Tarjetita de mi sabiduría. Como una galleta de la suerte, pero con inteligencia e ingenio.

Solo es un juguete, una miniatura barata. Ya soy viejo para baratijas y cosas falsas, pero tengo imán para ellas.
Aún así es bonita el arma, incluso tierna en su incapacidad para no servir para nada.
Las Tarjetitas de la sabiduría de Iconoclasta ya no son virtuales. Ya se pueden tocar, doblar, usar como papel higiénico de emergencia, etc…
No soy un rey, no soy un noble. Me cago en la aristocracia y en los caballeros medievales que no eran ni caballeros, ni héroes. Solo unos vulgares con suerte y dinero. Pero me gustaría más mi sello, si se lo hubiera robado de su dedo muerto a un capullo de aquellos tiempos.
No me la pienso comer por muy nutritiva y gustosa que resulte, como los gusanos y hormigas en algunas partes del mundo. Con una pechuga de pollo me quedo más a gusto que Dios si existiera.
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