Cuando la decadencia de una decrépita y vieja sociedad consumista permite la intrusión y parasitación del esfuerzo de alguien por otra gente privilegiada por lástima política, populista y electoralista, o bien por una publicitada piedad por sus enfermedades o defectos; cuando se da privilegios de esta manera, se trata sencillamente de trampa, estafa, timo, usurpación, abuso, prevaricación, hipocresía, corrupción, insulto, indignidad…
Que se cambien de sexo es su problema; pero usurpar lugares y momentos que no les corresponden, es un delito ético de los gobiernos que una sociedad decadente ha elegido por su votación analfabeta.

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