Ante el gesto de asco y molestia, lo que menos importa son los trescientos mil y picos de contagios indios. Lo que importa, es que el cabrón del sanitario le quite ya el palo de la nariz a la pobre india.
Y si fuera de la casta de los parias (si les hicieran pruebas), seguro que le meterían un trozo de alambre oxidado con un trapo sucio de aceite de motor.

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