Dios está roto, el crucifijo asoma entre pieles de frutas en un contenedor de basura. Solo queda un trozo de brazo clavado en la cruz rota y sucia.
Y aún no ha acabado todo, le espera el infierno, la incineración.
No es trágico, no para mí. Incluso me parece una divertida ironía.
Tan solo me pregunto cuántas veces han de machacar a un mártir para que alguien le preste la suficiente atención como para rezarle.

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