No ha quedado nada de lo que el hombre fue. Se convirtió en una bestia de granja, en una productora de la colmena.
Prostituyó su libertad por miedo, quiso una protección y pagó para ello a un timador que se convirtió en su rey.
Y aquella cobardía se hizo estigma para todas las nuevas generaciones.
No existe ningún pecado original, se trata una atávica cobardía ya inextirpable.
Y yo tengo que pagar, sin tener culpa alguna, de la cobardía de aquellos antiguos y lejanos hijos de puta.

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