Hay en la esencia del ser humano un aroma a mierda al que no me acostumbraré jamás.
Su absoluta cobardía, su repugnante cobardía, su injustificada vanidad, su mezquina dependencia de líderes políticos o religiosos…
Y además ciegos que, ante el espejo no se reconocen a si mismos como el montón de carne mezquina que son.
Toda esa miseria humana es gestionada y controlada por otro apestoso que sin más mérito que el azar se colocó como jefe de estado.
Insisto, la muerte de seres humanos tiene mucho menos de tragedia de lo que ellos mismos piensan.

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