Archivos de la categoría ‘Humor’

Dieciséis enfermeras han sido cogidas al mismo tiempo y se han quedado preñadas formando así uno de los más grandes y chirriantes monumentos a la más absoluta mediocridad.
Y como todo esto es una mierda, habrá quien vea este insulto a la dignidad con los genitales húmedos de tierna simpatía y empatía mierdosa.
YO en el mismo instante que he visto la noticia he soltado un vómito verde de cinco metros de longitud a 12 BAR de presión. Mi gato se ha asustado y con un cigarro he empujado a mi interior otro chorro más por lo larga de la noticia de mierda.
¿De qué cojones se ríen las preñadas?

– ¿Dónde reside Dios?
– En mi rabo de venas palpitantes.
– ¿Hablas con Dios?
– Le lloro por el ciego ojo sin pestaña de mi glande. Lágrimas espesas y blancas que caen cálidas en mis pies de dedos contritos, crispados desde el vientre.
– ¿Te cuida Dios?
– Me ofrece su hija predilecta, con los muslos separados, con los pezones duros. Con la lengua que lasciva, busca mi polla.
– ¿Realmente quieres a Dios?
– Nadie quiere a un proxeneta, simplemente se le tolera como a los ministros, reyes, generales y comisarios. Eso te hace la vida más cómoda y fácil.
– ¿Amas a la hija de Dios?
– Lo suficiente. Son cincuenta euros por una clavada divina. Treinta si solo me la chupa.
– ¿Es necesario creer en Dios en estos tiempos?
– Es caro; pero al menos la higiene y la profilaxis sexual están razonablemente garantizadas. Follar no es un credo, es un acto que no requiere fe.
– ¿Crees en la resurrección?
– No. Normalmente la polla se pudre en pocas horas. ¿Ya soy teólogo?
– Sí.
– Bien. Pues amén.

 

 

ic666 firma
Iconoclasta
Foto de Iconoclasta

Matar es una actividad a la que es fácil y gratificante habituarse. No causa adicción, es meramente instintiva.
¿Verdad que respirar no es una adicción?
Pues eso pasa con matar.
Y cuando se hace un par de veces y nadie te molesta e incluso te pagan y premian por ello, se convierte en aquello que siempre buscaste cada mañana al despertar y que te causaba tristeza al no saber qué.
Precioso…
Y si no que le pregunten a soldados, policías, pilotos de cazas y bombarderos, sicarios, traficantes de droga e incluso políticos: algunos son más ricos que otros, se sienten plenos y felices gracias a la caza; a matar.
Y los que están en la trena, si no fuera por esa adversidad, también serían felices.
A veces siento deseos de ser optimista por alguna espora alucinógena que habré aspirado entre el polen de una forma totalmente aleatoria y afortunada.
Mierda… Esta incontinencia verbal me agota.
Me duelen los dedos de no matar, de tanto escribir, quería decir.
¿Erdogan es una cadena de gasolineras y suministro de gas?
¿Cuánto cuesta un martillo de Thor con un millón de horas de autonomía de vuelo? ¿Y una elfa como esclava sexual?


Cabronas… Están enfadadas y además, corren como si tuvieran que ganar algún premio.
O eso, o saben que soy cojo y me quieren joder por pura maldad.
Qué más quisiera yo que algo tan importante quisiera joderme.
Ya soy mayor para engañarme, cuanto más grandes son las cosas, más anodino me hago.
Lo que pasa, es que es muy difícil evadirse de cierta vena romántica que tira a la tragedia.
No me preocupa el agua, soy sumergible.
Los rayos son otra historia.
Aunque no debiera, seguramente, lo único que pasaría es que ante mis preciosos ojos verdes, aparecerían clavadas en un suelo carbonizado un par de tablas con unos mandamientos mal tallados en ellas.
Yo le diría a Dios: “No jodas, menudo susto me has dado”.
Y con ellas me sacaría una buena pasta en un anticuario.

En Telegramas de Iconoclasta.

Felaciones sensibleras aparte, que nadie se crea que la policía está formada por ángeles de la guarda.
Porque no se cortan un pelo para joderte el mes o la libertad por una multa o por una confusión.
No se cortan un pelo para errores y cosas malas.
La policía es a veces una necesidad, pero no tienen vocación de santos y mártires. Su función básicamente es la represión y la recaudación (y luego ya, en ratos de ocio, velar por la seguridad del contribuyente), sobre todo la de las reses de las grandes ciudades, que son las que precisan de más control.
Si alguna vez hacen algo bien, es para decirles: “¿Veis? Así siempre”.
Son funcionarios y cobran mucho, asaz por ello.
Si algo sé, es de pobreza.
Yo he cumplido muchas veces con mi trabajo y nadie me ha acariciado los genitales por ello. Nadie me la chupó gratis jamás por trabajar por una mierda de pasta.
Llamadme celoso si queréis.
Hay una histeria colectiva por homenajear a todo tipo de cosas y entes, hay un ganado servil que poco dista del antiguo vasallaje a los señores feudales. El tiempo pasa muy rápido; más de lo que el cerebro humano puede asimilar y adaptarse.
Así, es lógico que cuando muere un tirano o nace otro, la chusma llore por su muerte o brinde por su larga vida de mierda.
Bueno, pues a ver si se acuerdan de trabajar un poco más y bailar menos.
Es que eso de las mitificaciones y beatificaciones es algo que me provoca urticaria y prurito genital.

