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En Telegramas de Iconoclasta.

Y es que los muertos siempre están callados.
No tienen nada que decir.
No tienen cuerdas vocales, ni lengua, ni labios. Ni siquiera un pequeño cerebro. Y si tuvieran algo de ello, estaría podrido o descompuesto.
Alucinados y esquizofrénicos creen oírlos. E ignorantes y supersticiosos (o las dos cosas a la vez que es muy frecuente), también.
Quieren creer que los oyen y que pueden manifestarse los muertos por un miedo atroz a morir y ser nada.
Ya sabéis: cuando veas las barbas de tu vecino…
No os importa lo que haga el puto vecino, coño.
A la muerte (y a los muertos) cuanto más se celebra, más cobardía hay.
Y cuando más cerca ocurre, más pánico les entra a los familiares del cadáver.
Realmente no se celebra el día de muertos y su recuerdo. Se celebra para engañar el miedo a acabar como ellos.
El miedo a que la muerte es realmente el fin de todo. Sin otra vida, otra energía, otro lugar o dimensión.
Yo he conocido unos cuantos muertos, lo sé absolutamente todo de la muerte.
Y es tan poca cosa la muerte, que es un acto de pedantería provinciana jactarse de ese conocimiento. Como si alguien afirmara con gravedad que una ballena es grande.
No… La muerte no tiene secreto alguno, es lo más simple del mundo. Es el acabose simplemente.
De lo contrario no cabríamos todos en el planeta. Y morir no tendría gracia ni utilidad alguna.
Feliz día de vivos cobardes.
Resurrección… No mames, que diría un mexicano.

Cuando llegues a tu destino, busca un lugar bonito para que tu montura disfrute paciendo.
Deja que se relaje y dale agua de beber.
Porque no es solo tu culo el que sufre, el lomo del caballo agradece que de vez en cuando le des un respiro, notarás que no te insulta con tanta vehemencia. Al fin y al cabo, lo que suda tu culo, lo recoge su pellejo.

Dale algún puñado de forraje con tus propias manos mirándolo directamente a los ojos, que haya contacto visual de igual a igual.
Y déjalo en paz un rato mientras fumas.
Ahora estoy pensando que con este frío, debería llevar una manta para echársela por encima y no se le enfríe el sudor repentinamente.
También he visto unas riendas trenzadas en cordura y keblar, que son una maravilla.
Me acercaré a Bicicletas Casa Vilà a comprarlas. Y un nuevo cepillo para las crines.
Qué faena me da mi montura… Es un sinvivir.
Debería comprarme una bici.
Sí, es verdad, yo también pienso que los cigarrillos que me fumo podrían contener algo más que tabaco.
Listo, cuando haya comprado las cosas de mi montura, iré al estanquero para que me informe si son cigarros de la risa o qué.
Tengo miedo de despertar un día y no saber mear.

A: Tenía la ilusión de que al arrancarle la hoja al árbol, se quejaran por un dolor alguna de las partes ante la tragedia de la amputación.
B: Por un momento pensé que las gotas en la hoja pudieran ser sangre. Eran agua. Simple lluvia.
C: A pesar de lo incruento del color, es bello y su textura cálida. Como si aún le quedara sangre en movimiento.
D: Está visto que los mejores resultados para realizar la foto de una cruenta tragedia de otoño, se obtienen con la amputación traumática de extremidades de seres vivos cárnicos, preferiblemente sin demasiado pelo en las extremidades.
E: No hay magia alguna en el planeta. No hay bellas tragedias. Demasiada simplicidad para mi gusto.
F: Tengo unas ganas de largarme… Me aburro.

En Telegramas de Iconoclasta.

Las cosas se caen solas sin que nadie las empuje.
La fuerza de la gravedad es inagotable y la voluntad humana finita como el universo, que siempre son las mismas estrellas.
Astrónomos y su optimismo…
Qué chochos…

En Telegramas de Iconoclasta.