Cuando escribo en mi libreta siento que se cierra la puerta del mundo y me quedo solo con mi pensamiento.
Soy mi propio refugio y mi severo juez.
Y soy mi propio olvido que tantas palabras causa. Lo que escribí ayer será sepultado por las palabras que ahora escribo. Y así hasta morir.
No es un futuro alentador; pero ¿cuál lo es?
Es un acto instintivo de la niñez temer al futuro. Una cosa es soñar con él; pero cuando iba al colegio y dejaba las ilusiones fuera, antes de entrar a clase, el futuro se oscurecía como el día de un eclipse.
Aún hoy sigue siendo oscuro; pero ya no es temor, es curiosidad lo que siento.

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