No puedo administrar mi imaginación.
No puedo dominarla.
Contigo, cielo, fracaso estrepitosamente a cada momento.
Es imposible asistir a las cosas hermosas de la tierra y no evocarte.
Y cuando te sueño, la soledad que tanto deseo y protejo, se torna un monstruo que desgarra mi ánimo.
Tengo cicatrices profundas que me hacen deforme ante la humanidad.
Sería perfecto que no existieras, que no te hubiera conocido; para que mi soledad fuera inviolable e indestructible.
Tú no puedes imaginar cuanto te quiero. Ignoras que tu amor es un ariete que rompe todas las barreras que levanté para protegerme del mundo y su injerencia.
Desear compartir contigo cada momento de belleza que encuentro en mis solitarios paseos me deja indefenso, destruye mi soledad y la convierte en angustia y una espera quejumbrosa.
Y lo que es peor, cielo, espero que lo hagas a cada instante.

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