Si no puedes matar a Dios ¿qué esperanza te queda de vivir una vida plena?
Porque Dios lo estropea todo.
Dios no sabe hacer las cosas bien. Ni siquiera es un dios, es un impostor.
Dios es un chapucero.
Así que, si no puedo pegarle un navajazo en la garganta estoy perdido.
El viento puede arrastrar las cosas muertas sin son vegetales y ligeras; pero los cadáveres, su putrefacción y los excrementos de sus intestinos, se quedan en el lugar haciendo el aire irrespirable.
Enterrar a los muertos es un ritual higiénico.
Algo salió mal con la invención de Dios y su apestoso hálito de vida/obediencia/muerte/descomposición/hedor/paraíso.
Se debería poder asesinar a Dios; solo haría falta que para ello, existiera. Y luego no sería necesario rajarle el cuello, la simple certeza de que podrías matarlo, te relajaría con la tranquilidad de una fundada esperanza de que algo empiece a ir bien.

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