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En Telegramas de Iconoclasta.

Se puede afirmar taxativamente que las niñas y niños de hoy, son las plañideras de mañana.
Y como son asaz de ellas, faltará un elemento predador que evite que todas esas víctimas gregarias y baladoras, se coman las unas a las otras homosexual, tolerante, llorona y pacíficamente.
La violencia es una característica inseparable y necesaria para la supervivencia de la especie humana.
Las plañideras tienen los días contados.
¿O es que algún idiota ha podido tragarse el cuento jipi de “Haz el amor y no la guerra”? Porque iban de LSD y heroína hasta el culo cuando se revolcaban en mierda en los festivales musicales.

¿De verdad es posible hoy día un grado de servilismo tan intenso, visceral y ciego como el que gozaba la chusma por sus reyes y aristócratas de épocas más oscuras y oscurantistas?
Porque si a mí me meten en la trena por hacer lo mismo que el que se ha escapado dejándome solo en la estacada, no le voy a hacer el besamanos papal y el besaculos a quien está disfrutando de unas inmerecidas vacaciones, pongamos, en Bélgica, a costa de mi libertad.
No sufro yo de tanto amor, cariño, empatía y adoración como para venerar al que me la ha metido bien (y aunque no me la hubiera metido, soy alérgico a dioses e iluminados). Hay un concepto llamado traición que parece resbalar como mierda de gato en un suelo encerado entre los fanáticos. Idéntico, igual que ocurre con el fútbol.
Tal vez sea la prueba de que la época actual es mucho más oscurantista: han conseguido extender en muy pocos años la ignorancia y su ingenuidad, el analfabetismo y su cobardía (de ahí lo de anal-fabetismo), y nuevas pseudo filosofías de exaltación de la santidad, tolerancia de mierda y bondad humana a nivel planetario, con formas de yugo y dogmas; tan familiares para alguien que haya leído con escasa atención algo sobre la historia de esta puta humanidad piojosa.
Como los habilidosos sofistas (falaces) de la Grecia clásica, han conseguido hacer de la traición y la cobardía, milagro y virtud.
Me cago en dios… Tengo que dejar de escribir de esta mierda, no encuentro final satisfactorio.
La historia de la humanidad es como una piel humana plagada de costras, tan fáciles y rápidas de arrancar que produce cierto vergonzoso y adictivo placer.
Y así hasta morir para y por nada.

 

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Iconoclasta

La relación proporcional entre un político cualquiera elegido al azar y una lavadora es: a igual número de vueltas y tiempo, el político crea más mierda consumiendo más energía, dinero y paciencia. La lavadora, en cualquiera de sus programas hará limpieza con absoluta diligencia y en el tiempo establecido.

Un político cualquiera de cualquier ideología, religión o época histórica, vivo, muerto o con el cerebro podrido, apoltronado en una silla de ruedas, es la antítesis absoluta de una lavadora.
Exactamente lo contrario. Su nexo en común son las vueltas que dan ambas cosas en círculos cerrados. La diferencia es la absoluta inutilidad de las vueltas del político. Las que dio, las que da, las que dará y las que podría dar si no lo hubieran matado. Precioso…
Todo el mundo sabe (y si no que aprendan de una puta vez que ya son viejos todos) que el político, por definición, es un ambicioso al que le espanta trabajar y como no deja de hablar, la gente llega a acostumbrarse a ellos como al zumbido de las moscas y les aplaude, los vota o los odia para que callen y poder ir de nuevo a sus asuntos.
En una democracia vale lo mismo (pongamos mi voto por ejemplo) el voto de un hombre inteligente, guapo, ingenioso, valiente y trabajador; que el de un analfabeto, borracho, cargado de hijos e incapaz de respirar por la nariz.
Ahí reside el secreto de que los ambiciosos, corruptos, asesinos y sectarios ganen elecciones. Son muchos más los que NO son como yo.
Los políticos, sean de la ralea que sean, están muy lejos de la eficiencia de una lavadora por vieja que sea; que por muchas vueltas que dé, hará su trabajo sin engaño alguno.
La puta clase política parasita la existencia, la lógica y la ética hasta hacerlas mierda.
Da miles de vueltas a asuntos y cuestiones par no hacer nada. Y en el mejor de los casos, crean mierda de la nada.
Los políticos no tienen inteligencia, habilidad, ni carisma. Eso es algo que les otorga el imaginario enfermizo de la población.
El político es un muñeco que habla nada, lanza mensajes que no consiguen tener el mínimo reto intelectual. Volvemos a lo mismo: dada la calidad intelectual y ética de los votantes, es lógico que ganen los políticos más hijo putas (como si existiera alguno que no lo fuera).
Así es fácil comprender y se torna lógico con una decepcionante facilidad que, un trozo de excremento seco como es el cadáver del asesino, pervertido, analfabeto y retrasado mental de Franco; siga enterrado en ese colosal y paranoico monumento a la ignorancia y el crimen, después de tantos años de estar muerto el bicho.
Dicen, tras casi cincuenta años, que van a sacar sus despojos. Bien, a ver si es verdad de mierda por fin. Y rápido, gilipollas.
Alguien habla en medio de todo este rollo del Valle de los Caídos, de los campos de exterminio nazis como ejemplos de la maldad de otro trozo de mierda genocida: Hitler.
Pero es mentira, pura cháchara.
Si mantienen los campos de exterminio en buen estado, es porque los alemanes (ejemplos superlativos sus políticos de democracia moderna), es porque aún tienen esperanzas de volver a ponerlos en funcionamiento cualquier día de estos.
No nací ayer, coño…
Respecto al resto de políticos muertos, deberían también ser exhumados de sus tumbas y enterrarlos de nuevo en fosas comunes bajo los urinarios públicos, bares y centros de ocio y borrachera.
Porque lo hicieron mal, empobrecieron y mataron a mucha gente y usaron sus esfuerzos para escalar como puercos al poder e influencia.
Como colofón concluyo que el político hace su mejor trabajo cuando muere.
Mientras tanto, mi absoluto apoyo y simpatía a mi lavadora.
N. del A.: Mis calzoncillos sucios al pie de lavadora, son un recurso estilístico artístico para dar mayor dramatismo e interés a la fotografía y en consecuencia, al texto.
N. del A.: Donde digo político, digo política también. No voy a estropear el texto y quitarle interés y ritmo por la estupidez de la inclusión de los cojones y el coño.

