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En Telegramas de Iconoclasta.

Sí, ya sé que mi gusto decorativo es muy discutible, incluso reprochable y delictivo.
Pero es que me lo paso bomba.
Precioso.

Los días de niebla, con una visibilidad de doscientos metros, son una gozada.
Ideales para, en lo profundo del bosque, acosar, violar, torturar, matar y descuartizar a cualquier ser vivo, sea primate o no. Macho o hembra, joven o adulto.
Lo recomiendo. Dios os creo a vosotros, monos y al resto de los animales, para que os despedace y os viole el alma y el cuerpo vivos o muertos.
Si nos encontramos entre la niebla, entenderéis sin duda alguna la naturaleza del mal.
Feliz día de muerte impune.
Siempre sangriento: 666.

En Telegramas de Iconoclasta.

En Telegramas de Iconoclasta.

En Telegramas de Iconoclasta.

En Telegramas de Iconoclasta.

 

Como decía en otra reflexión, cuando llegues a tu destino deja que tu montura descanse, apárcala en la sombra, límpiala de barro y revísale la presión de los neumáticos para no llevarte una desagradable sorpresa en el largo camino de vuelta.
Y por supuesto, lubrícala.
En fin, que cuando llegas a tu destino, te espera un trabajo de cojones.
Me saldría más a cuenta comprarme un burro.
Fui al estanquero a consultar qué coño llevan los cigarrillos que fumo habitualmente y dejó caer que, o necesitaba gafas o un psiquiatra.
Yo le respondí: “Hijo puta” y le compré otra marca de cigarrillos.
Tengo que buscar una bici un poco más ligera, aunque no sea tan eficaz para montaña. Es tengo que subirla cada día en el hombro hasta el primer piso, donde vivo y acabo fumando cuatro cigarrillos seguidos para calmar mis pulmones por el esfuerzo.

En Telegramas de Iconoclasta.

A veces me asusto porque parece que se le ha caído o perdido la cabeza. Es un histérico durmiendo.
Si mi naturaleza me dejara, dormiría tan resguardado del mundo como Murf (en la foto, es un gato).
Por poco que se me doble un poco el cuello durmiendo (además de babear), al despertar quedo tan doblado, con tanta torticolis, que parezco un amante de los cuadros de Nicoletta Tomás.
Incluso es capaz de respirar toda esa maraña de pelos. Gatos y su flexibilidad…
Cochina envidia.