Odio con toda mi alma (si la tuviera) el país que en nombre de su cobardía e ignorancia me ha robado la libertad por más de tres meses. Parafraseando el escudo franquista español: España, una, pequeña, cobarde, sucia y venenosa. Deseo su extinción por coronavirus o calcinación. Y si fuera Dios, en este mismo instante debería recurrir a mi diario para recordar en que fecha dejó de existir semejante cosa de país. Sé que desgraciadamente no se cumplirá mi deseo; pero no puedo evitar dar rienda suelta a mi imaginación pueril y bienintencionada. En mis sueños solo mandan mis cojones. Y mi odio es tan real que me salen sarpullidos en la piel. Me voy a untar la polla con crema, me pica el pijo.
El gobierno español está absolutamente desbocado, no cesa con sus mentiras para acabar con cualquier tipo de libertad, no pueden vivir sabiendo que hay libertades que destruir. Y es que el fascista español no fuma, solo esnifa cocaína y es alcohólico. Mentirosos de mierda…
Los actores comprados por el Régimen Español de los Caudillos Sánchez e Iglesias, para responder interpretando a médicos a los entrevistadores de los informativos amañados, dicen siempre la misma cantinela: “Lo único que da resultado para contener el coronavirus es el confinamiento”. Y a quien le duele el pecho, le dirán que no respire. Es de novela de Kafka… Todo médico que se precie, ha de conocer la situación social de su paciente para dar un tratamiento efectivo y acorde a su entorno. El Fascismo de la Nueva Normalidad Española, carece de médicos, lo que sale por la tele son eso: malos actores de malos spots publicitarios. Matar a alguien de hambre y ruina, ponerle una campanilla colgada del cuello como a los leprosos de antaño o encarcelarlo donde sea hasta que se extinga, es lo más grotesco, ridículo y cobarde que nadie con un intelecto siquiera operativo, podría aceptar. Los seres humanos no son cerdos (de cuatro patas) y precisan realizar su actividad diaria, lo que incluye conseguir comida; y en las ciudades solo se consigue trabajando para tener dinero. Los niños de cuatro años que no han sido educados en España saben estas cosas. Los médicos (la sanidad) debe atender y curar. Y la gente a realizar su vida diaria con las medidas profilácticas de entorno que disponga la autoridad y las personales que sean aconsejadas y no impuestas con policía ideológica como vienen haciendo los Caudillos Sánchez e Iglesias y sus caciques autonómicos. Es tan simple la respuesta a una enfermedad que parece increíble que la chusma trague toda la mierda sin rechistar. Cualquiera diría que en España se está rodando una película de ciencia ficción distópica de serie Z. Y otra cosa, que nadie se crea las mentiras del “gobierno español”, la caridad no va a alimentar ni pagar la casa y los gastos de nadie. Es algo que ha dejado claro la Unión Europea negando la presidencia del Eurogrupo a la ministra de economía del Caudillo Sánchez que, soñaba con la caridad del “rescate” (como Grecia) para solucionar el hundimiento económico que ha provocado con su negligencia cobarde y su fervoroso e inquebrantable fascismo. El Gobierno Español con su temible dictadura ha querido ser como China; pero le ha faltado dinero, poder e inteligencia. Así que, si el fascismo español vuelve a imponer otro estado de alarma encarcelando a la gente en sus casas por medio de su feroz policía ideológica; los españoles tendrán que alimentarse con sus propios excrementos. Hay que decirlo, porque hay lelos que creían que iban a vivir de la caridad del fondo europeo para la reconstrucción. Ni Holanda, ni ninguna nación va a dar caridad al gobierno fascista español que ha hundido con cobardía, negligencia y vanidad injustificada su propia economía. Y por otro lado, por ética a nadie le gusta tratar con repúblicas bananeras de reciente aparición, aunque sea al otro lado de los Pirineos. A mí tampoco me caen bien los vagos que lloran en lugar de mover el culo para ganarse la vida. Ni agua les daría.
El mejor y más efectivo tratamiento para combatir una epidemia es asfixiar hasta la pobreza y el hambre a la población. El temido Cártel de la Generalitat de Cataluña, con la bendición de sus amos, los Caudillos Sánchez e Iglesias, aplican el infalible sistema de los porqueros con la peste porcina: matar al cerdo. ¿Y para eso están tirando tanto dinero necesario a la basura pagando a asesores científicos de mierda? Porque matar y clausurar lo puede hacer cualquier bedel. Tres meses de prisión en Lérida y ahora otros tantos. Cuando estalle la violencia (no puedo creer que nadie se deje arruinar o morir de hambre pacíficamente), los analistas tarados y los propios ladrones del gobierno, se preguntarán cómo pudo ocurrir. La guerra civil ya está en estado embrionario. Fascistas de mierda…
Es que no es noticia. Cualquiera con un mínimo de cerebro ya conocía que la playa no se puede negociar. Es de todos sabido que a la chusma la encierras en casa diciéndole “quédate en casa y no vayas a trabajar”, que se lo tome como una festividad, sintiéndose feliz, a salvo y obediente. Pero si le prohíbes que vaya a la playa, te dirá que una mierda; por mucho coronavirus que flote en el aire, en el agua o en la cerveza que se están tragando. La playa no se perdona, aunque llueva mierda. Eso del “ejemplar comportamiento ciudadano”, los caudillos Sánchez e Iglesias y su corte de negligentes y cobardes, pueden metérselo por el culo y no sacarlo hasta reventar.
