiempo y lugar que ocupan y consumen.

La alegría de la paja se acaba en unos minutos y después, no le veo la gracia a celebrarlo. Incluso puede ser patético en según qué enfermos/as mentales.

Buen sexo, borregos.

Aún sudo enfermedad mental y repugnancia al pensar que hubo un tiempo en el que tenía que verme entre todas esas reses mono-pensantes degradantes. Ser arrastrado por una manada de rumiantes de cerebros lisos.
Inevitables baños de mediocridad e imbecilidad que me hacían sentir mierda.
Y un odio atroz hacia quien no conocía.
Me hice misántropo de una forma crónica.
Soñé muchas veces como sería avanzar entre esa chusma con un par de navajas de afeitar, una en cada mano a la altura de mis muslos, con los filos cortando sin cesar todo aquello que rozaran, suave e inevitablemente.
Sangrante y dolientemente.
No se puede confundir el asco, la humillación y la frustración con locura.
Hay heridas ajenas que son consecuencia de auto protección y no de un deseo irracional de abrirse camino entre tanta mierda caminante. Son atenuantes, deberían serlo para exculpar al portador de navajas.
Necesito un espacio de seguridad entre la chusma maloliente, no puedo soportar el roce continuado sin vomitar varias veces. Sea navidad, reyes o el puto día de los muertos que no son siempre suficientes.
Ganado que no sirve ni para alimentar… Es patético.
Es indigno vivir en las granjas humanas.
No hay nada peor.

El fin del mundo

Publicado: 16 noviembre, 2019 en Sin categoría

El fin de mi mundo está a dos mil metros de altitud en invierno.
Es allí fin donde se congelará la escasa sangre que corre por la pierna que vendí al diablo y rojos hielos de sangre se clavarán en el corazón como las hirientes y gélidas miradas de los amores muertos.
Se acerca el momento de saldar cuentas. Mefistófeles es un buen tipo, ha cumplido.
Y el ponzoñoso tumor que palpita en el hueso, se agita incómodo en la médula porque él no pactó nada.
Que se joda.
Memento mori…
¿Cómo será?

Voluptuosa

Publicado: 15 noviembre, 2019 en Sin categoría

La vida no es un río, es un despeñadero hiriente que te rompe los huesos y el ánimo con cada piedra, en cada recodo.

Un torrente que tiene más piedras que agua, más turbidez que nitidez, más miedo que alegría y más muerte que vida.

No puedo entender porque la espuma que se forma al estrellarse el agua contra las rocas, pueda ser blanca. Debería ser roja de sangre y negra de muerte.

Y sin embargo, tú estás ahí, bella y deseable en algún lugar para que todo el dolor valga la pena.

No quiero encontrarte y sonreírte así de roto, quiero tu abrazo, tu consuelo antes de que sea un despojo arrastrado al mar.

A veces me siento así, triste de una forma desesperada.

Qué vergüenza, cielo…

Las nubes que descienden

Publicado: 5 noviembre, 2019 en Sin categoría

Fumo y observo las nubes bajar y cubrir los altos bosques, haciendo fascinantes espectros de los árboles. He escuchado como el sonido se retira, se esconde en lo más profundo del bosque, bajo las otoñales hojas muertas. Como si se inclinara el rumor del bosque ante la aparición de sus majestades.

Como si todos los seres contuvieran la respiración, así se crea el silencio cuando las nubes bajan al bosque.

Como yo la contengo ahora consumiéndose el cigarrillo entre mis viejos dedos.

No hacen daño sus ilustrísimas; pero me hacen demasiado pequeño. Como si fueran maestras de viejas escuelas rancias que ordenan silencio con el semblante grave y fiero de aquellos maestros perros.

Solo que las nubes son mucho más hermosas y son amadas. A pesar de que al cubrirme me convierten en un ser más que habita la fronda y sinceramente, me siento mucho más indefenso que los animales que callan y apenas respiran.

Salvo los escandalosos cuervos, negros y graciosos ácratas…

El tiempo ha pasado en un suspiro contenido y cuando he llegado a casa, he visto en el televisor a los mismos patéticos de siempre, empleando y prostituyendo su tiempo quemando papeles y mierda por orden de sus amos, gritando como putas y maricones enceladas, con alaridos tóxicos escupen la rabia de que no les han regalado el país de Nunca Jamás. Gritando para esconder el ridículo de una ingenuidad infantil en rostros adultos. La vergüenza de ser adultos torpes, crédulos, decadentes…

He vomitado en el instante que apagaba el televisor y deseado que Barcelona fuera cubierta por sus majestades las nubes y que fueran venenosas. Que mataran indiscriminadamente a cientos de miles de seres porque imbecilidad y fanatismo solo con dolor y muerte se erradican. Porque lo que está podrido debe derribarse o quemarse y hacer algo nuevo tras haber barrido escombros, cenizas y esqueletos.

En un tiempo de gritos y llantos por libertades y paz pueriles, indignas de adultos, yo mascullo cosas de violencia, dolor y muerte.

Alguien tenía que hacer el trabajo sucio y desear que a tantos se les pudriera el corazón envueltos en mis nubes queridas.

Nubes, ahora sí, de justicia verdadera.

Me da miedo seguir imaginando y caer también en una imbécil ingenuidad, he de ser cuidadoso si no quiero morir indigno.

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.

Sobre el 379 d. C.

«El mundo estaba entrando en un periodo de cambio ecológico. En Europa, ese cambio se manifestó en el aumento del nivel del mar y la llegada de la malaria a la región del mar del Norte; en Asia, en la pronunciada reducción de la salinidad del mar de Aral desde comienzos del siglo IV, la aparición de una vegetación marcadamente diferente en las estepas (demostrada mediante análisis de alta resolución del polen) y nuevas pautas del avance de los glaciares en la cordillera de Tian Shan. Todos esos fenómenos constituyen alteraciones fundamentales que demuestran el cambio climático que estaba teniendo lugar a nivel mundial. Las consecuencias fueron devastadoras, como atestigua una extraordinaria carta escrita a comienzos del siglo IV por un comerciante sogdiano y hallada cerca de la ciudad de Dunhuang, en el oeste de China. El mercader refiere a sus colegas comerciantes que la escasez de comida y el hambre han causado grandes estragos; tal ha sido la catástrofe que ha caído sobre China que apenas puede describirse. El emperador había huido de la capital y prendido fuego a su palacio antes de marcharse; las comunidades de comerciantes sogdianas habían desaparecido, barridas por el hambre y la muerte.»

(«El corazón del mundo: Una nueva historia universal» de Peter Frankopan)

¿Sabes, cielo? Es un asomo de sonrisa una cortesía a ti, por ti; pero malditas las ganas de reír cuando mi reflejo en tus pupilas desaparece.
Porque si no estoy en tus ojos, la grisentería me infecta y no soy nadie.
Así que me hago luz por un segundo y así existir en ti en una fracción de tiempo que por pequeña que sea, me da un latido más de vida.
Si estoy en ti no quiero ser fugaz.
Es desesperante…

El presidente y su coche

Publicado: 17 octubre, 2019 en Sin categoría