 

Es tiempo de vacaciones, ergo de chovinismos.
Lo malo de ser chovinista (no tiene nada de bueno; pero soy generoso y hoy no me apetece denigrar demasiado), es que son todos unos ingenuos.
Vamos a ver: chovinista es el fanático de su patria, aquel que camina sobre un manto de mierda y piensa que son pétalos de rosas por caminar sobre su “tierra”.
No jodas…
Por supuesto, y aquí reside esa espantosa y patética ingenuidad, se creen que todo el mundo ama y reverencia su país como el propio.
Es por culpa de exaltados patriotas por el que el precio de kilo de estúpido va tan barato. Hay tantos, tanta oferta, que incluso los venden para quemar en las chimeneas.
Hay que tener en cuenta que los países o cualquier región habitada del planeta, son como las madres: la de cada cual cocina mejor.
Y una mierda… He comido en restaurantes cuyas cocinas avergonzarían a muchísimas madres y entre ellas, la mía aunque esté muerta.
“Y como en casa en ningún lado”, eso lo dicen mucho los muertos de hambre con presupuesto muy ajustado en sus vacaciones.
Países, patrias, madres y paletos…
Y el calor que no cesa.

“Y Jesús le preguntó: ¿Cuál es tu nombre?
Él le dijo: Legión es mi nombre porque somos muchos”.
(San Marcos, 5:9)

Es pleno verano y como cada año: Mercado Medieval.
Los Mercados Medievales venden absolutamente lo mismo que se vende a lo largo del año en las distintas ferias, solo que se añaden un par de puestos de flechas y espadas de juguete y una decoración medieval en la que han tenido a bien, no dejar que corriera mierda y orina por las calles (eso es solo para las noches de viernes y sábado, en las zonas de bares todo el puto año).
Como soy dado a la introspección, independientemente de la cantidad de carne con la que hay que rozarse para caminar, mi cerebro poderoso no deja de procesar con absoluta obscenidad y libertad.
Y sueño que soy conde y que ellas me pertenecen, todas.
Cada día, con los dedos sucios de grasa de venado, ordeno a un par de soldados que pillen una doncella de buen ver, me la traigan al castillo y así follármela gratuitamente; y si no me lo hace bien, su padre deberá pagarme con las tres cuartas partes de la cosecha.
Ser conde y follarse toda hembra que esté casada, soltera o inconsciente.
¡Qué tiempos aquellos!
Sería el Conde Iconoclasta y el condado (Iconoclastaland) estaría lleno de pequeños iconoclastitos saltarines y maridos que me han mirado mal, cortados en piezas en los puestos de carne tapizados de moscas y orugas.
Y con una notoria erección, me enciendo el trigésimo tercer cigarrillo de la mañana y me detengo. Hay una gran muralla de gente interceptando el paso a otra muralla de gente que respira con la boca abierta y la mirada perdida.
No sé porque; pero el vulgo, chusma o vasallaje, se apiña histérico frente a las creperías. Se comen las creps como si fueran uvas durante las campanadas de año nuevo. Supongo que es más barata una tortilla grande rellena de algo que un buen corte de carne o un bocadillo de embutido. Una de las ochocientas creperías del mercado medieval, tiene trabajo para rato. Decido pasar con gran escrúpulo entre toda esa carne que espera su crep, aguantando todo lo que puedo la respiración. Tomo nota de la buenorra morena de tetas sueltas, libres y pesadas, con pantaloncito-braga que deja ver uno de los labios vaginales con gracia y sensulidad, para que mis soldados la traigan está noche a mis aposentos.
La voy a embarazar de trillizos.
Y si tiene novio, lo mandaré ir a recoger boñigas de vaca a los límites del condado, allí hay una epidemia de peste.
Para ser feliz basta con sentirse poderoso.
Bueno, ya he divagado bastante por hoy.
No vuelvo a salir a la calle hasta que hayan limpiado las calles de paja y leprosos.

La confusión piadosa y absolutamente hipócrita de compañía por amor, es la más extendida del planeta.
La peña busca compañía y así ser cuidada en la enfermedad y la vejez.
Lo primero que piensa la chusma cuando su cerebro ya se ha estabilizado (cuando el sexo ebrio ya no es una necesidad perentoria y semanal) es: ¿Y el día que me pase algo y no tenga a nadie?
Por efectos electoralistas y piadosos para no denigrar demasiado a la chusma y no haya merma en su auto estima (los votantes son más maleables si están cómodos), la cobardía pasó a ser cariño en estos casos de corrupción y prostitución del amor.
No hay culpa en ello, aunque existan velos y confesiones susurradas en templos para ocultar la vergüenza. La cobardía a la soledad es un tara característica de la raza humana, igual que el cáncer, la chepa, las malformaciones congénitas de orejas y nariz, las tetas pequeñas, el culo caído, los huevos que no bajan y los mini penes.