Me gusta decir que ojalá las palabras hirieran, que cortaran la piel además de provocar graves hemorragias en el alma.
Cosas de ser un romántico trágico y esta forma de vivir sin vivir en mí y bla, bla, bla…
Es simplemente exhibicionismo puro y duro, ganas de hacerse notar por parte de un mediocre.
Hay que ser duro con uno mismo para luego ser impío con la humanidad. Yo le importo una mierda a la humanidad, lo sé. Del mismo modo que la humanidad me importa igual que el precio de los tampones higiénicos menstruatorios, estamos empatados.
Degradarse es un entrenamiento como otro cualquiera, mejor que lo hagas tú que un sargento chusquero de mierda insultándote todo el día. Y ya sabes, si quieres un trabajo bien hecho, te la pelas.
La pluma además de herir, también serviría para suicidarme dado el caso de que la imbecilidad me acorralara irremediablemente.
Pero no la pluma de la foto, porque el plumín es de oro y se doblaría contra mi carne poderosa.
De hecho, ni siquiera lo intentaría, porque si quiero tirar el dinero, me voy al cine a ver una película de los héroes Marvel y de paso, me sirve como emético y purgante.
Si me suicidara, que no estoy convencido de que eso pase si las cosas no se tuercen demasiado con los dolores y esas cosas. Tengo instrumentos de corte mucho más eficaces.
Solo quería hacer vanidad del oro y exhibicionismo de mi piel ancestral y ya curtida.
Ya me estoy cansando de mí mismo, coño.
Ser absurdo también entretiene lo suyo.
Bye.

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