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En Telegramas de Iconoclasta.

Existe el viento, lo sé, lo he experimentado; pero dios no.
Nein, nada, cero, niente, nasti de plasti…
Porque si existiera, me habría ayudado cuando el cochino viento me estaba jodiendo: bien apoyando su sacro dedo índice en mis riñones para empujarme, bien cambiando la dirección del viento, que me soplara en el culo en lugar del pecho.
Una subida en bicicleta, con fuerte viento de cara, se convierte en dos subidas. Eso lo saben hasta los cerdos ignorantes que, escriben tuits de cuatro palabras para nada cada día.
Me ha costado veinte minutos más de mi vida llegar al final de la ruta.
He llegado con la boca llena de espumarajos, cual brioso corcel jodido por su jinete que va tan fresco y relajado en la silla. Hijo puta…
He blasfemado hasta quedarme afónico; pero dios no se ha manifestado.
El único que ha aparecido es el diablo, que me ha ofrecido dar un par de grados más de calor al viento helado a cambio de que le besara el culo.
Le he dicho que no soy maricón y he continuado mi puta marcha.
Que jodan a los divinos, a los malditos y al asqueroso y voluble planeta de mierda.

Que si llueve, que si el frío, que si el calor, que si nieva…
Me asomo a la ventana y, a menos que corran ríos de lava afuera, no me quedo en casa.
No pueden hacerme nada que no me hayan hecho ya.
Por otra parte, si dios existiera, tampoco le tendría miedo.
Los quejicosos mueren en su casa y sus gatos se alimentan de sus cadáveres.

A veces es perfecto el decorado. Tanto espacio libre de humanos…
Son breves momentos de soledad, ergo libertad.
O tal vez, espejismos nacidos de mamar tanta mediocridad, de un ansia atávica de verlo todo vacío.
¿Y si los he borrado a todos y no me acuerdo?
Da igual si estoy loco, lo que importa es que creo que ocurrió y yo formaba parte de toda esa inexistencia.

– Atención torre de control. El vuelo 56 procedente de Nada, en descenso.
– Vuelo 56, proceda al aterrizaje, Nicho 6 Sección 11.
– Apreciado pasajero: es obligatorio el uso de mortaja. La tripulación del vuelo 56, le desea una feliz muerte.
– Precioso -dice para sí el pasajero.
Abre la ventanilla escupe y lanza aburrido la colilla.
– Atención torre de control. Vuelo 56 desplegando tapa del ataúd para tomar muerte.
– Proceda vuelo 56.

En Telegramas de Iconoclasta.

Hay quien precisa en determinados momentos sentir el arte íntimamente.
No es mi caso, yo estoy en él. En algún lugar de este santuario estoy yo.
Formo parte de una magna obra.
Soy afortunado; si me lo merezco o no es algo que no considero, no importa.
Mi vanidad luce diosa.

Da igual que la gente vaya en coche, en tren en avión, andando, en bici o en patinete.
La chusma no sabe orientarse, ni conducirse regularmente.
Por ello mueren fácilmente, incluso caminando caen por barrancos.
No pueden ir en línea recta y tienen un miedo horrible a caminar separados los unos de los otros, por lo que se juntan como borregos ocupando toda la cañada. Chocando frontalmente contra otro rebaño que se aproxima de frente y cayendo y rompiéndose cuasi alegremente.
Si van en bici, es realmente cómico, no tienes más que sentarte y mirar comiendo comida basura, no te defraudará.
Hay idiotas que incluso se paralizan cuando alguien se aproxima veloz hacia ellos, como los conejos ante la luz. Como soy listo, rápido y certero los esquivo con facilidad mientras me enciendo un cigarrillo. Incluso puedo ver sus ojos vacíos de todo tipo de inteligencia o entendimiento.
Y si van en coche, son los envidiosos y los vanidosos, los más torpes conduciendo. No es extraño que haya muchos accidentes con coches caros y rápidos, margaritas a los cerdos.
De la misma que no saben caminar rectos o separados, conduciendo ocurre igual; solo que como sus cerebros son lentos, giran a destiempo en las curvas, no saben calcular distancias de adelantamiento, o van más rápidos de lo que sus reflejos pueden procesar.
Más que una queja o una crítica, escribo esta reflexión como esperanza: es la única forma actual y constante de hacer una selección natural y que mueran unos para dejar espacio para los tontos que van naciendo. Nada me hace pensar que las próximas generaciones sean más inteligentes, fuertes y guapos que yo.
Por lo demás, ya me he cansado de escribir lo obvio, tomad un periódico en la sección de sucesos y leed: una muerte vale más que mil palabras.
“Muriendo que es gerundio”, debería decir realmente la expresión popular.
Hay zonas en guerra en el planeta donde no hay pereza ni negligencia a la hora de morir. Véase el follón en Siria y todo Oriente Medio, o en África en general.
Allí ni tontos ni listos tienen mucho tiempo para morir caminando.
Si queda alguien en esas regiones después de un tiempo, serán esas razas fuertes y poderosas como los rottweilers, mastines, pastores alemanes, etc…

Como soy de naturaleza optimista, en unos primeros cigarros, pensaba que el bicho estaba muerto.

En el undécimo cigarro, resultó que estaba vivo y durmiente.

¿O tal vez resucitó?

«Una mujer con su hijo viaja en un autobús nocturno lleno de hombres en el paseo de la Zona Franca»

Ni en mis peores pesadillas: ¿Son hombres lobo o es que la madre lleva en brazos al anticristo?
Un autobús repleto de miradas feroces. El mal en estado puro.
Me cago de miedo con solo ver la foto.
¡Me podría pasar a mí!
Por dios y por la virgen…
¡Ah, el amarillismo, populismo, ignorancia y estupidez!
La prensa (el instrumento del dinero y la política) vela para que la hipocresía, el paternalismo barato y la ignorancia de los políticos, se extienda entre los cerebros de la chusma (ciudadanía en general) ávida de morbo, a falta (como es habitual) de cualquier interés o desarrollo intelectual.