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En Telegramas de Iconoclasta.

La más patética prueba del sentimiento borreguil de la humanidad (dejando de lado las manifestaciones que se “disculpan” por algún sueño de mejora social o económica) son los maratones populares.
Todos los que se inscriben en ellos (salvo cinco o seis de los cien miles), lo que buscan es pasear sin prisas, acompañados y en continuo roce con un número en el pecho y otro en la espalda.
Por lo visto les da miedo pasear solos, ya que la libertad asusta a todos los animales condicionados a sus jaulas y granjas.
Es una neurosis como otra cualquiera, como las de guerra y las de creerse inteligente o buen ciudadano votante.
Lucir un número les llena de simpatía y ansía de camaradería hacia el prójimo, posiblemente los judíos se debían sentir igual con sus números cuando los amontonaban en un vagón de tren con destino a un horno crematorio. Mierda…
Los maratones populares son una ocasión ideal para que los amantes adúlteros puedan encontrarse “por casualidad” a pleno día y no en el sucio motel o en el coche donde joden sin elegancia alguna. Suelen ser colegas en el trabajo y así se lo presentan al cornudo del cónyuge (macho o hembra, qué más da) durante la maratón.
Al final, de todos los inscritos solo diez o tres llegan a la meta con dignidad y la camiseta mojada.
Si un león viera por televisión un maratón popular, se le haría la boca agua ante tal magna concentración de cebras y antílopes pastando a dos patas.

En la presentación de la horrorosa Megalodón, película de verano y público poco exigente, Jason Statham dice: “Es una fantasía sobre los peligros del mar”.
¡Olé! Tiene un pico de oro…
Qué orgulloso debe estar su padre.
Si la película hubiera ido de un mamut hubiera dicho: “Es una fantasía sobre elefantes peludos”.

Y ya solo queda mencionar a Televisión Española y el equipo móvil que ha llevado al puerto de Algeciras para cubrir la noticia de la llegada del barco Open Arms con tropocientos refugiados africanos en sus bodegas.
En algo tienen que tirar el dinero en verano y un puerto siempre es refrescante.
La tripulación despidiéndose con besos y abrazos…
¡Ay qué chocho!
No sé si alguien ha seguido la noticia, porque oigo ovejas balar por un aburrimiento desesperado.
Si el barco fuera cargado con conejitas de Playboy, Yo hubiera seguido la noticia sin fingido interés, sinceramente.
El verano es un mal tiempo para las noticias, el cine y la soledad.
Aunque en cuestión de periodismo y noticias, todo el año es patético y falso.

No puedo ir con sutilezas, si quiero ventilar mi pierna podrida debo protegerla del sol con algo más contundente que una crema. Si enfocara su piel con la luz del teléfono se arrugaría como corteza de cerdo en la sartén.
Podría ser más discreto; pero con determinadas temperaturas la discreción podría confundirse con adicción al dolor. Y soy un hedonista convencido.
Me basta con ser exótico.
Podría decir que tengo una pata musulmana por aquello del velo.
Bendito sarcasmo…
Hay momentos para ser absurdo y otros para fumar, ambos son complementarios.

Algunos dicen que el vinilo se oye mejor (lo dicen porque se los compran).
Y una mierda.
Otra cosa es que encuentres cosas muy viejas en vinilo que no se publicaron en CD, eso es lo correcto.
Durante toda mi infancia (en la infancia fui usuario del comediscos , el dinosaurio de los walkman) y hasta casi entrada la madurez, viví con los vinilos y sus horribles sonidos de fritura; cuando ya los había escuchado dos o tres veces, sentía la deprimente sensación de haber tirado el dinero por lo poco que duraban. Acababas escuchando el rasguño de la aguja más que la música en poquísimo tiempo. Y tenía tocadiscos de muy buenos, a pesar de lo muy joven que era, le exprimía dinero y cosas a mi padre como si fuera la mejor de las prostitutas del barrio chino.
Negativo: el vinilo no se oye mejor que el CD ni de coña. Es solo otra de esas modas impuestas que llevan a la necesidad de comprar cosas inservibles con argumentaciones y consuelos falaces. A veces cojo un CD con los dedos sucios de ceniza, patatas fritas y semen; y se reproduce a la perfección. Ese nivel de primitivismo y obscenidad en el trato musical era impensable con los LPs (33 R.P.M.) y Singles (45 R.P.M).
Y no seáis tacaños, gastaos la pasta en un buen reproductor de CD, coño.

