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La relación proporcional entre un político cualquiera elegido al azar y una lavadora es: a igual número de vueltas y tiempo, el político crea más mierda consumiendo más energía, dinero y paciencia. La lavadora, en cualquiera de sus programas hará limpieza con absoluta diligencia y en el tiempo establecido.

Un político cualquiera de cualquier ideología, religión o época histórica, vivo, muerto o con el cerebro podrido, apoltronado en una silla de ruedas, es la antítesis absoluta de una lavadora.
Exactamente lo contrario. Su nexo en común son las vueltas que dan ambas cosas en círculos cerrados. La diferencia es la absoluta inutilidad de las vueltas del político. Las que dio, las que da, las que dará y las que podría dar si no lo hubieran matado. Precioso…
Todo el mundo sabe (y si no que aprendan de una puta vez que ya son viejos todos) que el político, por definición, es un ambicioso al que le espanta trabajar y como no deja de hablar, la gente llega a acostumbrarse a ellos como al zumbido de las moscas y les aplaude, los vota o los odia para que callen y poder ir de nuevo a sus asuntos.
En una democracia vale lo mismo (pongamos mi voto por ejemplo) el voto de un hombre inteligente, guapo, ingenioso, valiente y trabajador; que el de un analfabeto, borracho, cargado de hijos e incapaz de respirar por la nariz.
Ahí reside el secreto de que los ambiciosos, corruptos, asesinos y sectarios ganen elecciones. Son muchos más los que NO son como yo.
Los políticos, sean de la ralea que sean, están muy lejos de la eficiencia de una lavadora por vieja que sea; que por muchas vueltas que dé, hará su trabajo sin engaño alguno.
La puta clase política parasita la existencia, la lógica y la ética hasta hacerlas mierda.
Da miles de vueltas a asuntos y cuestiones par no hacer nada. Y en el mejor de los casos, crean mierda de la nada.
Los políticos no tienen inteligencia, habilidad, ni carisma. Eso es algo que les otorga el imaginario enfermizo de la población.
El político es un muñeco que habla nada, lanza mensajes que no consiguen tener el mínimo reto intelectual. Volvemos a lo mismo: dada la calidad intelectual y ética de los votantes, es lógico que ganen los políticos más hijo putas (como si existiera alguno que no lo fuera).
Así es fácil comprender y se torna lógico con una decepcionante facilidad que, un trozo de excremento seco como es el cadáver del asesino, pervertido, analfabeto y retrasado mental de Franco; siga enterrado en ese colosal y paranoico monumento a la ignorancia y el crimen, después de tantos años de estar muerto el bicho.
Dicen, tras casi cincuenta años, que van a sacar sus despojos. Bien, a ver si es verdad de mierda por fin. Y rápido, gilipollas.
Alguien habla en medio de todo este rollo del Valle de los Caídos, de los campos de exterminio nazis como ejemplos de la maldad de otro trozo de mierda genocida: Hitler.
Pero es mentira, pura cháchara.
Si mantienen los campos de exterminio en buen estado, es porque los alemanes (ejemplos superlativos sus políticos de democracia moderna), es porque aún tienen esperanzas de volver a ponerlos en funcionamiento cualquier día de estos.
No nací ayer, coño…
Respecto al resto de políticos muertos, deberían también ser exhumados de sus tumbas y enterrarlos de nuevo en fosas comunes bajo los urinarios públicos, bares y centros de ocio y borrachera.
Porque lo hicieron mal, empobrecieron y mataron a mucha gente y usaron sus esfuerzos para escalar como puercos al poder e influencia.
Como colofón concluyo que el político hace su mejor trabajo cuando muere.
Mientras tanto, mi absoluto apoyo y simpatía a mi lavadora.
N. del A.: Mis calzoncillos sucios al pie de lavadora, son un recurso estilístico artístico para dar mayor dramatismo e interés a la fotografía y en consecuencia, al texto.
N. del A.: Donde digo político, digo política también. No voy a estropear el texto y quitarle interés y ritmo por la estupidez de la inclusión de los cojones y el coño.