Super Patán Simón tiene dificultades para controlar a la chusma familiar y sus comilonas (qué mala es la envidia). Y también tiene un serio problema con su papel de héroe encumbrado por el régimen español dictatorial de Sánchez e Iglesias, ya que si la peña se cura, él se queda sin ese estupendo trabajo de no hacer nada y contar unas cuantas mentiras durante unos minutos al día. Seguro que está pensando, que además de los campos de concentración para contagiados por el coronavirus, también está haciendo tratos con los veterinarios para sacar un buen precio y una buena mordida por implantar el chip perruno a todo español para tenerlo debidamente controlado. Cobardía e incapacidad y falta de formación, es lo habitual en los que gobiernan y mandan en todos los gobiernos de todos los países, solo que como España es diferente, han querido superar el absurdo y la caricatura de los Simpson. Lo que necesita España, es que al ejecutivo en pleno se le practique una lobotomía coral. La imbecilidad y la cobardía no se les curará; pero los dejará vegetales para que no sigan jodiéndolo todo.
El vacío que dejan los humanos cuando no existen o están, es fascinante: sus posibilidades Se crean mundos extraños que barren toda la vulgaridad de tantos siglos y siglos de su presencia ensuciadora. Los mundos que sueño cuando ellos no están, son extraños, son angustiosos, son hermosos, o son decididamente temibles. Pero amo ese vacío y cada una de las luces y formas que puede crear. Tal vez una epidemia haya conseguido hacer realidad un mundo que siempre he soñado, donde la injerencia ajena en mi pensamiento sea igual a cero. No soy un ingenuo de mierda, durará poco, yo busco los lugares y los momentos de vacío humano, diríase que no tengo otra cosa que hacer. Es una forma de asear el planeta. Y ser hiriente se me da bien de una forma natural.
Ojalá nunca se ocupen los bancos vacíos de humanos. Siempre así… Ojalá las nubes me llevaran lejos, allá donde acarician obscenamente a las montañas. Aunque ya estoy en el bosque… En mi cabello aún hay briznas de hierba y en las pestañas alguna pelusa de polen que no me molesta demasiado. Soy un caprichoso. Ocurre siempre, los horizontes te atraen sin ser necesario, porque no hay nada mejor allá que aquí. De hecho, si estuviera allá, quisiera volver aquí por la misma compulsiva razón. Solo se trata de caminar, avanzar. Cuanto más avanzas, cuanto más cielo te cubre y más amenazador, más vida acumulas. Y más valor tienes entre las cosas que pueblan el planeta. Me acuerdo de un tiempo en el que no avanzaba y la muerte me mordía los tobillos, la hijaputa… Tengo cicatrices vergonzosas que ocultar. No sé si así se sentiría Moisés allá solo, esperando a recibir los mandamientos de dios; pero yo estoy tan bien, tan solo, tan desidioso y sin necesidad de nada; que si se me apareciera alguna divinidad, bien en forma de rayo, de anciano venerable o como puta de lujo de televisión o revista porno, diríale con displicencia: ¿No tienes nada mejor que hacer que venir a tocarme los cojones ahora? Guárdate tus mandatos, tu bondad y tus mamadas, coño. Vete de aquí con tu poder de mierda. Vete, vete, vete… Sinceramente, si alguien tuviera que entregar unas tablas con mandamientos, debería ser yo; porque ahora mismo soy el mismísimo dios. No se las daría a nadie, las dejaría caer sobre los vacíos bancos para prevenir futuras plagas u ocupaciones indeseables cuando el sol brille en todo su asqueroso esplendor. Ahora mismo, bajo el cielo salvaje que baña de gris los colores y mi piel, soy lo más parecido a alguien afortunado. Feliz no sería correcto, la felicidad está solo en las risas bobas de los idiotas.
Esto es otro ejemplo del periodismo español del coronavirus. Lo mucho que se ha tenido que prostituir la prensa al Régimen de los Caudillos Sánchez e Iglesias para redactar semejante noticia. Es como si el puto o puta periodista acudiera a unos aseos públicos para explicar y documentar como se limpian el culo los españoles cobardes con mascarilla. Es de risa, y si no hubiera tanta ignorancia y cobardía, a más de uno le dolerían los ojos de leer semejante mierda.
Nadie vive lo suficiente y para mayor inri, en demasiados casos se dice del muerto: “¡Qué pena! Si no era tan mayor…” Lo de “no era tan mayor” se comprende: quieren creer que vivirán el doble, morir tan joven (a los 80), es raro. Lo de no vivir lo suficiente solo se puede entender porque viven como pez en el agua en esta putrefacta sociedad. Yo no soy retórico, ni siquiera un poco cuidadoso o diplomático. Soy alérgico a censurarme a mí mismo sin vivir en mí. Yo digo que no mueren los suficientes. (N. del A.: podría haber ilustrado la reflexión con una foto de alguna tumba o nicho del cementerio, pero dado que no tenía ganas de pasear, me pareció más sórdido fotografiar los restos de un pájaro aplastado. Al fin y al cabo, el aplastamiento es una forma habitual de muerte humana, sea por automóvil, martillazo, puñetazo e incluso escupitajos si son muchos.)