Cuando has vivido no más de dos meses con una tarada o tarado que hasta entre las piernas, sea con el coño o con la polla, no deja de chatear con sus papás, hermanos, amigos y folladores. Y tras observar su rostro imbécil hacer muecas frente la pantallita, cuesta apenas dos minutos cogerle asco y darle una buena patada en la cara mientras duerme, y si hay suerte con la maniobra, meterle en el coño o en el culo su teléfono de mierda.
No hay nada peor que estar solo y que alguien te joda la soledad. Siempre hay buenas razones para la liberadora violencia y ahorra mucho tiempo.
No entiendo esa obsesión por penalizar una buena paliza.
No es cuestión de género, es cuestión de imbéciles. El que sea macho o hembra el que ha recibido la patada, solo responde al grado de idiotez de quien teclea.

Prólogo.
Epicuro dijo: Vive oculto.
Et Iconoclasta respondiole: No me dejan.

Los filósofos y los dioses todos son una inagotable fuente de afirmaciones imposibles, confusas e inescrutables. Afirmaciones que de ser algunas posibles, sería vivir asfixiado en un mundo nauseabundo en su perfección. En vez de follar libarían y en vez de morir les saldrían putas alas de mariposa del ano.
Yo pienso que si eso fuera posible, tanta perfección y tanta bondad, los humanos deberían vivir no más de cuatro días (como algunos insectos) para no amontonarse unos encima de otros, ya que jamás se asesinarían entre ellos. Con todo este rollo quiero decir: los humanos, cuanto más viven, peor para todos e incluso para ellos mismos, sean malos o buenos.
Y como todos lloran: hombres, mujeres, heteros, homos, trans, minorías, mayorías, ciudadanos de gran carga patriótica y ciudadanos apóstatas de patriotismos; yo me meto mi pierna podrida en los huevos y pedaleo sin que me importe quién pueda morir o reír. Fumo y cargo a la sociedad con un (otro) posible cáncer sin ningún problema. Yo he pagado y tengo que pagarles a todos por sus vicios y aficiones, así que me deben miles porque soy uno solo contra todos.
Desde la montaña, Iconoclasta filosofando.

El consejo.
El único consejo vacacional que puedo dar (y el único que existe): salid siempre a pasear y visitar las horteradas (lugares, cosas o personas adocenadas, tópicos o vulgaridades de cualquier país elegido al azar) cuando prensa y televisión anuncien una gran ola de calor y aconsejen no hacer mucha actividad a las horas de más sol para evitar los posibles golpes de calor tan famosos y tan temidos por los más pusilánimes, serviles y obedientes ciudadanos. En esos días encontraréis que hay un 65 % menos de borregos entre ociosos indígenas autóctonos de la región y guiris (turistas, en gitano, en el original).
Tranquilos, no os preocupéis, no pasa nada. Por mucho que se escondan, el que debe morir morirá por calor, por frío, o haciéndole una mamada a su jefa/e para que le autorice un día libre de asuntos personales al inicio o final de un periodo vacacional o puente festivo.
Alabados sean aquellos que mueren por un golpe de calor, porque de ellos será el reino de las noticias cansinas, las bendiciones y los pésames de feisbuc.

Hay dos géneros biológicos indiscutibles e inalterables: hembras y machos.
Ambos géneros, en el caso humano, pueden asumir los rollos sexuales que más calientes los ponga e interpretar las escenas que más les guste; ello incluye decir con absoluta naturalidad y vanidad que, su coño o cojones son erróneos para su preciosa mente sensible hasta la sobre-edulcoración.
El humano es una tara evolutiva, es lógico que estas cosas ocurran.
Lo peor de todo esto es el asunto lúdico: los irisados ritmos musicales con los que se enorgullecen. Tienen un pinche gusto musical del carajo para sus fiestas.
Es extraño tener que llevar orejeras en día de calor; pero siempre será menos cruento que no usarlas.

Los burros buscan la sombra como los humanos o primates; excepto cuando estos últimos se frotan entre sí y aparean en grandes concentraciones en las playas, talmente como focas; pero sin ningún tipo de elegancia, alegría e interés.
Los burros tienen un sentido de la elegancia que los primates jamás conseguirán alcanzar.