La mediocridad es un velo que maquilla de suavidad la antigüedad y la fuerza de tu pensamiento. No la uses por mucho que te pidan que te la apliques, es cáncer para el alma.
Lo malo de escribir con lápiz es que le ocurre como al pensamiento: a medida que pasan los años o las hojas se rozan, las ideas y las emociones se diluyen, se difuminan hasta ser irreconocibles o ilegibles.
Lo malo de un reloj de arena es su ambigüedad contando el tiempo y que se erosiona hasta hacer de los segundos mentiras.
Solo una buena y sólida tinta, sea en la piel o en el papel, durará durante largos periodos de tiempo con integridad suficiente para perpetuar las ideas o las emociones. Solo un preciso reloj de acero que te sobreviva dirá la verdad de los segundos dolorosos y los gozosos si los hubiera.
Morir con un mensaje claro e inequívoco es importante.
Cuando mueras desaparecerás; sé tajante, sólido e inquebrantable mientras estás vivo.
Luego da igual.
Tinta y acero, claridad y precisión; todo lo demás es una vida tan mediocre como difusa.

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