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En Telegramas de Iconoclasta.

Coge una piedra y métela en el bolsillo, dale calor.

Si eres crédulo, estás de acuerdo con que es un trozo de dios o su cadáver.
Busca un templo, siéntate con el cadáver de dios en tu puño.
Si esperas más de cinco minutos para que la piedra cobre vida, busca un psiquiatra o toma veneno, no puede ser peor: tienes el cerebro podrido.

Si Hitler el puerco estuviera vivo, llevaría hoy una bufanda morada. Y las empresarias/os solidarias/os de hoy, mañana descontarán el día de huelga a sus respetadas trabajadoras y les añadirán las tareas de hoy.
Llevo tantos años en la vida, que me parece un desperdicio de tiempo creer en la solidaridad de los tiburones.
Y es que además, las redes sociales son la principal causa de diabetes y no la cocacola.
Un elefante viejo en el oficio, con la trompa se tapa el orificio.
Si al menos me la metieran con un poco de ternura… O vaselina, coño.

Solo se ama lo que se conoce íntimamente. Porque para amar a mis semejantes indiscriminadamente, dicen que hubo un tal Jesucristo y algunos mesías por el estilo.
No soy un ambicioso de mierda.
Amo a un solo ser y quiero a unos pocos, el resto de millones de seres no me importan en absoluto; ni siquiera considero su existencia habitualmente. Mi pensamiento se extiende a muy pocos seres y rechaza toda otra injerencia que es pérdida de tiempo.
Yo no busco ni trabajo o vivo por un futuro mejor, no me importa lo que ocurra cuando esté muerto.
Quiero un buen presente ahora. Ya. Para quien amo y los pocos que quiero.
No gasto energías o recursos por el futuro, las gasto para mí y ahora. Los del futuro deberán trabajar como yo. O joderse como yo en mi presente.
No me importa quién viva o muera.
Y si algún megalómano siente que tiene que hacer algo por el futuro, es porque se trata de un ambicioso usurero hambriento de poder, o un loco mesías de esos que aparecen en la tele o en la historia a lo largo de los tiempos.
Lo que hoy no pueda follar, como se dice coloquialmente: “mesimportaunamierda”. Que se busquen la vida.
El futuro no es mi problema y siento alergia por los santones.
Yo solo soy un buen tipo, muy sencillo y con poco tiempo.

 

En Telegramas de Iconoclasta.

Es inevitable a veces ser débil y sonreír ante un pensamiento grato.
Dejarse llevar por la ilusión relajadamente, como si no importara lo acumulado y que pesa más que nada: el dolor, los muertos y los fracasos.
Por proyectos que jamás se realizarán porque he cruzado el punto sin retorno de la vida. Cuando ya no queda tiempo y es tarde para todo.
Te das cuenta de que sueñas y te sobresaltas de repente. Y te preguntas: ¿A qué viene esto? ¿Es hora de morir? ¿Estoy tonto?
Y acto seguido concluyo con pensamiento eficaz y sin amabilidades pueriles: ¿Para qué más tiempo? No necesito más. No lo quiero.
Me enciendo el enésimo cigarro y los pulmones, como que se duelen con un silencio enfisematoso. No les hago caso.
Para ellos tampoco hay retorno.
El cuerpo no acaba de aceptar la muerte, es muy ingenuo. Por ello hay que tratarlo con mano dura.
Por ello le permito sonreír en muy contadas ocasiones.
Empieza el fundido en negro.
Y está bien.
Dos veces bien. No problem.

No sé si aprende; pero tanta atención llega a ser inquietante.
No me gustaría que fuera más rápido que yo resolviendo pasatiempos. No quiero más humillaciones.

Me gustaría gozar del superpoder de vaciarme y seguir, a pesar de ser mierda, pareciendo elegante. Como un sobre de azúcar que mantiene su forma a pesar de estar desgarrado.
Vaciarme de emociones, ergo de dolor.
La vida no es un bien preciado si estás lleno.

En Telegramas de Iconoclasta.

Es una época tan intelectualmente decadente que, a cualquier cosa se le llama arte.
Y como toda decadencia, usa la palabra «arte» para justificar algo que no tiene ningún valor estético o plástico, escudándose en la mayoritaria falta de criterio de los usuarios de las redes sociales.
No se debe confundir una protesta social con arte. Una fotografía pixelada y sin interés alguno, la puede hace cualquiera en su teléfono. De hecho, las televisiones practican ese «arte» en multitud de reportajes cuando pixelan rostros de niños, policías o cualquier otra persona que sea «delicado» mostrar en público.
La protesta social me parece genial, sea o no cierta. Que cada cual se queje y cuestione lo que le pica; es la esencia de la libertad.

La tan cacareada obra de «presos políticos» que ha sido «censurada», es mera crítica y protesta social; sin ningún tipo de arte.
Hay que tener claro lo que es arte, lo que puede conmover la sensibilidad mediante la plástica para bien o para mal. Y en esa obra ha de haber una cualidad especial que la constituya en algo digno de exponerse.
Llamar arte a esta obra, es puro oportunismo y una falta de respeto para otros artistas que sí merecen exponer y son ninguneados durante toda su vida.