 

 

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Iconoclasta
Foto de Iconoclasta.

En Telegramas de Iconoclasta.

Soy la consecuencia de una infancia traumática, perdido en la dimensión esquizofrénica de los Looney Tunes, Los Picapiedra y Pepe Pótamo.
Y ahora por fin disfruto de un electrodoméstico de los que tanto soñé: Gatosaurio Lava Rocavajillas.
Lo próximo: una troglodita de piedraroca hinchable y vagina rellena de helechos y musgo para practicar un sexo más vigoroso.
(en Amazonoceno 100 rocaeuros).

Yo no escribo un diario. Escribir un diario en público es un acto de vanidad y por el mismo concepto de vanidad, es injustificada la importancia que se da el que escribe y describe su vida.
Yo no caigo en esa trampa estúpida de mirarme al espejo y ver el reflejo de un ser guapo, inteligente y sobre todo, interesante.
Hace eones que aprendí que todos los humanos son (creen) especiales. Y cuando los especiales son numerosos, se convierten en plaga y apestosa vulgaridad.
Me gusta escribir cosas interesantes que tras un tiempo YO pueda decir: “Hostia puta, la virgen… ¿Yo he escrito eso? Soy el puto dios”; pero jamás contaría cosas de mi asquerosa y aburrida vida.
Escribo para mentir y llegar a ser el más perfecto, creíble y detestable mentiroso.
La admiración me la paso por la raja culo con un trozo de papel todos los días.
Me suda la polla el electorado, los me gusta y el número de visitas. Si estuviera solo (qué hermoso) en el planeta, escribiría en la misma cantidad y condiciones. Tal vez más debido a la paz.
Ahora tan solo me basta con ver mis mentiras fabulosas e ingeniosas flotando en ese mar de mierda donde todos depositamos nuestros excrementos que es internet. Bueno, hay que reconocer que las figuras públicas y los que más seguidores tienen, cagan a ritmo de diarrea y verdaderas montañas. Se las deberían comer ellos y sus hijos y sus descendientes en treinta generaciones.
Por todo lo demás, si la misantropía fuera cancerígena se me debería agradecer y premiar por las millones de muertes que provocaría con solo unas palabras.
Odiar es más intenso y satisfactorio que amar.
Hay un salvaje deseo de sangre y destrucción en cada una de mis mentiras.
Los hay beatos, filántropos, amadores profesionales y estoy yo un poco por encima de la cadena alimentaria para equilibrar tanta mojigatería.

Con dieciséis años, una mujer de cuarenta y pocos (madre de un amigo) me hizo una mamada en el baño de su propia casa, estaba caliente porque se había divorciado hacía meses y no follaba. No me lo pidió, entró en el baño y giró mi cintura hacia ella cuando iba a mear y se la metió en la boca.
He pensado en denunciarla, porque ahora puedes sacar una pasta por estas cosas; pero me da vergüenza decir que tenía dieciséis años y que me tomen por un retrasado mental que no sabía lo que era una mamada y el semen corriendo por las comisuras de los labios de aquella mamá salida como una perra en celo.
De todas formas, me informaré con un abogado especialista en cometer fraudes y perjurios en la línea de #metoo a ver qué pasa.
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Iconoclasta