 

 

ic666 firma
Iconoclasta
Foto de Iconoclasta.

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Algunas reflexiones sobre los vertederos de cadáveres humanos, o eufemísticamente hablando: necrópolis, cementerios, camposantos, panteones, etecé, etecé, etecé…
Los vertederos de cadáveres humanos de las ciudades suelen estar situados en pequeños montículos de montañas y explanadas en las afueras, como parques temáticos de la muerte; pero aburridos salvo el día de difuntos que parecen auténticos circos.
En Europa su localización es tan incómoda por causa de la topografía del continente, mayormente montañosa. Hay zonas de América que disfrutan de grandes llanuras y así pueden ser desahogada y ergonómicamente generosos con la ubicación de los vertederos. Les sobra espacio y así pueden esparcir por doquier y de forma panorámica, todos los cadáveres que sea menester.
Los vertederos humanos se crean en las afueras, porque los terrenos llanos son más valiosos y dados a la especulación por ser más fáciles de urbanizar para los asentamientos de ganado humano vivo.
Los viejos vertederos que se encuentran en algunos barrios de las ciudades, en su tiempo se encontraban en el extrarradio o bien formaban parte de otro municipio que engulló la gran ciudad.
Y no hay que olvidar los grandes alardes de ingeniería y arquitectura para fabricar vertederos más vistosos o enigmáticos: pirámides y catacumbas romanas. Obras que marcaron el grado de decadencia de sus sociedades. Porque ¿para qué excavar túneles bajo la ciudad o crear grandes pirámides con el brutal coste de dinero, recursos y vidas? No se trataba de creencias: era puro aburrimiento.
El aburrimiento, el lánguido y bostezante “je ne sais pas” es el rasgo característico de la decadencia de una sociedad.
En unos tiempos y lugares tocaban la lira comiendo uva y practicando sexo sin ninguna elegancia y sin discernir qué agujeros usaban, en otros se entretenían en dibujarse como dioses y soñar con pepinos enlatados. Y ahora, a los decadentes les da por sentirse violados en sus derechos mientras tuitean ignorancias en sus teléfonos sin ningún control del lenguaje, por puro mimetismo con otras reses del rebaño.
La decadencia se convierte en idiocia. De hecho, si hay decadencia es porque la idiocia es el gen característico del ser humano (o de la “sera” humana). Y así es como a cualquier panoli le venden una moto que compra para no usarla nunca: se promociona con romanticismo comercial, hipócritamente ecológica y especulativa la cremación de los cadáveres. Cobran lo mismo y se quedan los especuladores con la parcelita y de premio les dan a los vivos un jarroncito con unas cenizas que dicen, son del muerto (ataúd incluído).
Si de verdad hay ecología de por medio, ¿por qué coño usan ataúdes para quemar al muerto? Hay rampas y tolvas que se pueden ocultar con discreción, por las que echar los cuerpos al horno sin necesidad de joder árboles ¿no?
Si le meten un transmisor en una oreja, un chip veterinario pongamos por caso, los deudos desde sus móviles (tras descargar la app correspondiente) pueden seguir el recorrido del cadáver. Hay cosas que se pueden mejorar aunque nos las quieran meter por orificios que solo son de salida.
Yo digo que quemen a su prima y a mí me lleven al vertedero. Porque si me he podrido en vida en esta mierda de sociedad, bien me puedo podrir muerto en un agujero o un nicho. No tengo problema alguno con ello.
Respecto a la cobardía generalizada sobre la muerte, la mojigatería de los idiotas y los prejuicios de los ciudadanos de smartphone y nula capacidad intelectual, me encanta la noticia de que en un pueblo español: Sabadell; se ha protestado por la instalación de un tanatorio, ya que se ubica en una ruta escolar y temen los tontos el impacto emocional en los niños.
O sea, hasta la simple visión de un edificio puede causar trauma a sus hijos. ¿De verdad se ha llegado a semejante extremo de puerilidad, miedo, ignorancia y basura mental?
Pues deberían tener encerrados a sus atrofiados hijos en una habitación a salvo de la vida. Pedazo de mierdas…

 

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Iconoclasta