Murf es mi Yoda. Incluso a veces, parece levitar y como un dios, mostrar con donosura y verbigracia su divina vanidad felina. Dice que si le pones un bozal te arranca los ojos. Y si le chutas una vacuna, te desgarrará la garganta cuando duermas.
Me parece bien. Los gatos son inmunes a la decadencia. Yo solo soy inmune a la subnormalidad global. Y aunque me falte la elegancia felina, ya puedo sentirme orgulloso de mí observando con recelo las cosas que pululan sobre dos patas en el planeta Coronavirus de mierda. Y que mal asteroide extinga la vida que contiene. Esta es mi voluntad.
Y la de Murf, por supuesto.

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