Le llaman río, pero es una maloliente cloaca rajada a cielo abierto.
La fotografía puede ser amable y dulcificar lo sórdido.
Y lo dulcifico porque de suciedad y sordidez estoy colmado. Alguien tiene que hacer algo por higiene, aunque no sirva de nada.
Huele a mierda, orina y cosas podridas. Es tóxico, es peligroso. Es infeccioso.
A veces, se forman presas y quedan fetos abortados atascados entre papel higiénico lleno de mierda y bolsas de plástico.
No se ven muchos condones, porque imagino que si no tienen agujero, los lavan y vuelven a usar.
Las ciudades deprimentes hacen de sus habitantes gente triste.
Pasear entre porquería y peste, aunque sea un instante, te lleva a despreciar el lugar que se habita y que regala como premio a tus días de trabajo un puñado de mierda. Los políticos ni siquiera tienen ingenio para decorar sus delitos de corrupción, dejación e insalubridad.
(Río Atoyac, a su paso por algún lugar de Puebla, México, octubre 2013).

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