La única forma correcta de amar es la mía.
La humanidad ya ha tenido demasiadas oportunidades para hacerlo bien.
Adiós al “amor” hipócrita de aburrimiento y asco de verse en la misma casa con hastío, adiós a los borrachos que no saben meterla; pero pagan a las putas para que giman una hombría ebria, torpe y precoz; adiós a la dejadez y al sexo anodino, animal, reproductivo y sin cerebro.
Ahora amaré yo con toda la sangre necesaria, sin piedad. Y no podréis esconderos de la vergüenza de vuestra inutilidad, de la obscena leche que se desliza por el monte de Venus hacia los labios que, se contraen entre los muslos aún en espasmos buscando un aire que no necesitan.
Yo y mi Sagrado Cetro Lácteo somos Dios y Uno.

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