Si has vivido en paz, no desees descansar también en ella; porque es más de lo mismo. Es muy posible que si mueres en paz, no puedas luego suicidarte en esa vida eterna, arrepentido de haberte metido en todo ese hastío de meliflua y eterna serenidad.
¿Es posible lo que estoy viviendo? ¿Que la imbecilidad haya llegado al límite de que gobernantes y gobernados crean que escondiéndose y dejando de vivir, la enfermedad se marchará aburrida al espacio exterior?
Que lo hagan los avestruces y caracoles es comprensible; pero ¿qué espantosa e indigna inteligencia puede tener un avestruz humano para dejar en manos de un político caracol, ladrón y analfabeto su libertad, salud y comida?
El planeta necesita una lepra fulminante, veloz como un infarto para depurar de una vez a la especie humana. Y extinguirla si no hay otra. Mientras muere la gente batiendo récords de velocidad, los crédulos podrían rezar así, con verdadero fervor y fe. Morir beato, es entrada gratuita al cielo.
Entre morir de asco o de enfermedad, me quedo con lo último, al menos con una aspirina calmas el dolor de cabeza. El asco no tiene paliativo alguno.
La imbecilidad requiere de sacrificio cruento, bien por tiro en la nuca, bien por veneno en las redes de agua potable. Algo parecido a lo que ahora se ha puesto de moda: matar visones por divertimento de coronavirus.
Siempre lo he dicho, con la fertilización artificial de hembras humanas, solo podía ir todo a peor.
El coronavirus intenta arreglarlo, pero hay tanto imbécil/avestruz/caracol, que no llega a pudrir los pulmones de los muchos y necesarios para ser una bendición.
Al final, lo que el coronavirus no mate, lo hará el hambre y la violencia.
Con lo rápido que sería una epidemia de derrames cerebrales…
El otoño nace de la tierra que cambia la verde savia por una sangre venenosa. Potente y radiactiva. Los trágicos colores del otoño es la descomposición de los cadáveres todos que el planeta intenta escupir desde sus entrañas enfermas de tanta muerte. Y en una lucha imposible de vencer las cosas vivas viran suave y letalmente al negro corrupto, hasta que llega la uniformidad gris del invierno que honra a los muertos todos. La grisentería es silencio y paz tras la batalla. Hasta una primavera en la que no todos los seres están seguros de poder llegar.
En un mural sobre hormigón hay estas cosas que me han hecho pensar seriamente sobre la decencia de la infantil inocencia. Primero pensé que eran mariposas tetonas, luego pensé que bien podrían ser tetas voladoras. Luego pensé que si volaran de verdad, las acogería en mi regazo, bien calentitas en mis hirvientes y lácteos testículos. Luego en lamer esos preciosos y apetecibles pezones rosados. Y me sobrevino una vergonzosa erección al imaginar sus erráticos y absolutamente voluptuosos movimientos al volar. Como mujer maciza corriendo por el parque; pero con más psicodelia. Obsérvese que por lo emborronados que están los pezones, algunos ya se han arrodillado para mamarlos. Mi intuición para las cosas del follar y las depravaciones sexuales y reproductoras es de una precisión de cuatrocientos mil putos millones de tetapixeles, tetra… tetrapixeles Me alegra no llegar a ese grado de degradación humana mamadora; mi erección así, es simple pecado venial; perfectamente perdonable e incluso aconsejable. No he fotografiado en modo macro, no solo por el asunto del contexto y la perspectiva general; es que me da grima acercarme demasiado a la pared, seguro que hay la suficiente sustancia orgánica para provocar cientos de embarazos, gonorreas y sífilis. Amén del santo coronavirus, claro.
La alegría es inversamente proporcional al conocimiento y la elegancia. La idiocia es directamente proporcional a la alegría. La masturbación es directamente proporcional al aburrimiento. El conocimiento debería ser proporcional a la edad; pero en la práctica se ha demostrado científicamente que es inverso. La edad es directamente proporcional a la muerte, al cáncer de próstata y de mama. Mi alegría es directamente proporcional a la magnitud de los accidentes sísmicos, cósmicos, meteorológicos, nucleares, bélicos y biológicos. Llamadme anti cristo, si os place, no tengo ningún tipo de reparo en ello. Mi vanidad es directamente proporcional a la masturbación.
En su Metafísica, Aristóteles no consigue comprender sus propias ideas. Debería ser un anciano con las neuronas muy, muy, muy enfermas. Filólogos, filósofos y otras rarezas que han pretendido entenderlo, han hecho girar una botella vacía de cerveza en el suelo para elegir una explicación que publicar en su ensayo. Y los que no han leído a Aristóteles, sonríen ufanos de no haber perdido un tiempo precioso entre “del ser en tanto que ser”, “la unidad en tanto que unidad” o “la sustancia en tanto que sustancia”. Aún me rechinan los dientes al evocar las seis primeras páginas de El Castillo de Kafka y su mediocridad, monotonía y repetición de las vicisitudes del puto agrimensor K. El Castillo lo convertí en combustible para una hoguera de verbena de San Juan; la Metafísica es en formato electrónico, enganchado a un libro de “grandes” obras de la literatura o antología y no lo puedo quemar. Pero puedo colocar un comentario donde me salga la polla avisándome a mí mismo del hastío de leerlo e insultar a Aristóteles. Tropezar dos veces con la misma piedra, resulta tan vergonzoso, como embarazoso e irritante.
Y en esto pierde el tiempo el nuevo gobierno fascista español normal del coronavirus: en instruir lo que es un “sí”, porque teme que además de una población enferma y ruinosa, sea además absolutamente idiota para entender un gesto o una emoción. Y de hecho están en lo cierto, la población española es tan hipócrita, decadente y cobarde, que no dice “sí” o “no”, para no ser criticada en las redes sociales de extremista e intolerante y perder así, unos cuantos “me gusta”. Así que el gobierno fascista español, está dispuesto a dar una lección de Barrio Sésamo sobre el “sí” y el “no”; y además legislarlo con una gran nómina de expertos de mierda.
Dos formas de informar sobre la censura china española, la primera (La Vanguardia) con dulzura y democracia de mierda (muestra de la prostitución más baja de la prensa), la segunda (La Razón) tal y como es la realidad: censura y férreo control dictatorial. El Gobierno Español del Nuevo Fascismo Normal del Coronavirus, es un satélite de China y su fascismo homicida. La prisión, de nuevo, para el pueblo español está peligrosamente cerca. Letal para la libertad, devastadora para la salud y una plaga de ruina y hambre.