(Una bala en la cabeza)
¿Qué pensar de esos tristes matrimonios o parejas que llevan las mascarillas bien colocadas en sus jetas dentro de su propio coche?
¿No se fían de ellos mismos?
¿Follan con mascarillas en caso de que follaran?
¿Sus hijos están tan domados como ellos?
¿La cobardía es hereditaria?
¿Influye el gobierno de su país en su vida íntima sea sexual o no?
Claro que sí, era una pregunta retórica.
¿No sienten vergüenza de ser unos cabestros?
Y lo peor, con tanta cobardía y sumisión a sus amos presidentes, vivirán muchos años y se reproducirán mientras tanto, eternizando su miseria humana en la genética de sus crías.
Donde el coronavirus no puede entrar, una bala sí. Es el triste consuelo que me queda.

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