¿Sabes, amor? El río está quieto, sereno.
Hacen un sonido delicioso y crujiente las ramas desnudas cuando una brisa traviesa las agita. Y el instante es para respirar profundamente y llenarme de vida; cerrar los ojos al mundo con esa fragancia llenando los pulmones.
Pero no puedo evitar imaginar que el río está lleno de cadáveres que se mecen lánguidos con ojos ciegos en su serenidad.
Ya sabes lo que me gustan las películas de terror y las de historia que, básicamente suelen ser lo mismo.
Escribo esto porque a pesar de mi imaginación devastadora, no puedo dejar de amarte.
Son como las confidencias de un loco.

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