Archivos para diciembre, 2020

No sé que se habrá pensado el nuevo y normal fascismo español del coronavirus. ¿De verdad se cree (junto con su prensa) que hemos avanzado a una sociedad en las que los trabajadores serán libres de un horario y de la ininterrumpida presión del empresario en el puesto de trabajo?
Bueno, que se lo cuenten a los idiotas y se lo crean; es lo que está ocurriendo.
Pero, si eso pasa, los teletrabajadores no tienen razón de ser, por muy lumbreras de mierda que sean.
Así que esos grandes sueldos que dicen, pueden enrollarlos y hacerse un supositorio para medicarse contra el coronavirus, que además de ser un resfriado, por lo visto provoca imbecilidad súbita.

La mediocridad es un velo que maquilla de suavidad la antigüedad y la fuerza de tu pensamiento. No la uses por mucho que te pidan que te la apliques, es cáncer para el alma.
Lo malo de escribir con lápiz es que le ocurre como al pensamiento: a medida que pasan los años o las hojas se rozan, las ideas y las emociones se diluyen, se difuminan hasta ser irreconocibles o ilegibles.
Lo malo de un reloj de arena es su ambigüedad contando el tiempo y que se erosiona hasta hacer de los segundos mentiras.
Solo una buena y sólida tinta, sea en la piel o en el papel, durará durante largos periodos de tiempo con integridad suficiente para perpetuar las ideas o las emociones. Solo un preciso reloj de acero que te sobreviva dirá la verdad de los segundos dolorosos y los gozosos si los hubiera.
Morir con un mensaje claro e inequívoco es importante.
Cuando mueras desaparecerás; sé tajante, sólido e inquebrantable mientras estás vivo.
Luego da igual.
Tinta y acero, claridad y precisión; todo lo demás es una vida tan mediocre como difusa.

Más que dictar, no dejan de amenazar y continúa el sistemático robo de libertades, así como la prisión y ruina de la clase obrera.
Sus navidades estarán llenas de muchos y muy valiosos regalos que podrán lucir con la impunidad que todo dictador, sea comunista o sea franquista tiene.
La infección es el nuevo fascismo español, no hay más vector de mierda que ellos.

Todas las montañas exhalan vapor. Deben tener frío.
Me pregunto si es el vapor de la respiración de todos los seres que estamos en ellas, o es la tierra y sus cadáveres la que despide vapor.
Es un día tan húmedo y frío que es desapacible para el cuerpo.
Un día precioso para los sentidos y para el pensamiento. Eso sí, hay que darse prisa para admirarlo y meditar; y así evitar que las orejas se desprendan congeladas.
Nada es perfecto, es la historia de siempre.

Hay tantas películas basadas en “hechos reales” porque hay el mismo número de guionistas que realmente no tienen ya nada que contar, nada que imaginar. Sin habilidades concebidas, amén. Desde que pactó e institucionalizó la industria del cine el prefijo telefónico ficticio 555 (como una norma ISO), empezaron a escribir guiones basados en hechos reales para no hacer demasiado el ridículo.
Otra cosa a tener en cuenta es que, muchas pelis basadas en hechos reales (suelen ser telefilmes para las depresivas tardes de los domingos), realmente (es un hecho real) las hacen malos actores
Un actor pésimo, solo puede hacer películas pésimas. Y si las hace habitualmente es porque previamente apareció en alguna serie televisiva.
Y quien se ha dado a conocer en la televisión, seguirá trabajando en el cine con total impunidad independientemente de lo muy mal actor que sea y será siempre.
El precio de la fama lo paga el espectador y el petardo de actor se lleva el dinero. Nada nuevo bajo el sol, la vida laboral es igual.
Esta experiencia no está basada en un hecho real: es una realidad tan actual que, se hace más interesante la mosca que se golpea contra el vidrio de la ventana una y otra y otra y otra vez, que cualquier película de realidades.
Si yo fuera uno de esos directores que ha dirigido a un mal actor y realizado así una película de puta pena, me negaría a que mi filmografía apareciera en la Wikipedia; tengo demasiada decencia y pudor.
Con que me pagaran discretamente, no exigiría ni esperaría fama; ni siquiera bombones rellenos de una crema blanca que, se desliza eróticamente por la comisura de los labios cuando los muerdes con la apatía de quien ha hecho un mal trabajo y se la pela.