Archivos de la categoría ‘Humor’

Día un millón doscientos de mi inacabable estancia en La Tierra.
Un idiota ha empleado más de cinco minutos gritando al teléfono: “¡Mari! ¿Me oyes? ¿Me oyes?”.
A escasos treinta metros de mí, en una senda recta y despoblada de medio kilómetro.
Cinco eternos minutos aguantando al andoba hasta que su pobre cerebro ha comprendido que no tenía cobertura.
Y venga joder la marrana con la Mari…
Nunca he tenido suerte, ni a estas alturas de mi vida la tendré.
Lo que si tengo es imán para los tontos que, se acercan a mí hasta en los lugares más inverosímiles.
Estoy abandonado entre idiotas.

Siempre jodiendo… Los epidemiólogos, los grandes farsantes y cómplices del fascismo del coronavirus en el mundo, ahora quieren joder la selección natural que se lleva a cabo con los imbéciles y sus selfis.
Ahora que empezaba la naturaleza a hacer su trabajo, pretenden que no ocurra y no mueran.
Y al igual que en Australia los conejos se hicieron plaga, ahora se harán plaga estos imbéciles de la noticia.
Dejad que la naturaleza siga su curso, hijo putas. Dedicaos a mamársela a los gobiernos del coronavirus y ganar vuestra pasta tan indecentemente.

Pues esos usuarios apenas deben tener un cerebro (si lo tuvieran) más desarrollado que el de una mosca, porque no puede entender como una app de fotos puede dañar la salud mental de un ser humano con un mínimo de cerebro operativo.

Tal vez fuera que Instagram proyectaba nano insultos voltaicos que atravesando la pantalla del pc o el móvil, se les clavaba en las pupilas y por ellas, se introducía en sus cerebros, si los tenían, destruyendo la única neurona útil. Y se quedaban con la boca babeando ante la pantalla como si hubieran llegado a algún clima sexual eterno y la entrepierna húmeda y resbaladiza de humores sexuales.

Y si así fuera, pues que quieres que te diga… Que feisbuc hizo un buen trabajo bombardeando con nano insultos voltaicos a tanto cabestro y cabestra estúpida y banal hasta la náusea.

Y porque les ha gustado pintar sus avisperos con rotuladores de fosforito que se han encontrado por ahí tirados.
Y tal vez, los biólogos tampoco deberían esnifar cosas tan raras y que dejen de jugar con los filtros y retoques de los programas de edición fotográfica.
Resulta que ahora las avispas son también auténticas Van Gogh.

Es un sábado soleado y la chusma camina en tropel con su bozal calzado firmemente en el hocico, con sus perfiles de perros sin boca y los ojillos fijos en quien no calza el bozal. Si la envidia fuera un rayo láser, unos pocos acabaríamos ardiendo.
Mamá cabestra, papá cabestro, hijito cabestro, hijita cabestra, abuelito cabestro, abuelita cabestra e incluso tías y tíos cabestros caminan con su bozal con la naturalidad de haber nacido con eso en la cara.
La ciudad es una gran feria de ganado donde las reses lucen sus crías y sus prendas de ropa; haciendo gala de su mezquino miedo y una obediencia descerebrada. Los pastores policías con sus armas colgadas del cinto controlan con rigor que ninguna res se junte con otra más de lo decretado por sus amos penitenciario-fascistas del coronavirus.
Yo digo que debería acelerarse el cambio climático a nivel de catástrofe. La práctica totalidad de la humanidad no merece un presente ni un futuro mejores. Que se caliente el planeta hasta que toda esta cobardía y mezquindad (el gesto ajeno de taparse la boca apresuradamente me causa náuseas) sea incinerada de una vez por todas hasta la extinción.
La especie humana es una plaga. Una plaga enferma que podría contagiar con sus miserias al resto de especies.

En Cinesuerte, de Iconcoclasta.

No es por el valor o no de meter la mano en la boca de un león muerto o drogado.
Es que la sonrisa del andoba es genuinamente la de un deficiente mental que se lo pasa bomba.
Es genial.

Hay personas que dan comida a palomas y patos salvajes (si se puede llamar comida a unas mierdosas migas duras de pan enmohecidas) de forma habitual, ritual. Como si tuvieran pendiente alguna expiación.
Como un deber moral.
O sufren complejo de santos.
Los patos no necesitan las migajas miserables de nadie, ellos solitos se bastan para vivir.
Que no se crean los lerdos que los patos son tan indignos como sus vidas formadas por migajas de miseria y dejadez.
Me causa una profunda antipatía esa ancianidad beatorra alimentando animales salvajes, con total seguridad, pensando que gracias a ellos pueden sobrevivir. Lo que me hace pensar que han sido alimentados igual; tal vez hayan pasado gran parte de su vida pidiendo con lloriqueos, apelando a la caridad de otros descerebrados.
Lo que sí tengo claro, es que si a un carcamal de éstos le das pan duro, no le gustará.

Como ocurre con las gallinas, los criadores de cerdos neofascistas dictan cuando es la hora de que salga el sol o anochezca.
No es ahorro, es tan simple como enseñar a la chusma cobarde, cabestra y mansa, quién manda; incluso sobre el día y la noche. Así que han decidido, que esta noche, atrasarán las horas en casi todas las pocilgas del planeta.
No hay ninguna sutileza en ello, porque lo del ahorro energético, es algo que les hace escupir el café con una risa.

No sé si los tontitos de la foto son reales o los han plantado tan lelos ahí, en el paredón para fotografiarlos como a monos.
Pero desde luego, no inspiran ni elegancia, ni mucha inteligencia.
Eso sí, parecen tan iguales que se merecen la medalla de oro a la mediocridad.
El titular debe haber sido escrito por ellos, porque tiene tan poca importancia como sentido. Es absolutamente incomprensible, salvo para los que conocemos la verdad de la prensa fascista: solo hay que rellenar espacios en blanco para que los idiotas los ocupen con sus volubles pensamientos que sufren a veces como ataques de neurosis.